28 febrero 2026

Han pasado ya 46 años de aquel luminoso 28F de 1980, en el que el pueblo andaluz, frente a la derecha recalcitrante, los gerifaltes del tardofranquismo y sus herederos, impidió que se le arrebatara su dignidad y sus derechos históricos.

El referéndum sobre la iniciativa del proceso autonómico de Andalucía, por la vía del 151 de la Constitución Española, había generado un aparente consenso, siempre con el recuerdo de la masiva movilización que supuso el 4 de diciembre de 1977 en todas las capitales de provincia, con más de un millón de manifestantes, convocada por la Asamblea de Parlamentarios Andaluces, elegidos en las primeras elecciones Generales, que serían constituyentes, el 15 de junio de 1977. En esta Asamblea de Parlamentarios la mayoría la ostentaba la izquierda, que tuvo la iniciativa de convocar la manifestación, tanto por una autonomía del máximo nivel y en el menor tiempo posible, como para salir del subdesarrollo,  a la que se sumó la derecha, incluso los parlamentarios de las provincias orientales, más reacios a que hubiera una sola Andalucía. El apoyo de numerosos partidos extraparlamentarios, sindicatos obreros y asociaciones de todo tipo, cuajó en una manifestación/fiesta generalizada. La fiesta fue rota brutalmente por el asesinato en Málaga del joven García Caparrós, por un disparo de un policía nacional, por órdenes también de aquellos Gobernadores civiles del franquismo, que se mantenían en sus puestos, muy lejos de la pulsión democrática del pueblo andaluz y de la de España, que iniciaba la transición, dejando atrás la cruel dictadura, a la que nos sometió los que se alzaron contra la República y ganaron la guerra civil, arrasando a los adversarios, sus vidas y haciendas.

El 4D fue respaldado como el Día de Andalucía y recordado en 1978 con el Pacto de Antequera y manifestaciones en las capitales de provincia, y se mantuvo como día de fiesta hasta que se celebró el referéndum del 28F de 1980. De la Asamblea de Parlamentarios Andaluces a la Junta Preautonómica de Andalucía con el socialista Plácido Fernández Viagas al frente, se supo liderar un gran acuerdo en torno a Andalucía y su futuro. Tras las elecciones municipales y Generales de 1979, Rafael Escuredo toma el timón de la Junta Preautonómica y ratifica sin lugar a dudas, desde el primer momento, que el mandato del pueblo andaluz es conseguir el máximo nivel competencial y que ello sólo podía conseguirse por la vía del artículo 151 de la Constitución Española, recién aprobada. Se consagró entonces la frase del presidente Rafael Escuredo: Andalucía, ni más que nadie, pero tampoco menos. Era un mandato del pueblo andaluz y los dos socialistas que habían dirigido el proceso, Placido Fernández Viagas y Rafael Escuredo, supieron interiorizar el mandato y convertirlo en un proceso imparable.

Los consensos por una Andalucía que tenía que salir del paro, la emigración y el subdesarrollo, pero también quería equipararse con el nivel autonómico que la Constitución le había reconocido a Euskadi, Cataluña y Galicia, por haber ratificado sus Estatutos durante la República, empezaron a resquebrajarse cuando la derecha de Alianza Popular y de la UCD comienzan a interiorizar que el proceso autonómico andaluz lo iban a protagonizar, por el respaldo del pueblo andaluz, fundamentalmente el Partido Socialista, que ya desde diciembre de 1977, una semana después de la gran manifestación del 4D, se había organizado con una estructura regional para la toma de decisiones en un marco autonómico. La UCD de Adolfo Suarez comienza a poner en duda la conveniencia del recorrido que iba a tomar Andalucía, temerosa también del efecto contagio en otras regiones.  A pesar de las contradicciones internas de la UCD, sobre todo con el Ministro Manuel Clavero, el Gobierno de Adolfo Suarez, toma en el último momento una doble decisión bastante maquiavélica, aceptar que se realizara el referéndum andaluz el 28F de 1980, que tan constantemente pedía el Presidente Rafael Escuredo, pero al mismo tiempo solicitar la abstención o el voto en contra de la iniciativa por el 151 de la CE, que se tenía que aprobar por  mayoría absoluta del censo en las ocho provincias andaluzas. Convocaban el referéndum para perderlo, para que lo perdiera el pueblo andaluz. Para conseguir que la iniciativa no prosperara, todos los resortes eran válidos para el Gobierno de Adolfo Suarez, censos sin revisar, campaña corta y sin medios económicos, oposición de los periódicos y radios del Movimiento, aún funcionando, eslóganes de que este no era el referéndum que necesitaban los andaluces y dificultades de todo tipo para hacer una campaña limpia que llegara a todos los rincones. Lo que no esperaban los estrategas de la UCD y los ex ministros de Franco, con Fraga al frente, fue la decisión y el liderazgo del presidente Rafael Escuredo, que agrupó a toda su organización política a su alrededor, además de a toda la izquierda, al mundo de la cultura y al asociacionismo de todo tipo.

Y David ganó a Goliat, porque al presidente Rafael Escuredo lo arropaba el verdadero artífice del proceso, el pueblo andaluz. Ese fue el gran error de la derecha franquista y de los conversos de última hora, no darse cuenta que en las democracias el que manda es el voto, individual e intransferible, que lo deposita igualmente el pobre y el rico, el que pasaba hambre o vivía en la opulencia. Sí, en mi hambre mando yo, y voto que sí a la autonomía del máximo nivel de Andalucía, signifique lo que sea, pero creo en los que defienden esas propuestas y no en la de los que nos habéis hecho sufrir, emigrar y estar parado durante cuarenta largos años de dictadura.

Ganó el pueblo andaluz, porque tras conocerse los resultados y comprobar que en Almería había ganado el sí, pero no se había superado el listón de la mitad más uno del censo electoral, aunque  en el conjunto de Andalucía se había arrasado, no quedaba más que un camino, releer la Constitución y buscar una fórmula, todo lo alambicada que se quiera y como algunos dijeron después, claramente inconstitucional, para hacer que Almería se sumara al resto de provincias andaluzas y dar por aprobada con efectos retroactivos la iniciativa por el 151 CE que “aparentemente” se había perdido el 28F de 1980.

Las Cortes Generales cambiaron las leyes necesarias, con un muy amplio consenso, nadie se le ocurrió presentar recurso ante el Tribunal Constitucional y forjó, con la aprobación y publicación en el BOE del Estatuto de Autonomía de Andalucía el 11 de enero de 1982, a Andalucía como nacionalidad histórica. Objetivo cumplido. La Constitución Española se rectificó, por la vía de los hechos, y dejó en el baúl de los recuerdos su modelo de tres Comunidades autónomas “históricas” con el máximo nivel competencial y el resto con una descentralización administrativa, cercana a una mancomunidad de Diputaciones. Hoy el modelo por el que peleó Andalucía y fue la única Comunidad que tuvo que lucharla y ratificarla en referéndum, se ha extendido al resto de Comunidades. Lo hicimos por Andalucía, pero ninguna oposición a que se generalizara el modelo.

El único problema ahora es que los gobernantes del PP en Andalucía, con Moreno Bonilla al frente, se olvidan de esta lucha del pueblo andaluz, arrinconan a nuestra nacionalidad histórica poniéndola al servicio de los espurios intereses de Feijóo y su partido. No defienden tampoco los máximos niveles competenciales que conquistamos en nuestro actual Estatuto de Autonomía de 2007 y devalúan nuestras señas de identidad, los servicios públicos de calidad y las legítimas demandas de la ciudadanía. Malos tiempos.

La conclusión de este relato, la escribió asimismo el pueblo andaluz, el siempre protagonista máximo de nuestra realidad política. De acuerdo con el aprobado Estatuto de Autonomía se convocaron las primeras elecciones al Parlamento de Andalucía el 23 de mayo de 1982. Los resultados fueron espectaculares. Rafael Escuredo, al frente del PSOE, obtuvo 1.498.619 votos y 66 Diputados, seguido de Alianza Popular con 17 Diputados, la UCD con 15, el PCE con 8 y el PSA con 3. El pueblo andaluz otorgó el máximo galardón con sus votos a Rafael Escuredo y al PSOE de Andalucía, galardón en número de escaños, que posteriormente en 46 años, ningún otro Presidente ha obtenido, aunque algunos se tatúen sus resultados, de segundos, en su muñeca.

El camino estaba trazado, el pueblo andaluz lo había marcado de forma inapelable. Tras ocho años de gobierno de la derecha del PP, corresponde ahora de nuevo volver a ser lo que fuimos, mujeres y hombres de luz. Tenemos que reivindicar nuestro pasado para conseguir un mejor futuro, sin desigualdad, sin pobreza, sin paro, con sueldos dignos, con vivienda asequible, con sanidad y educación, pública, gratuita y de calidad, con respuesta inmediata a la dependencia, con calidad de vida. Y un mundo feliz, donde con la Internacional, el día que el triunfo alcancemos, ni esclavos ni dueños habrá, los odios que al mundo envenenan al mundo se extinguirán.

Autor: Manuel Pezzi