«Investigadores» por Juan de Dios Villanueva Roa
La investigación española brilla por la calidad de quienes la ejercen y, en muchas ocasiones, por los logros que alcanzan fuera de nuestros laboratorios. Habitual es que se marchen a desarrollar su labor lejos.
El resultado de su trabajo, el de todos los investigadores, nos acerca lentamente a una vida en la que la enfermedad va siendo cada vez más controlada, lo que permite menos sufrimiento y mayores garantías de una existencia más sana. Estos estudios señalan que nuestros descendientes deberían vivir más y mejor que nosotros en lo que a salud se refiere, siempre que no aparezcan gentes como Trump y los secuaces que van contra la investigación.
Ellos se creen fuera de los círculos de la enfermedad, aunque cuando llega la metástasis no mira si eres naranja o azul. Eso lo ignoran, piensan que los dólares son antitumorales. Mientras tanto, los investigadores tienen que luchar no solo contra las enfermedades, también contra la burocratización de su trabajo, los intereses de quienes nos gobiernan, la desinformación y menosprecio de la sociedad. Porque el aprecio se visualiza en los sueldos, y entre los peores pagados por nuestro sistema están estas gentes que se pasan la vida estudiando, viviendo fuera de sus países, luchando contra la incomprensión por la lentitud de sus avances, pidiendo subvenciones como si de caridad se tratase, como si investigaran para ellos, con grandes titulares cuando descubren algo y gigantes silencios a lo largo del proceso.
Quienes se dedican a investigar lo hacen por vocación, por voluntad de servicio a los demás, por empatía absoluta al género humano. Lástima que el género humano se tenga tan poco aprecio a sí mismo e invierta más en armas para destruirse que en sembrar para hacer de la vida algo que va más allá de la supervivencia.