Los tres grupos de mujeres que se han ‘apuntado’ al boom de las reducciones de pecho

Una de cada tres mujeres que pasa por el cirujano para operarse el pecho se lo reduce. El año pasado se realizaron en España 16.547 reducciones mamarias, un 47,8% más que hace solo cinco años. Los porcentajes se invierten en el caso de los aumentos de pecho: 42.129 se hicieron en 2024, un 13% menos que un lustro atrás, según las cifras de la Encuesta ISAPS de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica-Estética. El ‘boom’ de las reducciones mamarias que reflejan las estadísticas lo ven con esa contundencia los cirujanos que las hacen a diario. «Hace veinte años, de cada diez mujeres ocho se ponían pecho y dos se lo quitaban. Hoy, la proporción es al revés: siete reducciones y tres aumentos», calcula José Ángel Lozano Orella, médico cirujano y vicepresidente de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (Secpre). El doctor identifica los tres grupos de pacientes que han engordado las cifras.

  1. Niñas con una 120 de sujetador

«Hoy en día veo niñas de 12 años con un pecho considerable. La menarquía (primera regla) llega cada vez antes, a veces con 9 o 10 años y empiezan a desarrollarse». Tanto que muchas presentan hipertrofia mamaria, un crecimiento excesivo y desproporcionado del tejido que se traduce en complejos y problemas de salud. «Las chicas menores de 20 años que opero no suelen venir porque tengan dolor de espalda todavía, aunque alguna ya lo empieza a notar. Pero más allá del dolor, una niña con una 120 de pecho no tiene una buena calidad de vida. Le da vergüenza ducharse en el gimnasio, le molesta a la hora de hacer deporte, se encorva al echar los hombros hacia adelante…».

Las mujeres de más de 40 años que se reducen el pecho suelen hacerlo porque con los partos y la lactancia se les ha descolgado, explica el doctor. «En esta franja de edad operamos a las mujeres por un tema estético y funcional porque muchas refieren ya dolor de espalda. La que ya tenía un pecho grande antes de tener los hijos, una 95 o más, después de dar a luz y darles pecho suele presentar una mama agrandada y caída. Cuando se operan no solo se quitan peso, les cambia incluso la postura. Dejan de pegar la barbilla al pecho, echan los hombros hacia atrás y rectifican la espalda, los tirantes del sujetador ya no les dejan marca… Y la sensación es que incluso parecen más delgadas».

  1. Mayores de 60 hartas del dolor de espalda

Explica el doctor Lozano que las pacientes mayores de 60 años que acuden a su consulta para que les quiten pecho relegan lo estético a un segundo plano. «En su caso es una motivación funcional. Llevan años con dolor de espalda y te dicen: ‘Quítame todo lo que puedas, como si me dejas plana’». Cuenta el cirujano que ha llegado a retirar «hasta dos kilos de cada mama», aunque lo habitual son «unos 600 gramos».

«Hay hipertrofias mamarias que entran por la Seguridad Social pero uno de los criterios que tienen que cumplir es prever una reducción de cada mama de un kilo como mínimo». Las mujeres que se operan en una clínica privada, señala el doctor, desembolsan en torno a 6.000 euros. «Con IVA si hay una motivación estética y sin IVA si es una cuestión funcional».

La operación

  • Duración «La cirugía de reducción es más larga que la del aumento, tres horas, el doble o más de lo que se tarda en colocar unos implantes».

  • El posoperatorio «Es una intervención muy agradecida. Aunque hay más cicatriz, el efecto se nota al día siguiente y no hay dolor. Basta con dos o tres semanas de usar un sujetador más cerrado, tipo deportivo y unas curas. En un año se da el alta».

«Con tanto pecho, hacer deporte en el instituto era un calvario»

«La época del instituto fue un calvario. En clase éramos tres las chicas que teníamos muchísimo pecho y teníamos la sensación de que nos miraban todo el rato, hacer deporte era un horror. A veces me ponía una camiseta un poco ajustada y volvía a casa a cambiármela por otra más holgada», relata María, madrileña de 47 años. Se redujo el pecho hace dos, después de pensarlo «durante veinte años».

Lo que cuenta del instituto es solo la parte estética, «el complejo», pero los problemas que le ha acarreado un pecho grande trascienden las peleas con el espejo. «Con los años empecé a sufrir dolor de espalda. Me ponía un bikini y lo tenía que apretar tanto a la altura del cuello que tengo una alteración de la columna a esa altura». Eso por no contar «las dificultades para encontrar bikini» y, además, «la vergüenza de ir a la playa», que de eso también ha sufrido no pocas veces.

Menos jaquecas

Hace un par de años, cuando las molestias ya empezaban a condicionarle el día a día, María decidió operarse. «Le pedí al cirujano que me quitara lo máximo dentro de la horquilla que le permitiera mi pecho natural». Le quitó kilo y medio entre las dos mamas, poco para ella. «Me voy a someter a otra reducción en pocos meses porque todavía me ha quedado un pecho demasiado grande».

Aunque no recuerda el posoperatorio «particularmente duro», sí reconoce que la primera noche notó bastante dolor y, pasados algunos meses, le seguía molestando todavía el cinturón de seguridad del coche. Molestias que, en todo caso, compensan a la vista del resultado. «He tenido que dormir dos meses boca arriba, algo que no habría podido hacer con mi pecho original porque se me habría cargado la espalda». No solo han mejorado la postura y las molestias en la espalda, «también han disminuido las jaquecas, que siempre he asociado, en parte, a esa carga en el cuello a causa de un pecho tan grande». En lo que a la estética respecta, María dice que la ropa le queda mejo.

Yolanda Veiga

FOTO: Adobe Stock

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