ATARFE: Marina Heredia, la raza dolida
La granadina reivindica al pueblo gitano en su espectáculo ‘En Libertad’ en el Centro Cultural Medina Elvira de Atarfe
«¡Somos la raza maltratada y odiada, reprimida y dolida!», como una reivindicación histórica comenzó a sonar este alegato en las tablas del Centro Cultural Medina Elvira de Atarfe este pasado sábado, en el sentido espectáculo ‘¡En Libertad! El camino de los gitanos’ de la cantaora granadina Marina Heredia. Una obra ya presentada el 18 de septiembre de 2025, junto a la Orquesta de Granada, en el Palacio de Carlos V, dentro de la programación de la primera Bienal de Granada, para conmemorar los 600 años de presencia gitana en España. ‘Somos la raza maltratada y odiada, reprimida y dolida’ es el grito de libertad que se levanta desde el fondo de la cueva, desde lo alto de los carromatos, desde la hoguera compartida, para decirnos una vez más (como supo decirnos Mario Maya, Pepe Heredia, Salvador Tábora o El Lebrijano) que no hay ciudadanos de segunda, que ya está bien de portar el estigma de la marginalidad.
Quizá el teatro, recogido e íntimo, sea un lugar más apropiado para mostrar este canto al pueblo gitano, que no el escenario al aire libre. El parco escenario tan solo lucía una silla de anea con un bastón de patriarca en el centro; a la derecha, la rueda de un carro, motivo de su bandera; y a la izquierda, el infame traje rayado de preso en los campos de exterminio nazi (donde se estima que fueron asesinados entre 250.000 y 500.000 gitanos). Del techo colgaban diez cazos de cobre, hermanando la función con el Sacromonte.
La mejor de su generación
Al tema de presentación siguieron unas alegrías, mostrando a pesar de todo el buen talante del pueblo gitano. Marina pelea el cante y domina el grito. Hoy por hoy, quizás sea la mejor cantaora de su generación del panorama nacional. En cada ayeo, en cada tercio, no solo se advierte la entrega y el trabajo, sino la firme creencia en su mensaje, el dolor de lo pasado y la alegría de la esperanza. Un caos musical nos adentra en una ‘Pesadilla’, que desemboca en una nana, hasta que el ‘oripandó’ se enciende por bulerías. La mejor Marina la encontramos en los tangos del Camino, que llegan a tener marchamo propio.
Un solo de guitarra de José Quevedo ‘Bolita’ muy aplaudido, nos deja con el piano de Pablo Suárez y la percusión de Paquito González, acompañando a la cantaora en una bella canción, que da paso a la Mosca, la danza picante con que acaba el ceremonial de la zambra sacromontana. Tras otra canción, como de culto, una farruca dedicada a Manolete muestra, a su final, el roce de una voz tomada por la alergia. Un detalle que tan solo sirve para mostrar la humanidad de una cantaora que ya se codea con los ángeles.
Hay que destacar a estas alturas la labor de los palmeros: Diego Montoya, Manuela Moya y Carmela Gil, que dimensionan y popularizan el cante. Las dos palmeras aportan en solitario por bulerías antes que la protagonista remate por todo lo alto y termine en cuplé, con ‘Compromiso’ y ‘Se nos rompió el amor’, acercándose más a las de Utrera que a la Jurado. Termina el espectáculo por rumbas, dedicadas a Juan de Egipto, primer gitano que arribó a la Península.
Un cante ideal para cerrar, acompañado por el baile de Marina y las palmas del respetable.
Jorge Fernández Bustos
FOTO: Marina Heredia, durante la actuación. J. F. Bustos
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