«Motril y el megatren» por Juan de Dios Villanueva Roa
Siempre supe que sería así. Ahora ya sé que no lo veré.
Cuando estudiaba en el Javier de Burgos, en Motril, allá por los años setenta, Don Ángel Pacheco –entonces los profesores y maestros eran Don y Doña– nos habló un día de un posible tren desde Motril a Granada. Pensábamos entonces que por fin los sanitex podrían bañarse sin tener que conducir dos horas, utilizando un antiguo trazado ferroviario ya empleado para transportar materiales hasta el puerto –por fin Granada tendría un puerto de mar más allá del de Pitres–. Pasó el tiempo, gobernaron unos y otros, y todos miraban hacia otro lado, pero todos ponían ese tren sobre la mesa al acercarse las elecciones mientras los otros carcajeaban.
Ahora se acercan las elecciones otra vez, y la Junta repite: Granada quiere poder disfrutar de Motril, de Almuñécar, de Salobreña y demás espacios marítimos bendecidos de esta provincia, y unirlos con raíles al resto de Andalucía, España y la Humanidad. Pero para Juanma y Rocío el POTA –no es un vómito, es un Plan de Ordenación del Territorio de Málaga, Sevilla y Córdoba–, pues eso, que el POTA no contempla trenes para nosotros, salvo que los pague el gobierno central.
Yo no lo veré, en esta vida. Pero también estoy seguro de que algún día un megatren volador tipo japonés llevará por fin a los nazaríes a bañarse a la playa de la Cagaílla donde del Guadalfeo suelta el agua que Rules le permite. Ya no gobernarán estos ni los otros, y ni usted ni yo seremos sus pasajeros, porque este es el sueño de una noche de verano, cuando los sanitex pedían su gaseosa para acompañar las tortillas de patatas en aquel chiringuito llenos sus cuerpos de arenas gruesas, alquitrán y sal fina.