«Los amos» por Juan de Dios Villanueva Roa
No son precisas muchas vivencias para percibir que el ser humano puede evolucionar en sus afueras hasta llegar a dejar que un ente artificial piense y decida por él, que los avances tecnológicos sanen las enfermedades más crueles, que las velocidades por tierra, mar y aire sean diabólicas. Pero en esa misma percepción, observaremos que su esencia sigue siendo la misma que en los tiempos de Alejandro Magno, Julio César, Ali Ibn Abi Talib, Napoleón… La conquista, la necesidad de quedarse con lo de los otros pueblos, la falsa creencia de que al acumular fuerza se acumula con ella la razón y el poder para destruir a quien esté enfrente, para quedarse con las haciendas naturales de los pobladores y sus tierras.
Siempre fue así y así se escribió la historia por quienes conquistaron a sangre y fuego, o traición y engaño, y que luego se transmitió a las generaciones posteriores como libros cuasi sagrados. Y se marcaron caminos por los que la humanidad transitó.
Cada cual tiene sus líderes si su esencia es líquida. La cultura puede ser reflejo de las victorias y la contracultura queda enterrada en el olvido de los tiempos. Estamos viviendo unos momentos que pasarán a esa historia y los escribanos afilan sus lápices.
Los ganadores serán los estudiados del futuro, cuando ya solo sean polvo, o tal vez con los avances de los últimos decenios ya ese polvo lo seamos todos, polvo de estrellas, humus, acabando con 200.000 años de una evolución que regresa al origen.
Cada cual se posiciona buscando su beneficio, pero con frecuencia a lo que nos dejan aspirar es a nuestra supervivencia, porque todo lo demás seguirá teniendo un amo, aunque sea un nuevo amo.