La guerra fría de los chips
La guerra fría de los chips: Trump y Xi Jinping pelean por dominar la Inteligencia Artificial
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China busca la autosuficiencia tecnológica en la industria de los chips y los semiconductores, pero Estados Unidos, que aún tiene cierta ventaja sobre su viejo rival, intenta impedirlo.
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Los dos países se debaten entre la cooperación y la rivalidad en una industria muy especializada, geográficamente dispersa y muy interconectada a nivel global.
La histórica rivalidad entre Estados Unidos y China se ha agudizado tras el regreso al poder de Donald Trump. Los dos países han librado este año 2025 una intensa batalla comercial, pero arrastran ya desde hace tiempo un viejo antagonismo en el terreno ideológico, diplomático y militar. En los últimos años esa suerte de guerra fría se ha trasladado también al corazón de la economía del siglo XXI: la tecnología.
En una pelea más silenciosa, pero no menos importante, Estados Unidos y China batallan por tener un acceso privilegiado a los chips y los semiconductores, a lo que el experto Ignacio Mártil, físico y catedrático de Electrónica de la Universidad Complutense de Madrid, denomina «el petróleo del siglo XXI». Pero, sobre todo, los dos pugnan por la supremacía en el uso de la Inteligencia Artificial (IA), especialmente de los procesadores gráficos (GPU) y los aceleradores (chips) especializados, esos que tienen muchas aplicaciones en diversos campos y sectores, desde los teléfonos móviles, la computación más avanzada o la tecnología militar más puntera.
Hace tiempo que China busca la autosuficiencia tecnológica en el campo de la IA. Estados Unidos intenta impedirlo. Una escenificación de esa pugna es la noticia que adelantó Reuters el pasado miércoles. La agencia de noticias desveló que China avanza en un proyecto secreto para fabricar chips de IA y no tener que depender de Occidente. Según esta información, Pekín está construyendo «un prototipo de máquina para fabricar semiconductores de vanguardia que usan la IA, los teléfonos inteligentes y las armas fundamentales para el dominio militar».
¿Tan tensa es la relación que China tiene que desarrollar sus proyectos de IA en secreto? En realidad, no. China y Estados Unidos se debaten entre la cooperación y la rivalidad. Ello se debe a las características de la industria de los chips y los semiconductores. «Es una industria que se basa en la especialización. Su cadena de valor es altamente especializada, globalmente dispersa y muy interconectada», ilustra Mártil, autor del libro ¿Qué hacen por nosotros los semiconductores? (Guillermo Escolar Editor). En este equilibrio de fuerzas, China contrarresta la ventaja de Estados Unidos con su posición dominante en las tierras raras, unos elementos minerales estratégicos en el desarrollo de la tecnología y que juegan un papel crucial en el ajedrez geopolítico, aunque Mártil apunta que la industria de los chips «no es muy demandante de tierras raras».
La histórica rivalidad entre Estados Unidos y China se ha agudizado tras el regreso al poder de Donald Trump
Mártil explica cómo funciona esta industria de los chips y cómo ha evolucionado: «Empieza a partir de la invención del circuito integrado, a finales de los años 50 del siglo pasado. En ese momento surgieron industrias integradas donde todo el proceso, desde la concepción, el diseño, la fabricación, la prueba, el encapsulado, el testeo, etcétera, lo hacía todo el mismo fabricante. Había varios fabricantes, pero cada uno lo hacía todo. Eso, sin embargo, disparaba los costes. A partir de principios de los 90 la industria encuentra su tabla de salvación en la especialización: unos se dedican a diseñar los chips y otros a fabricarlos, así se reparten los costes. Ahí reside el éxito rotundo de esta industria: quienes diseñan ya solo invierten en diseño y no tienen que hacerlo en la fabricación; por lo tanto, la innovación va a un ritmo muchísimo más acelerado».
En esa industria tan globalizada y en la que rige una división del trabajo muy definida, EEUU lleva ventaja respecto a China, sobre en todo en los chips de IA. Y quiere mantenerla a base de negar, o al menos restringir, a los chinos el acceso a los chips aceleradores, también conocido como «chips de vanguardia».
«China es el mayor fabricante de chips, de no vanguardia, por así decirlo, aquellos que se utilizan para los ordenadores de los automóviles, los electrodomésticos, los transistores en fin, para aplicaciones varias del día a día», explica Mártil. Pero lo que marca la diferencia y asegura un salto de calidad en el uso de la IA son los llamados «chips de vanguardia». «Estos son los aceleradores de IA, los teléfonos inteligentes de alta gama, las tarjetas gráficas, etcétera», apunta Mártil.
La primacía de Estados Unidos se sustenta en la que, probablemente, a día de hoy es la empresa tecnológica más importante y valiosa del mundo, Nvidia, que este año ha superado los cinco billones de dólares (4,3 billones de euros) en valoración. Flanqueada por otras como AMD o Intel, Nvidia diseña, pero no fabrica —eso se hace en Taiwán y en Corea del Sur— los chips de IA más avanzados del mundo. Durante meses, el Gobierno de Trump ha prohibido a las empresas estadounidenses exportar a China sus chips de IA. El problema es que Nvidia, AMC o Intel son empresas privadas y priorizan el beneficio a la geopolítica.
Perder el mercado chino, el segundo mayor de IA en el mundo, no entra en la ecuación de estas empresas: para Nvidia supone renunciar a 50.000 millones de dólares (42.700 millones de euros), según detalla la propia compañía. Jensen Huang, máximo ejecutivo de Nvidia, nombrado junto a otros «arquitectos de la IA» hombre del año por la revista Time, logró a principios de este mes de diciembre que Trump levantará la prohibición. Nvidia ya puede vender a China sus chips de inteligencia artificial H200 a cambio de una comisión del 25% sobre las ventas.
El permiso para exportar el chip H200 se considera una solución intermedia respecto a la iniciativa anterior de Nvidia de vender a China sus chips Blackwell, de diseño más avanzado. Pese a las reticencias y al temor expresado por algunos expertos de que la flexibilización de las restricciones a la exportación de estos chips de vanguardia marque un cambio significativo en el acceso de Pekín a las tecnologías estadounidenses más potentes, Trump celebró el acuerdo: «Esta política respaldará el empleo estadounidense, fortalecerá la industria manufacturera estadounidense y beneficiará a los contribuyentes estadounidenses», dijo el presidente el pasado 5 de diciembre.
La operación también ha sido aprobada por el Gobierno chino. Para Pekín es cómodo comprar los chips de otros, pero el Gobierno de Xi Jinping apuesta por reforzar su autonomía e independencia en la industria microelectrónica, como lo ha logrado en el sector de los automóviles eléctricos. «China en este momento está en un dilema, porque si quiere competir en el mercado de los chips de vanguardia, necesita no depender de esos productos que tiene vetados», afirma Ignacio Mártil.
China cuenta con recursos para alcanzar ese objetivo. Ahí está More Threads, considerada la Nvidia del gigante asiático. Fundada en 2020, cada año que pasa da varios pasos para situarse cada vez más cerca del nivel de Nvidia. También hay que contar con Huawei, una de las empresas tecnológicas más importantes del mundo y que también compite en el sector de la IA. El peso de Huawei demuestra que a pesar de todos los obstáculos que pone en su camino Estados Unidos, China va ganando puntos. «En el mundo de los chips se piensa que si hay un país que pueda ser capaz de llegar a ser autosuficiente, ese será China. Pero en este momento no lo es», señala Mártil.
Lo que marca la diferencia y asegura un salto de calidad en el uso de la IA son los llamados «chips de vanguardia
En este sentido, el principal temor de Washington es que China pueda llegar a competir en la tecnología militar más puntera. «Hay un caza estadounidense muy famoso, el F-35, que más que un avión es un ordenador con alas. China también está diseñando y probando aviones de quinta y sexta generación. Si China llega algún día a ser capaz de fabricar ese tipo de electrónica para su Ejército, entonces ya estaríamos hablando de otros asuntos mucho más delicados», sostiene Mártil.
La guerra soterrada por la IA se intuye larga, pero como puntualiza Mártil «es por el diseño, no por la fabricación de los chips». «La inteligencia artificial hoy por hoy es el vector esencial que moviliza y que libera la industria de los chips. Todos los avances más esenciales que están produciéndose están motivados principalmente por el desarrollo de los chips», concluye Mártil.
Aunque pueda sonar grandilocuente, quien domine la IA probablemente mandará en el planeta en el siglo XXI.