La soledad no deseada que atraviesan los mayores en Navidad
La soledad no deseada que atraviesan los mayores en Navidad: «Se me encoge el pecho al pensar que esta será la sexta que pasa mi madre sola» Una de cada tres personas mayores vive en situación de aislamiento social, según estimaciones de la OMS entre 1990 y 2022
A Pilar López se le encoge el pecho al pensar que estas serán ya las sextas Navidades que su madre, con 94 años, pasará entre las paredes de una residencia. No está sola —comparte espacio con otros mayores y con profesionales que la atienden—, pero la sensación que acompaña a su hija es otra muy distinta: tristeza y desolación. «Me vienen a la cabeza todos los esfuerzos que hizo para cocinarnos siempre lo que más nos gustaba, para gastar un poco más y darnos lo mejor que podía», recuerda en conversación con Público. Sabe, además, que para su madre la ausencia pesa mucho. «Lo que más quería era estar con sus hijos y sus nietos. El hecho de no haber vuelto a celebrar una sola Navidad en familia dice mucho de cómo se ha sentido todo este tiempo».
Para López, la soledad no deseada no es una fatalidad inevitable, sino el resultado de decisiones. «Es consecuencia de políticas públicas y de un modelo de cuidados que como sociedad hemos permitido», denuncia. Actualmente, forma parte de Marea de Residencias, un movimiento social que agrupa a residentes, familiares y trabajadores de centros de mayores en toda España. Desde la organización, reclaman residencias públicas, más personal, mejores ratios y una gestión humana y transparente.
María Jesús Valero, miembro de la asociación 7.291: Verdad y Justicia, tampoco deja de pensar en los mayores que atraviesan en soledad las Navidades. «Se me encoge el corazón al imaginar a personas que no quieren estar solas, y menos en estas fechas tan marcadas por la tradición religiosa«, expresa a Público. A su juicio, el peso emocional es aún mayor entre quienes crecieron con una concepción muy arraigada de la Navidad como tiempo de familia. «Las personas mayores, por su educación y ese sentimiento religioso, lo pasan muchísimo peor. La idea de reunirse con los suyos está muy interiorizada y, cuando eres muy mayor y ya no tienes a muchos familiares, se produce una reacción emocional muy fuerte que les acaba pesando enormemente».
María Jesús Valero: «Estamos en una sociedad cada vez más individualista y hedonista, que agrava el edadismo»
Para ella, esta realidad no es casual. Señala al modelo de cuidados y a una sociedad «cada vez más individualista y hedonista, que agrava el edadismo que sufren las personas mayores durante todo el año», pero que se vuelve especialmente doloroso en estas fechas». «Están abocadas, de manera involuntaria, a estar solas y desatendidas en Navidad«, lamenta.
Por su parte, Fernando Flores, portavoz de la Plataforma por la Dignidad de las Personas Mayores en Residencias (Pladigmare), sitúa la soledad no deseada en el centro de un «problema estructural». «El factor edad empuja a la soledad porque aceptamos el envejecimiento como un condicionante inevitable de la vida personal, familiar y social», valora en conversación con Público. Una naturalización que, para Flores, revela una «profunda falta de sensibilidad«. «Me entristece comprobar que, aun sabiendo que la mayoría pasaremos por esta situación, no sepamos valorar lo que supone para quienes ya han vivido tantos años».
Durante la Navidad, admite, la soledad de las personas mayores parece despertar más conciencias, pero de forma pasajera. «La soledad no deseada duele siempre. En estas fechas veo más conciencias tocadas, pero es algo efímero. Tiene más que ver con cómo se siente quien observa con una empatía real hacia quien la padece», desliza. Para quienes la sufren, incide, «cualquier día del año tiene la misma carga emocional». «La Navidad dura apenas dos semanas y, entre celebraciones y regalos, acaba funcionando como un lavado de conciencia que permite que el problema siga existiendo el resto del año».
Fernando Flores: «Las políticas actuales priorizan los beneficios del negocio y colocan el coste de los cuidados por delante de las necesidades»
Flores pone también en el centro de la diana al modelo de cuidados vigente. «Las políticas actuales priorizan los beneficios del negocio y colocan el coste de los cuidados por delante de las necesidades de las personas cuidadas», recrimina. Un sistema que, advierte, no solo está demostrando ser dañino para quienes reciben atención y para quienes cuidan, sino que además «choca frontalmente con la idea de poder vivir en un hogar propio hasta el final de la vida». «Las políticas tienen que seguir transformándose hasta lograr que el hogar de cada persona esté donde ella desea».
Para ello, Flores exige un giro normativo y cultural que permita a las personas mayores llevar una vida en la que la soledad no sea una imposición. «Debe ser un cambio paulatino, pero firme, con seguimiento y control para comprobar que avanzamos en la dirección correcta», valora. «Solo con voluntad social y política, y con colaboraciones público-colectivas, podremos construir un modelo distinto, donde las personas y sus vidas estén en el centro y no sean tratadas como un problema cuando en realidad hablamos de un derecho».
Soledad y salud pública
Los números hablan por sí solos. Entre 2014 y 2023, una de cada seis personas en el mundo se ha sentido sola, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). La misma institución advierte de su impacto directo en la salud: entre 2014 y 2019, la soledad estuvo vinculada a un exceso de mortalidad estimado en 871.000 muertes al año. En el caso de las personas mayores, el aislamiento social alcanza dimensiones preocupantes. Las estimaciones acumuladas entre 1990 y 2022 indican que hasta una de cada tres personas mayores vive en situación de aislamiento.
En el ámbito europeo, la Comisión Europea —a través de su Centro Común de Investigación (JRC)— sitúa encima de la mesa otro dato: la recogida de información paneuropea sobre soledad se realizó en los meses de noviembre y diciembre, coincidiendo con el periodo navideño, lo que refuerza el peso simbólico y emocional de estas fechas. La evidencia oficial también desmonta una idea extendida: la soledad en la vejez no está determinada únicamente por la edad. Está mucho más relacionada con procesos vitales como la viudedad, la jubilación, el deterioro de la salud o la ruptura de redes sociales.
Matilde Fernández (SoledadES): «Tenemos que orientar los recursos y las decisiones políticas hacia lo verdaderamente prioritario»
Matilde Fernández, presidenta del Observatorio Estatal de la Soledad no Deseada (SoledadES) y exministra de Asuntos Sociales, realza en conversación con Público que el sentimiento de soledad no aparece de forma súbita ni afecta solo a las personas mayores. «Cuando el grupo y la familia se van reduciendo con el paso del tiempo, muchas personas viven esas pérdidas con tristeza y sensación de soledad. Y eso ocurre a cualquier edad», aclara. Las fechas señaladas actúan como amplificadores emocionales. «Los estudios hablan del sentimiento de soledad en momentos significativos como la Navidad, pero también en aniversarios, conmemoraciones y celebraciones personales», señala.
Fernández insiste en que, aunque la soledad comienza como una vivencia subjetiva —»la distancia entre lo que se espera y lo que se recibe»—, es un fenómeno social. «Es en el entorno más cercano, en la comunidad, en el barrio, donde mejor se puede prevenir y atender», defiende tajante. Su abordaje, amplía, debe ser múltiple: desde las administraciones públicas, especialmente los ayuntamientos, «por ser la administración más próxima y la que puede desarrollar estas políticas casi artesanas con menos costes», pero también desde la coordinación con el movimiento asociativo, el voluntariado y la propia economía del entorno. «En definitiva, es tarea de todos».
Para la presidenta de SoledadES, el aumento de los malestares sociales obliga a revisar los modelos actuales de Estado del bienestar. «Tenemos que orientar los recursos y las decisiones políticas hacia lo verdaderamente prioritario», afirma. Y eso pasa, según su opinión, por reforzar los recursos humanos en las administraciones para cuidar a las personas a lo largo de toda su vida y prevenir lo que denomina «enfermedades sociales». El gran reto de los próximos años, deja caer, es la humanización. «Poner a las personas en el centro de todo lo que hacemos». Calidad en la educación, en la sanidad, en los servicios de atención a la dependencia, en las residencias. «Necesitamos equipamientos, espacios de trabajo y servicios públicos más inclusivos e integradores para prevenir la soledad y otros malestares», zanja.