«Comprando, que es gerundio» por Juan de Dios Villanueva Roa
Las rebajas, esas que se asoman a nuestras vidas a menudo, están prestas a liberar dopamina en quienes dedican su tiempo libre a pasear por los centros comerciales, templos del consumo en los que el incienso ha tornado en música ambiental, entendiendo que ya no precisan rebajar olores corporales.
Rebajas que nos hacen mostrar la necesidad irrefrenable de gastar un dinero que quizás no tengamos, de cambiar fondos de armarios, de mostrarnos ante los demás, de satisfacer íntimamente aquellas necesidades que a nadie más importan. Necesidades humanas del día a día, mientras hay gentes cuyas insuficiencias son restañadas a base de bombas y misiles, de asesinatos en tierras propias y ajenas, de invasiones y robos a gran escala mientras las genuflexiones de quienes babean a su alrededor laceran los espíritus más dolientes.
Comprar es algo consustancial al ser humano, de hecho Ronaldo se compra islas y Trump quiere emularlo, aunque no estén en venta. Comprar es la palabra esencial en la carrera del desposeído, quien todo lo tiene ha de buscar otras formas de divertimento. No se les ocurre ir al cine, hacen realidad sus sueños en su hoy por hoy; donde no llega nuestra imaginación llegan sus realidades. Pero ahora estamos de rebajas, nosotros compraremos un jersey, unas zapatillas (quién nos iba a decir que sería el calzado universal), un aparato que usaremos una o dos veces (libros no, que nos muestran el camino de los sueños).
La distopía mientras tanto es cercada por la realidad, y miramos para otro lado huyendo de un futuro cada vez más extraño y rebajado, pero que buscamos con nuestra ausencia indecorosa ante lo que nos va a pasar. Pagamos con el móvil y cambiamos de escaparate. Nuevos tiempos que han llegado sin pedir permiso.
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