«A modo de pregón» Ángel Fernández Lupión Pregón 1992
Alcalde de Atarfe, miembros de la Corporación Municipal, señoras y señores, amigos: Quiero que mis primeras palabras sean de gratitud por la atención que habéis tenido de pedirme algo tan grato y reconfortante como que pregone las fiestas de esta querida y entrañable localidad de Atarfe.
Esta deferencia para conmigo me es doblemente grata por cuanto que hace muy poco tiempo que he sido nombrado para desempeñar el cargo de gobernador civil de Granada y ello ya supone una prueba de estimación, una prueba de cariño y confianza.
Tengo la seguridad de que hay muchas personas con mayores méritos que los míos para llevar a cabo una tarea tan satisfactoria. Por eso valoro más vuestra invitación, por eso es mayor mi agradecimiento y tengo que confesaros que me dirijo a vosotros con una gran emoción en la que están presentes la gratitud ya referida y la ilusión porque me consideréis como uno más de vosotros, como uno más que quiere estar presente en vuestras fiestas, no solamente por el hecho material de pregonarlas, sino también de vivirlas, de disfrutar de vuestra atención y vuestra hospitalidad, de incrustarme en vuestra condición de atarfeños, y de intentar plasmar durante unos minutos, que necesariamente serán breves, todo lo que es y lo que significa Atarfe, no solamente en el marco de sus tradicionales festividades, sino como una de las poblaciones más señeras y con más personalidad de nuestra provincia; como localidad integrada en ese cinturón de la vega granadina, de tan definidas características, de personalidad tan acusada.
Todos los veranos, por las mismas fechas, cuando ya julio inicia su marcha atrás, Atarfe se viste de fiesta. Atarfe hace un alto en el cotidiano caminar y se dedica al esparcimiento, a la diversión, a la celebración de sus tradicionales festejos. Son días de amistad, días felices en los que los problemas diarios quedan aparcados. Son días para la solidaridad, para la hospitalidad que, de forma generosa y espontánea, brindáis a todos los que os visitamos. Porque vuestras fiestas no son sólo las fiestas de este término municipal, son unas fiestas que se abren a toda la comarca que se suma gozosa a vuestros días grandes; queriendo acompañaros en vuestra alegría, aceptando la generosidad y la hospitalidad con que os brindáis a todos los que os visitan. Sé muy bien que es lema vuestro -que lleváis con orgullo- que nadie se sienta forastero, que nadie se sienta extraño en vuestras fiestas de Atarfe.
Y eso lo estáis consiguiendo a fuerza de generosidad, con vuestra costumbre de abrir los brazos a todos los que os visitan, haciéndoles participar de vuestra alegría, haciéndoles saborear la satisfacción de vuestro esparcimiento. Las fiestas siempre tienen un componente lúdico y cultural. Las fiestas se hacen a imagen y semejanza de los habitantes de cualquier población y llegan a constituir un índice diferenciador que caracteriza a una comunidad.
En estos días gozáis de un merecido descanso, hacéis un alto en las preocupaciones de siempre, en los problemas, en el trabajo, para dedicaros de lleno a ese sano ejercicio de la diversión, a ese desparramarse la alegría por vuestras calles y plazas, convocando a todos los atarfeños, a todos los pueblos vecinos, a toda Granada que acaba acudiendo con gozo a vuestra llamada, a vuestra invitación, a vuestro generoso ofrecimiento de amistad y diversión.
Es Atarfe una población con interesante historia, de la que os sentís orgullosos. Con un pasado en el que han ido dejando sus sedimentos las más variadas culturas, desde la romana que nos vino a través del Mediterráneo, hasta la árabe qué enlaza con la cristiana. Todo ese pasado ha dejado un pozo, una sabiduría, un talante que os hace distintos. En vuestra tierra se mezcla la historia con la leyenda, en esa sabia amalgama que va elaborando el tiempo, la imaginación, la poesía y la realidad. Sois conscientes de vuestro pasado. Pero pensáis sobre todo en el presente y en el futuro. Sentís veneración por los aspectos más significativos y definitorios de vuestra historia y vuestra cultura. Y os sentís orgullosos de esos monumentos como la iglesia de la Encarnación con su bellísimo sagrario, o como las ermitas de Santa Ana y de los Tres Juanes. Vuestra riqueza arqueológica nos habla a todos de un pasado esplendoroso en el que se entremezclan los poblados iberos, la presencia romana y, sobre todo, el esplendor de los árabes que, en el Reino de Granada, tuvieron su más hermoso exponente, su más acabada culminación.
Y todas esas civilizaciones, todos esos retazos de vuestra historia y de vuestro pasado, parecen confluir, incidir en estos días de fiesta. Lleváis con dignidad el peso de una honrosa tradición, de una mezcla de culturas, razas, de diferentes estratos históricos. Y un buen día, allá por los lejanos de 1607, empezáis unas fiestas patronales que tendrían su confirmación en el siglo XIX,centrándose vuestro calendario festivo en el mes de julio, en la advocación de Santa Ana. De aquellas fiestas han desaparecido muchas cosas por la lógica criba del tiempo. Ya son historia aquellas tradicionales ferias de ganado, que eran el orgullo de los hombres de esta tierra, que rivalizaban en el esmero, presentación y cuidado de sus reses. El tiempo va cambiando tradiciones, gustos, acontecimientos y hoy las fiestas contienen otros atractivos, otros incentivos, otros programas que se siguen haciendo con la misma ilusión, con el mismo afán festivo y lúdico que ha presidido, desde tantos y tantos decenios, unas fiestas tan entroncadas en las tradiciones de un pueblo.
Porque Atarfe es una, localidad que sabe trabajar, sabe mirar a su futuro, sabe entregarse día a día, en el continuo, sacrificio de los atarfeños. Pero tiene programadas sus fechas para el esparcimiento, para el reposo, para la alegría. Son estos días de la canícula cuando se producen los reencuentros; cuando los hijos dispersos vuelven, convocados por la tradición y la costumbre. Y Atarfe estalla en alegría abrazando a los que se fueron y ahora regresan para pasar estos días, estas horas, en entrañable reencuentro con su ambiente, con sus raíces, con su vida de siempre.
Fiestas de Santa Ana ahora, en el mes de julio. Fiesta de San Antón, que la barriada de Caparacena cuida y mima en alarde gastronómico, convocando a gran cantidad de forasteros. Fiestas de los Carnavales, que sirven para dejar libre la fantasía, para que corra la imaginación en una sucesión continua de festejos que culminan con el Entierro de la Sardina. En mayo, mes de las flores, mes primaveral por excelencia, Atarfe revive las fiestas de la Cruz y la Semana Cultural, en la que se dan la mano los certámenes poéticos y literarios, los acontecimientos deportivos. Cuando es San Pedro, en el mes de junio, Atarfe se vuelca en homenaje de cariño, respeto y admiración hacia sus mayores; y Sierra Elvira también ha tenido su fiesta con motivo de la Virgen del Carmen, acercándose ya a las fechas tradicionales de la feria atarfeña de Santa Ana. Después, cuando el frío ya se ha adueñado de la Vega de Granada, la Navidad y los Reyes son la culminación, remate y, a la vez, inicio del calendario festivo. Es entonces cuando se dan las representaciones teatrales, las actuaciones musicales y las exposiciones.
Atarfe necesita de vez en cuando hacer ese alto en el camino, abrir ese paréntesis en la constante actividad de su población industriosa, con ambición y con ganas de superación. Atarfe se plantea día a día un reto, porque, con los pies en el suelo, sabe que su prosperidad depende del esfuerzo del presente y de la inversión para el futuro.
De ahí su quehacer industrial con fábrica de abonos, con su alcoholera, con las industrias de la extracción de aceite y las orujeras. Y con el mármol de Sierra Elvira, material noble donde los haya, que lleva el nombre de Atarfe a lo más remotos confines que saben de la calidad y la solidez de sus mármoles.
Vosotros podéis, con toda justicia, estar aquí divirtiéndoos porque tenéis un largo camino de laboriosidad que recorréis diariamente con alegría, con la sana satisfacción que da el trabajo bien realizado.
Vuestra juventud se suma a esta tarea con esa espléndida realidad de la Escuela Taller que ha contribuido decisivamente a reducir el paro juvenil. Escuela Taller que lleva el entrañable nombre de Sierra Elvira y tiene una honda repercusión social, ocupacional y formativa para la población joven. Es una iniciativa que surge del Ayuntamiento y que se propone las metas de llevar a cabo algo tan importante como la recuperación de vuestra riqueza monumental y arquitectónica, habiendo tenido inicialmente como objetivo prioritario la recuperación de la Ermita de los Tres Juanes.
Atarfe se enriquece monumentalmente, cuida sus calles, sabe dotarse a sí misma de todo aquello que va a redundar en beneficio de la colectividad, sin exclusivismos, poniendo siempre de manifiesto ese espíritu solidario que os caracteriza. Jardines que embellezcan vuestras calles, plazas, como la recientemente inaugurada en honor de Salvador Allende. Arreglos y cuidado de todo lo que es público en un intento de hacer una población más grata, más atractiva, más cómoda y acogedora.
Y ahora es el momento de la fiesta. Ahora es el momento de enjugarse el sudor, fruto del esfuerzo, fruto del trabajo y quehacer diario. Se dejan a un lado las preocupaciones. Porque el ayuntamiento tiene previsto un atractivo programa de festejos y a través de los actos culturales, los encuentros con la música, verbenas, etc., todo aquello que es propio de una feria que habéis ido preparando con ilusión y con el íntimo regocijo de ver que, una vez más, se hace realidad el milagro anual de las ferias de julio.
Os prometí brevedad al comienzo de este pregón y quizás me haya excedido y os haya robado tiempo. No he querido sino rendir un sincero y sencillo homenaje de admiración y cariño a Atarfe, a su presente, a su historia, pero sobre todo a futuro. Al trabajo en la vega y en la industria, en el taller y en el campo. No he querido sino ser en estos momentos un atarfeño más. Pregonar las fiestas, estar entre vosotros, convocaros a la diversión y a la alegría, que esta diversión y esta alegría sea como un eco que resuene por la comarca, por la vega, por la costa, por las montañas, por la provincia granadina.
Os doy las gracias por vuestra generosa invitación. Sé que, con vuestro alcalde y con vuestro ayuntamiento al frente, seguiréis -finalizado el paréntesis festivo trabajando firme por vuestro futuro y con ello colaborando por el futuro de Granada y de Andalucía.
Os doy las gracias por la atención que me habéis dispensado. Vuestras fiestas y feria ya están pregonadas.
Viva Atarfe. Viva Granada, muchas gracias.