«Peligran los derechos humanos» por Juan Santaella

Si se acaba el Estado de Derecho, vamos al abismo

Si no se hace frente al Trump que alentó el asalto al Capitolio, avalista del genocidio de Gaza y perseguidor de inmigrantes, al que se ha salido de 66 organismos internacionales, al delincuente salvado por su condición de presidente, al extremista de derechas, al defensor del machismo, la xenofobia y el racismo…, él y los suyos pueden terminar con la democracia y sus valores.

Trump está poniendo en peligro el sistema democrático, los derechos humanos, y el orden mundial, basado en el respeto a las Naciones, la cooperación internacional y la paz. Este sátrapa peligroso, cada día corrobora la opinión que de él tiene un político tan prestigioso como Bill Kristol, jefe de Gabinete del Vicepresidente republicano Dan Quayle: «Con él, se está acabando el Estado de Derecho… Nos dirigimos directamente al abismo».

Con el asalto criminal a Venezuela (se han producido sobre cien muertos), y el secuestro del dictador Maduro, un político de nula catadura moral, y adulterador de las elecciones de su país, ha corroborado lo que ya venía afirmando: «No me someto a las leyes, sino solo a mi ética y a mi conciencia». Es más, este dictador confeso, ya explicitó claramente sus planes: expulsar a los inmigrantes (ha creado una milicia para cazarlos), hacerse con el dominio territorial americano (tras Venezuela, viene Cuba, México, Groenlandia…); reindustrializar su país, obteniendo materias primas, imponiendo aranceles…, tras el fracaso del neoliberalismo, que precisa nuevas colonias que explotar; romper la OTAN, la UE y los Organismos Internacionales, enemigos de sus desmanes; atentar contra las democracias liberales; apoyar a partidos y países de extrema derecha….

Tras el exterminio de la Segunda Guerra Mundial, los organismos internacionales, especialmente la ONU, asumieron la labor de árbitro para dilucidar conflictos entre las naciones, pero el veto de las cinco grandes potencias (EEUU, China, Rusia, Francia y Reino Unido) convirtieron en papel mojado sus resoluciones. Si sus decisiones hubieran sido respetadas, los conflictos recientes en Ucrania, Gaza, Venezuela y tantos otros se hubieran resuelto dialogando, o imponiendo sus veredictos a los insurgentes, sin necesidad de que nadie se tomara la justicia por su mano.

Europa, ante la invasión de un país extranjero, se ha quedado muda. Su presidenta Úrsula von der Leyen aún no se ha pronunciado; la Comisión Europea no se ha convocado; y de los 27 países, solo siete se han pronunciado en contra de la invasión de Venezuela. Con esta actitud, las intervenciones de los poderosos en otros países, la expansión del colonialismo y la entronización de la arbitrariedad serán cada día más frecuentes. ¿Quién sujetará ahora a China o a Rusia?

Como dice Byung-Chul Han, filósofo y reciente premio Princesa de Asturias de Humanidades, «el respeto es el pegamento que mantiene unida a la sociedad. Y si no tenemos eso, vamos mal. Desgraciadamente, vivimos en un universo en el que no nos respetamos».

Muñoz Molina, en un reciente artículo, afirma «Yo creía de joven que los patriotas, los conservadores y las personas de orden eran los adversarios contra los que me rebelaba. Ahora son los sucesores de aquella gente los que quieren arrasarlo todo, con una furia de bolcheviques o camisas pardas. Nosotros somos tan conservadores que estamos empeñados en conservar la integridad de la condición humana, la supervivencia digna de la especie humana en la tierra».

FOTO: Forbes.com.mx/donald-trump

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