La asignatura pendiente para acoger la Agencia Estatal de Salud Pública

Me encantaría que Granada fuera la futura sede de la Agencia Estatal de Salud Pública. Granada parte, sobre el papel, como una candidata natural para albergarla. Su historia, su capital humano y su trayectoria en este ámbito la sitúan en una posición que pocas ciudades del país pueden exhibir con tanta claridad. Sin embargo, la realidad política y administrativa de los últimos años dificulta seriamente la candidatura granadina, más allá del discurso oficial.

El propio Gobierno de España ha fijado criterios claros y exigentes para la elección de la sede: disponibilidad inmediata de un espacio de unos 4.000 metros cuadrados, buena conexión con aeropuertos internacionales europeos clave, transporte público eficiente, capacidad para crecer hasta los 300 trabajadores y un mercado inmobiliario competitivo que facilite la atracción de personal cualificado. Son requisitos técnicos, logísticos y estratégicos que buscan garantizar que la Agencia sea operativa desde el primer día.

Pero más allá de los metros cuadrados y de las conexiones aéreas internacionales, aspecto que supone una clara desventaja en el caso de Granada, la Agencia Estatal de Salud Pública necesita algo aún más esencial: un ecosistema institucional fuerte, coherente y comprometido con la salud pública.

Escuela Andaluza de Salud Pública

Durante décadas, Granada ha contado con un activo único en España: la Escuela Andaluza de Salud Pública (EASP). Desde 1985, la Escuela ha sido un referente nacional e internacional en formación, investigación, evaluación de políticas sanitarias y apoyo técnico en crisis de salud pública. Sin embargo, cuando el Partido Popular andaluz estaba en la oposición, y especialmente por parte de Juan Manuel Moreno Bonilla, fue objeto de un discurso de desprecio y deslegitimación, al ser calificada como un «chiringuito» al servicio del clientelismo político y cuestionarse de forma reiterada su gestión.

En este marco, la propia Junta de Andalucía ha diluido progresivamente el papel de la EASP. Su integración, la pérdida de autonomía y el debilitamiento de su perfil estratégico han supuesto un claro retroceso para la salud pública andaluza. No se puede reivindicar como fortaleza aquello que, en la práctica, se ha ido desmantelando o relegando a un segundo plano.

La salud pública no se fortalece solo con declaraciones institucionales o con memorias más o menos bien redactadas; se fortalece con apuestas políticas sostenidas, con recursos, con liderazgo y con respeto al conocimiento acumulado, algo que ha faltado de manera sostenida durante los siete años de gobierno del Partido Popular en Andalucía.

Una apuesta tardía y poco creíble

La Junta de Andalucía anuncia ahora la candidatura de Granada como si la salud pública hubiera sido una prioridad indiscutible en los últimos años. Pero los hechos cuentan otra historia. La pandemia dejó claro, en España y en el mundo, el valor estratégico de la vigilancia epidemiológica, de la prevención y de la evaluación de políticas sanitarias, y aun así Andalucía no ha situado la salud pública en el centro de su agenda.

Esta falta de coherencia resta credibilidad a la candidatura. Porque el Gobierno de España no solo evaluará infraestructuras, sino también la capacidad real de una comunidad autónoma para sostener, apoyar y potenciar una institución de este calibre.

Granada merece la Agencia, pero necesita respaldo real

Granada tiene Universidad, talento, tradición científica, tejido investigador y una larga experiencia en salud pública. Eso no está en discusión. Lo que sí está seriamente en cuestión es que la Junta de Andalucía no ha cuidado lo suficiente ese legado como para presentarlo ahora como un valor estratégico incuestionable.

Si Granada no logra la sede de la Agencia Estatal de Salud Pública, no será por falta de méritos históricos, sino por la ausencia de una política clara y decidida de fortalecimiento de la salud pública en los últimos años. No se puede aspirar a liderar el futuro mientras se debilitan las herramientas que lo hicieron posible.

La candidatura granadina debería ser una oportunidad no solo para competir, sino para rectificar, dejar de lado la creación del Instituto de Salud de Andalucía y volver a apostar para que la EASP sea de verdad una prioridad: para volver a situar la salud pública en el lugar que merece, dotarla de recursos, prestigio y autonomía, y demostrar con hechos —no solo con discursos— que Andalucía cree en ella.

Porque la Agencia Estatal de Salud Pública no necesita solo una sede. Necesita convicción y voluntad política en el desarrollo de la salud pública. Y de esa convicción y voluntad política, en los últimos años, Granada y Andalucía no han ofrecido señales suficientes.

Joan Carles March

FOTO: Patio de la Escuela Andaluza de Salud Pública. Campus Universitario de Cartuja

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