Por qué Europa recupera la ‘mili’ y en España ni se plantea: memoria, miedos y dos modelos de defensa
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Francia ha anunciado esta semana su plan para incentivar el servicio militar voluntario y «reforzar el pacto entre la nación y el Ejército». Macron sigue la línea de países como Alemania, Bélgica o Noruega.
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«No se puede responder a un escenario del siglo XXI con herramientas del siglo XX», defiende el historiador Luis Velasco.
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«Los gobiernos nos están hablando de un supuesto peligro de guerra cuando son ellos mismos los que han ido creando ese peligro», recalcan desde el Centre Delàs d’Estudis per la Pau.
Pippa Bacca se enfundó en un vestido blanco y alzó el pulgar. La historia cumple ahora dieciocho años. La artista italiana tenía un objetivo: reivindicar la paz y cruzar –haciendo autostop– una decena de países en los que seguían presentes los estragos de la guerra. Bacca y su traje de novia partieron de Milán. Y recorrieron las autopistas de Eslovenia, Croacia, Bosnia, Serbia y Bulgaria. La idea era llegar a Jerusalén. Bacca nunca lo consiguió: un hombre la violó y mató a su paso por Turquía. El legado sigue ahí: una «peregrinación ancestral» contra los conflictos, un grito desenfrenado por la paz. Europa recorre ahora la misma ruta, las mismas autopistas, pero en sentido contrario. El furgón va lleno de armamento, munición y camisas color caqui.
El escenario es el mismo en casi todas las capitales, muchas, eso sí, llevan tiempo instaladas en esta narrativa belicista. Dinamarca, por ejemplo, siempre ha tenido servicio militar obligatorio. Noruega lleva utilizando un sistema selectivo desde 2013. Y Suecia lo impulsó en 2017. Los ciudadanos deben cubrir un formulario sobre sus capacidades físicas y psíquicas y su interés por la mili antes de cumplir los dieciocho. El Gobierno recluta a cerca de diez mil aspirantes. Y si no se cubren todas las plazas, la llamada se vuelve imperativa.
Países Bajos empezó a remunerar la instrucción militar el año pasado. Y los países bálticos debaten ahora sobre la posibilidad de ampliar el reclutamiento a las mujeres. La propuesta no causa demasiadas sorpresas. «Los medios llevan un año y medio tanteando a la opinión pública para ver cómo valora la posibilidad de incrementar el número de soldados en las tropas europeas. El punto de inflexión seguramente sea la vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca«, señala Ruth Ferrero-Turrión, profesora de Ciencia Política y Estudios Europeos en la Universidad Complutense de Madrid.
La recuperación de la mili ha encontrado parangón en otros países de la Unión Europea. Bélgica envió hace dos semanas una carta a los jóvenes que el próximo curso cumplen la mayoría de edad. La propuesta: integrarse en un servicio militar voluntario. El programa busca reclutar a medio millar de varones en su primer año para cubrir las vacantes de reservista que tienen las fuerzas armadas. Alemania también acordó reformar su modelo actual y apostar por uno más parecido al sueco. ¿El objetivo? Merz quiere duplicar en cuatro años el número de reservistas en activo del que dispone actualmente. Y no descarta hacer el servicio militar obligatorio si la fórmula actual no cubre las necesidades detectadas.
Macron ha sido el último en sumarse a la lista. El dirigente francés presentó este jueves un plan para incentivar el servicio militar voluntario y «reforzar el pacto entre la nación y el Ejército». La nueva mili empezará a funcionar el próximo año y estará remunerada con casi mil euros al mes. «Esta práctica se inspira en las de nuestros socios europeos, particularmente Noruega. Francia no puede quedarse inmóvil (…) ante una amenaza que nos afecta a todos», reivindicó el presidente durante su discurso. ¿De qué «amenaza» habla Macron? ¿Cómo podemos leer la vuelta del servicio militar –voluntario u obligatorio– en buena parte de Europa? ¿Y qué papel juega España?
La «amenaza rusa» y la vuelta de Trump
«Los gobiernos nos están hablando de un supuesto peligro de guerra cuando son ellos mismos los que han ido creando ese peligro. La industria militar es aquí la gran beneficiada. El lobbie ha estado presionando para conseguir un rearme y la vuelta del servicio militar no es más que otro eslabón en ese camino», arranca Tomás Gisbert, investigador del Centre Delàs d’Estudis per la Pau. Los líderes europeos suelen utilizar el argumento de la amenaza rusa. Macron, Merz, Francke y Tuinman. La coartada viene de lejos. Bruselas publicó en marzo un vídeo en el que la comisaria de preparación y gestión de crisis, Hadja Lahbib, preparaba con los espectadores un kit de emergencia, válido, eso sí, para guerras, catástrofes y desastres naturales.
La estrategia tiene dos patas: la modernización de las fuerzas armadas y la ampliación de efectivos. El primero de los puntos tiene más que ver con el aumento de las inversiones en Defensa. El segundo, con la recuperación de la mili. «El problema es que los países europeos no tienen una estrategia real en cuestiones militares. Los puestos no son atractivos, las condiciones son regulares y los salarios, especialmente bajos», señala Pablo del Amo, analista en Descifrando la Guerra y autor del libro La Defensa española: ¿entre la complacencia y la debilidad? (Catarata). El también analista advierte además de lo que esconden los últimos movimientos de Francia y Alemania: «Macron tiene una situación política complicada, busca utilizar la bandera del militarismo para dejar una suerte de huella que trascienda a la crisis política que debe afrontar. Y Merz está tratando de aprovechar la cuestión militar para darle un impulso económico al país, pero el planteamiento es erróneo. La industria armamentística nunca va a darle prosperidad económica».
Estados Unidos también juega un papel crucial en esta ecuación. Washington ha amenazado con retirar –total o parcialmente– sus tropas de Europa. La falta de un ejército «preparado» al margen de los refuerzos americanos también sirve para justificar, para los expertos, una militarización que en otras circunstancias sería «injustificable». Ruth Ferrero-Turrión recuerda que la postura estadounidense lleva siendo la misma desde mediados de la década pasada. «Obama lo planteó de una manera mucho más elegante, pero fue él quien determinó que los objetivos americanos no iban a estar en Europa, sino en Asia Pacífico. Trump reforzó esta posición y pidió aumentar los compromisos para que los europeos fueran responsables de su propia seguridad«, desliza la profesora. A lo que Luis Velasco, doctor en Historia Contemporánea y profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Vigo, añade: «Europa tiene que contar con elementos disuasorios en su estrategia de política exterior, pero no creo que la solución pase por volver al servicio militar. No se puede responder a un escenario del siglo XXI con herramientas del siglo XX. Los drones no se enfrentan con ametralladoras Maxim».
La ‘mili’ española, mal recuerdo
Las voces consultadas por este diario prefieren no especular sobre la hipotética vuelta de la mili a España, siguiendo la línea de otros países europeos. Lo que sí tienen claro es que el contexto no es el mismo aquí que en Francia, Alemania o Bélgica. «España tiene un recuerdo del servicio militar que difiere del de muchos aliados europeos. La mili en nuestro país nunca ha estado bien vista, siempre ha existido un fuerte movimiento contrario, unas tasas de objeción enormes, autolesiones e incluso suicidios. La sociedad española no entendería una vuelta ahora mismo al servicio militar, ni siquiera la totalidad de los votantes conservadores», insiste Luis Velasco.
El Gobierno de Pedro Sánchez ha intentado marcar distancias –físicas e ideológicas– con la narrativa militarista que recorre Europa. Lo hizo cuando rechazó llegar al 5% del gasto militar exigido por la OTAN. Y lo volvió a hacer recientemente con el debate de la mili. Las fuentes consultadas por Público, no obstante, saben que el país puede volver a la casilla de salida con un futuro cambio de Ejecutivo. «Vox tiene una visión de la política interna más próxima a entender el servicio militar como una forma de encuadrar a los jóvenes, una herramienta para disciplinar a las nuevas generaciones», detalla el historiador Luis Velasco.
Feijóo y Abascal, de hecho, llevaban en sus programas electorales referencias al desarrollo de una «reserva militar voluntaria«. Pero tampoco han hecho bandera de este asunto en el debate político. La extrema derecha iba un paso más allá y pedía aumentar la presencia de efectivos en Ceuta, Melilla, Canarias y Catalunya. Ruth Ferrero-Turrión recupera en este punto la tesis del adoctrinamiento, compartida por el resto de las voces consultadas por Público: «Los dirigentes utilizan el miedo y la retórica militarista para generar la percepción de una amenaza y disciplinar a la sociedad. El rechazo social puede venir liderado por los jóvenes. Y de ahí la necesidad de introducir el miedo y al mismo tiempo poner en marcha este operativo [de servicios militares] que tiene que ver con la ampliación de los ejércitos».
Víctor López
FOTO: Thomas Padilla / POOL / AFP
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