Prohibir los insultos a los niños es un error (qué hacer en su lugar)

Cuando un niño insulta, casi nunca es mala educación, sino una emoción mal expresada. Por eso, prohibir no funciona para enseñar a respetar

Imagina esta escena: estás en el parque y de repente escuchas a tu hijo decir a otro “¡eres tonto!”. Tu primer instinto podría ser fruncir el ceño y soltar un “eso no se dice”. Parecería lo lógico, ¿verdad? Sin embargo, simplemente prohibir las palabras no sirve para que los niños dejen de insultar, y a veces puede incluso hacer que esas expresiones se vuelvan más atractivas precisamente por el hecho de estar prohibidas.

En lugar de eso, lo que realmente necesitamos es enseñarles a entender sus propias emociones y las de los demás, y cómo el lenguaje puede construir o herir a otras personas. Prohibir (casi) nunca funciona, pero por suerte contamos con otros muchos recursos de educación emocional que nos pueden servir de guía.

¿Por qué prohibir los insultos no hace que los niños dejen de decirlos?

Prohibir un comportamiento sin dar alternativas no ayuda verdaderamente al aprendizaje. Cuando decimos a un niño “eso está prohibido”, él o ella entiende únicamente el límite, pero no lo que hay detrás. Por eso, esto puede tener efectos como:

  • Que lo prohibido suene más atractivo simplemente por ser una transgresión.
  • Que el niño aprenda a ocultar su emoción en lugar de gestionarla.
  • Que la emoción subyacente (enfado, frustración…) no se nombre ni se entienda, lo que hace más probable que vuelva a expresarse de forma agresiva.

En otras palabras, prohibir no enseña empatía ni comprensión del impacto emocional que nuestras palabras pueden tener en los demás. Sin embargo, enseñar habilidades emocionales sí…

Ten en cuenta que, cuando un niño insulta, en la mayoría de las ocasiones lo hace porque no sabe cómo gestionar un emoción tan complicada como el enfado. No se trata de mala educación o desobediencia, sino de una emoción mal expresada por no saber cómo autorregularla mejor. En otras ocasiones, el insulto es una reacción que el niño ha aprendido de nosotros, los adultos. Cuando algo o alguien no nos parece bien, insultamos… Nuestro ejemplo es uno de los principales recursos de aprendizaje para los pequeños.

Cuando ofreces educación emocional a tu hijo le enseña a no tener que insultar para expresar cómo se siente

 
Cómo ofrecer educación emocional a tu hijo para que sepa gestionar el enfado y no insulte (Midjourney-MM)

La clave para que tu hijo no insulte: la educación emocional

Los niños necesitan aprender que no se trata solo de no decir insultos, sino de comprender:

Esto requiere herramientas prácticas y reflexión, no solo normas. La educación emocional ayuda a los niños a reconocer sus emociones, gestionar las más desagradables (la frustración es una de las que más cuesta) y elegir palabras que no dañen a los demás, porque sienten empatía por ellos, no solo por obedecer reglas.

Hasta aquí, todo claro. La teoría es sencilla de comprender. Pero… ¿cómo se consigue?

Recursos prácticos para enseñar a los niños a no insultar

Aquí te propongo algunas estrategias concretas para aplicar desde hoy en casa, con tu hijo o tu hija:

1. Identificar y hablar de emociones

Cada vez que el niño muestre frustración o enojo, ayúdalo a ponerle nombre: “Parece que te has enfadado porque no salió como esperabas”, “¿qué emoción sientes ahora mismo?” Esto le enseña a separar el sentimiento de la acción.

Es importante tener en cuenta que no puedes pretender mantener una conversación tan compleja como esta en plena rabieta o desborde emocional, ya que tu hijo no puede escucharte en ese estado. Espera a que esté más tranquilo para enseñarle a identificar las distintas emociones.

2. Lectura guiada: El truco de las palabras bonitas

Los cuentos que tratan la temática emocional son siempre una herramienta maravillosa para ofrecer este tipo de educación a nuestros hijos. Y uno de los cuentos que nos gustaría destacar es El truco de las palabras bonitas, de Marta Galisteo Gómez.

Este libro no solo explica la diferencia entre buenas y malas palabras, sino que ayuda a los niños a ver cómo las palabras bonitas pueden transformar una situación difícil. De forma sencilla y cercana, este relato muestra por qué es mejor elegir palabras constructivas al relacionarse con los demás s y cómo estas generan mejores amistades. Su enfoque emocional permite que los niños identifiquen sus emociones y comprendan el impacto de sus palabras sin sentir que se les castiga solo por decir algo.

Este cuento es totalmente recomendable para enseñar a los niños el impacto que pueden tener los insultos o las palabras feas hacia los demás.

3. Juegos de rol con alternativas

El teatro o los juegos de rol también son recursos muy útiles para la educación emocional. Por eso, te proponemos hacer pequeñas dramatizaciones donde el niño practique las frases que puede decir cuando esté frustrado, cómo puede pedir ayuda en vez de insultar, cómo disculparse cuando hiere a alguien… Probar versiones alternativas de situaciones reales ayuda al niño a practicar respuestas respetuosas.

4. Refuerzo positivo de expresiones respetuosas

Cuando el niño logre decir algo difícil sin insultar, reconócelo con sinceridad: “Me gustó cómo dijiste que estabas enfadado sin usar palabras feas”. Esto consolida el aprendizaje emocional.

Cuando prohibes los insultos a tu hijo los haces más atractivos.

 
Prohibir los insultos a los niños los hace más atractivos, mejor apostar por la educación emocional (Midjourney-MM)

Cuando palabras y emociones están conectadas

Una investigación publicada en Child and Adolescent Psychiatry and Mental Health en 2025 encontró que los insultos y el lenguaje agresivo dentro del entorno familiar están fuertemente asociados con conductas agresivas posteriores en adolescentes.

El estudio, realizado con casi 1.800 adolescentes rurales, mostró que los comentarios insultantes o denigrantes por parte de familiares actúan como “puentes” que vinculan experiencias emocionales negativas con comportamientos agresivos más frecuentes, especialmente en formas de hostilidad y rabia. Esto subraya que no se trata solo de “palabras feas” aisladas: son indicadores de un proceso emocional más profundo que, si no se atiende, puede consolidarse en patrones de agresión.

Prohibir insultos sin enseñar por qué duelen las palabras y cómo expresar emociones de forma respetuosa deja a los niños sin herramientas reales para manejar sus sentimientos.

La crianza respetuosa y la educación emocional —con recursos como cuentos, juegos, y conversaciones conscientes— hacen que los niños comprendan y cambien su lenguaje desde la empatía, no desde el miedo a una regla.

FOTO:Prohibir los insultos no ayuda a que los niños dejen de decirlos: entender qué sienten y enseñarles a expresarlo es la clave (Midjourney-MM) – Un niño y una niña se insultan uno al otro

Prohibir los insultos a los niños es un error (qué hacer en su lugar)