«El debate político es insoportable» por Juan Santaella

La corrupción y la agresividad verbal son su caldo de cultivo

La semana pasada despedíamos a un político y periodista ejemplar, José María Gualupe, cuyo comportamiento público se caracterizaba por el respeto a todos, la empatía, la concordia y el buen humor. Descansa en paz, querido amigo, por haber sembrado acuerdos y consensos. A raíz de su muerte, y estando la política tan deteriorada, me gustaría hacer una pequeña reflexión:

1.-Los políticos deberían ser honrados, con vida más allá de la política, y con una profesión en la sociedad civil. Así evitaremos los típicos sometimientos a los aparatos del partido.

2.-La permanencia en los cargos públicos no ha de ser superior a ocho años, para que la política no se convierta en una actividad profesional permanente. Decía Tocqueville: la profesionalización de la política es una rémora para ésta.

3.-La elección de los cargos públicos debe ser resultado de un proceso selectivo dentro del partido, con votación secreta de todos los militantes, e incluso con la concurrencia de la sociedad, acabando así con el «dedazo» de los aparatos del partido.

4.-Deben acabarse los privilegios de los políticos: los aforamientos deben restringirse, y han de mirar por el gasto público (si se limitan las ambulancias a los enfermos, o hay listas de espera interminables, por ejemplo, ellos no pueden tener todo el día un coche oficial, o realizar largos viajes innecesarios).

5.-Las personas públicas deben estar próximas a los ciudadanos. En un reciente programa de televisión, veíamos a un diputado inglés que explicaba cómo en su web aparecen sus viajes, sus horas de atención al público, sus ingresos y sus gastos, y, según declaraba, tenía que recibir en el Parlamento, a cualquier ciudadano que quisiera entrevistarse con él.

6.-El político debe ser una persona preparada, intelectualmente sólida, que sepa defender los intereses del territorio que representa, con razones, con honestidad y con absoluta libertad frente al partido que lo nombró, sin utilizar la descalificación y el insulto, como medio de defensa.

7.-Son necesarias listas abiertas para que el ciudadano pueda cambiar el orden de éstas y castigar al político que no cumple adecuadamente su cometido. Es una de las maneras más claras de controlar y romper los potentes aparatos de los partidos.

8.-Los contratos públicos han de adjudicarse con publicidad, para que puedan concurrir cuantos deseen; que se publicite el resultado y las causas de adjudicación; y que ningún contrato pueda dividirse en varios para poder adjudicarlos libremente, sin concurso.

9.-Necesitamos políticos honestos, gente decente, que se acerque a la política con vocación de servicio, sin afán de enriquecerse ni conseguir prebendas y beneficios. Decía el Papa Francisco que al que le guste el dinero no puede ser cura. Y eso mismo ocurre con la política.

10.-Por último, es necesario que los cargos públicos vuelvan a su actividad cuando termine su andadura política. Así se evitarían las famosas puertas correderas, tan funestas para la transparencia política, que les lleva a empresas públicas, semipúblicas o participadas; o a las privadas, por los favores que les prestaron.

La política es la actividad más noble, sublime y necesaria de cuantas existen, porque gracias a ella se puede conseguir el pan para el hambriento, o el refugio para el sintecho. De su adecuada elección depende que encontremos a los más sensibles y capaces de luchar por la justicia, la igualdad y la dignidad de todos.

FOTO: Henar de Pedro/20MINUTOSHenar de Pedro/20MINUTOS