«VARON DANDY» por Remedios Sánchez
Que no, que es que no se enteran los especialistas en estrategia. El modelo de Vox no puede explicarse como el de un partido político, porque jamás lo ha sido
Ni siquiera quienes han estado en el meollo del cogollo (que decía Raúl del Pozo, columnista y maestro que se ha ido dejándonos un poco más huérfanos de referentes) comprendieron que aquí la cosa nunca fue de eso. Es decir, que, sin saberlo, Ortega Smith, Macarena Olona, el matrimonio Espinosa de los Monteros-Monasterio, aquel chavalín de Castilla tan repeinado y hasta el señor de Murcia, cualquier otro de los caídos en desgracia, no eran más que piezas de un ajedrez de madera tallada con una albaceteña al servicio de una causa mayor. ¿Y cuál es? Pues la evidente: refrendar en cualquier foro y ejercer de megáfono de la voz del amo, esa voluntad de trascender la ideología de ultraderecha para remedar a José Antonio Primo de Rivera. “Santiago y cierra España” fue siempre la clave del asunto. O “Santiago cierra España”, como se prefiera.
Y ojo, que nadie se confunda: Abascal no es un tonto con suerte, ni el Cid campeador con su caballo blanco cabalgando la patria (ay, Babieca, Babieca, si tú volvieras, cantan los nostálgicos…), mientras la tierra que retumba a su paso. Eso es solo la pose, el estilo, el marketing. Abascal es un Donald Trump a la española que no estuvo en la mili, pero que tiene mucha mili hecha, mucha calle, la habilidad precisa de los vendedores del ‘Fórum Filatélico’ (ustedes recuerdan, seguro) para camelarse al personal diciendo exactamente lo que algunos quieren escuchar: trabajo, pan y libertad.
Los extranjeros nos roban y nos chulean. Europa nos roba y nos desprecia. Los partidos tradicionales nos roban y engañan. Es decir, que todos nos roban, nos desprecian y se cargan la patria de paso, reconvertida en una esterilla para limpiarse los zapatos. Salvo él, claro.
Eso, que tiene más realismo mágico que Cien años de soledad de García Márquez, hay una parte de la sociedad que se lo compra aun sabiendo que es un cuento, como los peces de oro de Aureliano Buendía, pero expresado con trazo grueso y mala letra.
Lo suyo es más el diseño de la estructura piramidal y él, en la cumbre, o sea. Ayer se ratificó en Castilla-León, pero ya veníamos de vuelta con Aragón y Extremadura. Pocos conocen los nombres de sus candidatos autonómicos porque el personal vota a Santiago, a ese modelo de liderazgo mesiánico que va de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad, como el camión del tapicero. “Ha llegado a su localidad…” y así durante mucho rato, porque la gente necesita ese tiempo para abrazarlo, besarlo, hacerse un selfie, tocarlo al menos, como si fuera Springsteen al final de un concierto.
Dejad que los niños se acerquen al boss, porque de ellos será la papeleta futura. Les pide votar por un pasado gris dictatorial que nadie les ha explicado bien; quiero decir, por el porvenir (qué lapsus), aunque para Santi sean la misma cosa.
Mañana, en otro lugar, como un viajante de comercio, con su maleta de catálogos: vendo futuro, asegura. Y dan igual la gomina o el alcanfor, nadie se fija. Rociado de ‘Varón Dandy’, es el macho ibérico fetén que algunos estaban añorando. La colonia lo es todo. Ha llegado el hombre.
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