«Los irrecíprocos» por Juan de Dios Villanueva Roa

Doblamos el primer cuarto del siglo XXI llenos de incertidumbres y desasosiegos. Eso sí, algo ha quedado claro: nada hay definitivo salvo la muerte.

Los avances sociales conseguidos con tanto esfuerzo se tambalean en cuanto unos pocos irrecíprocos alcanzan el poder. Derriban aquello que creíamos para siempre, y lo que no está aún por caer pronto tomará la cuesta abajo. En este tiempo hemos visto cómo se sustituye el pensamiento natural por la inteligencia artificial (cada vez son más quienes creen llevarla en el bolsillo); los políticos faltan el respeto con las formas soeces de hablar y su comportamiento en la esfera pública, buscando el poder a costa de lo que sea; los jóvenes siguen con problemas que se antojan infranqueables, eso sí, con su móvil de última generación conduciéndolos, como al resto de la población, por caminos deseados por los nuevos híper ricos que gobiernan el mundo a su interés, desde confortables hábitats. La guerra ha regresado donde parecía que ya no volvería.

Es como esas semillas que hacen renacer cuando parece que ya no queda nada, y ahora hasta la mili se pone a las puertas de la juventud. La sanidad pública amontona pacientes en los pasillos como si de desechos humanos se tratara, mientras los responsables mienten y ríen al cobrar cada mes. La educación la han convertido en un negocio: quien puede compra aquello que por sí no alcanzaría, confundiendo además información con conocimiento, la mayoría de las veces falsa. 

Los ricos son cada vez más ricos y cada vez hay más pobres con salarios que apenas permiten subsistir mientras los empresarios se quejan de ganar poco. En fin, que este año no da para más y esta columna tampoco, el nuevo llega con las tareas, todas, pendientes. Veamos si el milagro se produce.