Cuando el miedo marca la sexualidad de la juventud
La educación sexoafectiva basada en valores tiene que sustituir al discurso centrado en los riesgos y las conductas reprobables y recuperar ese vacío educativo que ahora está ocupando el porno
Las encuestas recientes confirman una realidad alarmante: la mayoría de adolescentes y jóvenes sienten miedo en torno a la sexualidad. Un 83 % de chicas y un 82 % de chicos temen que se haga un uso indebido de su imagen para crear contenido sexual falso (Informe Así somos. El estado de la adolescencia en España). Un 32 % de las chicas y un 19 % de los chicos reconoce haber mantenido relaciones no deseadas por presión o inseguridad (Barómetro Juventud, Salud y Bienestar 2023). Además, un 22 % de las jóvenes entre 17 y 21 años afirma haber sufrido violencia sexual (Informe Juventud en España 2024). Los chicos tampoco se sienten tranquilos: un 72 % dice temer ser acusado injustamente o no saber cómo comportarse adecuadamente (Informe Así somos. El estado de la adolescencia en España).
+No hablamos de casos aislados. Esta realidad se repite en las aulas, en las redes y en la vida cotidiana. Este artículo no quiere contribuir a la frustración de constatar una vez más estas realidades, ni a la impotencia frente a las medidas adoptadas. Queremos reflexionar constructivamente sobre la necesidad de un cambio de rumbo que interpele al conjunto de la sociedad.
Desde el programa de prevención de violencia Por los Buenos Tratos (PLBT), comprobamos a diario la necesidad urgente de una educación sexual integral que llegue a todas las etapas educativas y no dependa de escasas iniciativas dispersas o voluntaristas.
El sexismo nos perjudica a todes, ocasionándonos malestar y alimentando el desprecio de quien no se ajusta al modelo
El vacío educativo ha dejado un hueco que la pornografía ocupa desde edades tan tempranas como los 12 o 13 años, tal como advierte el estudio de Save the Children (Des)información sexual (2022). Se ha demostrado que prohibir o demonizar la pornografía no está evitando el problemático acceso de menores. Si queremos que esta deje de configurar sus maneras de entender el deseo, el cuerpo y las relaciones, urge promover una educación sexual real. La Ley Orgánica 2/2010 de Salud Sexual y Reproductiva ya reconocía este derecho, y organismos internacionales como la UNESCO han mostrado la eficacia de la educación sexual integral en la prevención de embarazos no planificados y violencias de género. Pero en España su aplicación sigue siendo una asignatura pendiente.
Pero no sólo necesitamos hacer efectiva la educación sexual, necesitamos también cambiar el enfoque del miedo. Muchos mensajes de prevención se centran en los riesgos: infecciones, embarazos no planificados, agresiones. Conocerlos es necesario, pero basar toda la educación sexual en el miedo opaca el placer y mina la autonomía personal. Una educación sexual integral debe erosionar la socialización heteronormativa y sexista en la que habitamos. Esa que enseña a los chicos a mostrarse como seres deseantes, cuya virilidad se mide por la potencia sexual; y a las chicas, a priorizar los deseos ajenos y contener los propios para no ser juzgadas. El sexismo nos perjudica a todes, ocasionándonos malestar y alimentando el desprecio de quien no se ajusta al modelo como las personas trans, no binarias o con orientaciones sexuales diversas.
Afrontar los riesgos concretos desde el conocimiento, la formación y la responsabilidad –incluida la protección en el ámbito digital– es mucho más eficaz que alimentar la culpa y un miedo difuso o exagerado que solo paralizan la experimentación y limitan la libertad sexual.
Tampoco la amenaza del castigo ha demostrado ser un camino válido para cambiar comportamientos inaceptables: solo la educación basada en valores puede transformar esta realidad y las formas de relacionarnos. Con demasiada frecuencia, la prevención y los protocolos se centran solo en los riesgos o en la descripción de conductas sancionables, pero rara vez se plantea con claridad qué tipo de relaciones queremos construir y por qué.
Desde el programa PLBT proponemos un cambio de mirada: Frente al miedo, valores. Basar las relaciones que establecemos en la igualdad, en la libertad propia y ajena para expresar lo que queremos y lo que no queremos; en el cuidado mutuo, el respeto, la responsabilidad de nuestros actos, la lealtad a los acuerdos y el reconocimiento de la diversidad de identidades, expresiones de género y orientaciones sexuales.
En nuestra labor educativa procuramos mostrar lo mucho que ganamos todas las personas y la sociedad en su conjunto cuando nuestras relaciones se construyen sobre esos valores. La sexualidad entendida así, deja de ser una amenaza o un riesgo para convertirse en un viaje compartido de placer, aprendizaje y libertad, decidido por las personas implicadas y no por mandatos externos.
Estos mismos valores deberían guiar no solo las relaciones individuales, sino también las políticas públicas y la acción social, para que no sean el miedo, los riesgos ni la desinformación los que roben a la adolescencia y a la juventud su derecho al bienestar y al disfrute de la sexualidad. Solo así avanzaremos hacia una convivencia más justa, libre y respetuosa; evitando como viene reiterando Nuria Alabao que las inseguridades actuales se traduzcan en respuestas autoritarias o heterosexistas.
—————-
Antonia Caro y Belén González son coordinadoras del Programa por los Buenos Tratos de la ONG Acción en red Andalucía.