Pateando por la Puerta de Bibarrambla, el ave fénix de la Alhambra

Conocida como el Arco de las Orejas, es un testigo mudo de la historia de Granada que ahora resurge con todo su esplendor

Granada puede presumir de contar con su propio ave fénix, aunque no es para nada un pájaro ni nada parecido. Se trata de la Puerta de Bibarrambla, un testigo mudo de su historia que ha visto y escuchado infinidad de cosas. Esta fue despiezada y olvidada tras casi un milenio en el que comunicó la ciudad con la Vega. Ahora, los granadinos pueden disfrutar de verla resurgir con todo su esplendor junto a la fortaleza de la Alhambra.

La Puerta de Bibarrambla es una excelente muestra de que el destino otorga en ocasiones oportunidades inesperadas cuando se está en el lugar adecuado en el momento adecuado. En un reino donde el comercio era el motor fundamental de la economía, la puerta que comunicaba el exterior de la capital con las zonas comerciales de la Alcaicería y el Zacatín tenía una importancia crucial. Esta puerta vio pasar a mercaderes, peregrinos y viajeros para darles paso de las extensas tierras de la Vega a las estrechas calles de la Medina, a las que se accedía cruzando una gran esplanada conformada por los depósitos fluviales del río Darro, la Plaza del Arenal y su puerta, conocida en aquel entonces bajo el nombre de ‘Bab al-Ramla’.

En el Siglo XI, existió en ese espacio una puerta de dimensiones más reducidas que fue reformada en siglos posteriores, pero fue en el Siglo XIX cuando se acometió su demolición. Amplios sectores de la población estaban en contra de esta decisión, pero se consideró que la puerta estaba obsoleta y se desmontó a finales del citado siglo.

El caprichoso destino quiso que las autoridades optaran por guardar una gran parte de aquella materia prima nazarí en un almacén. Esa idea se convirtió en una ficha de dominó que cayó 40 años después cuando la persona indicada se topó con los materiales. Su nombre era Leopoldo Torres Balbás, quien se encontraba interviniendo en la Alhambra y en la antigua ciudad de Granada cuando llegó a él la información sobre la existencia de esta puerta. Este no vaciló en examinar los materiales conservados y en restaurar la puerta. En este nuevo escenario, su ubicación fue a parar lejos del centro, aislada y fuera de contexto, pero poniendo en valor su historia.

La Puerta de Bibarrambla es conocida popularmente como el Arco de la Orejas. Este particular apodo tiene su historia. Se debe a que tras la conquista se imponía en él la pena de oreja a los molineros que añadían de forma fraudulenta arena o agua a los sacos de harina para que pesara más y así cobrar un extra a sus clientes. El castigo consistía en la perforación o incluso amputación total de su oreja.

Versiones más morbosas de la historia aseguran que las orejas amputadas eran expuestas en la fachada exterior para demostrar la severidad empleada con mercaderes que tratasen de estafar. Existe otro ejemplo conservado en el Albaicín, donde se piensa que se conservan algunas de las pesas de los comerciantes aún colgadas en la puerta. Granada está repleta de pedacitos de historia que atesoran patrimonio e historia.