El caso del paracetamol destapa el peligro de los retos virales entre adolescentes
El algoritmo atrapa cerebros sin madurar y convierte las redes sociales en un ‘arma’ que cada año provoca desde ingresos en Urgencias hasta lesiones irreversibles en quienes solo buscaban un ‘like’
La escena se repite cada tarde en miles de hogares de la provincia de Granada. Un adolescente se encierra en su cuarto con el azul de la pantalla como único faro. No está simplemente «viendo vídeos»; está alimentando a un algoritmo que aprende de sus debilidades en milisegundos. Para él, el salón de casa es un lugar seguro, pero digitalmente está en un campo de minas donde la validación social se mide en la altura de un salto al vacío o en gramos de paracetamol. Por esto, en Málaga, más de una decena de niños entre 11 y 14 años han acabado con una intoxicación grave este año.
«Nos llegan padres angustiados por dermatitis severas provocadas por el uso de productos químicos en la piel, todo porque el niño lo ha visto en un vídeo de TikTok» Pediatra de atención primaria
Pero este peligroso reto, que puede provocar daños irreversibles o la muerte, solo es la punta del iceberg. En los hospitales granadinos no se han registrado casos tan extremos recientemente, pero en los centros de salud inspeccionan a sus pacientes con lupa. «Nos ha llegado alguna familia angustiada por una dermatitis severa consecuencia de usar productos químicos en la piel. El niño lo había visto en un vídeo de TikTok», lamenta una pediatra de atención primaria de Granada. Es la cara amarga de esta moda que, para muchos menores, es solo un juego de 15 segundos, pero para los sanitarios es «una ruleta rusa con conexión Wi-Fi».
Para entender el alcance de este fenómeno, los expertos identifican diversas áreas de peligro. Los desafíos digitales dejan rastros específicos: desde los retos de asfixia y pérdida de conocimiento —donde la señal de alerta puede ser una fatiga inusual o marcas en el cuello— hasta los que involucran fuego o químicos, manifestándose en quemaduras atípicas. Especialmente críticos son los de ingesta de fármacos o sustancias tóxicas, que provocan somnolencia o malestar gástrico grave.
En una dimensión más silenciosa se encuentran los retos que fomentan trastornos de la conducta alimentaria (TCA) o conductas autolíticas, detectables por cambios drásticos en la dieta o el aislamiento; y finalmente, los de desaparición o riesgo vial. Entender estas tipologías no busca generar alarma, sino dotar a las familias de una «brújula» para interpretar señales que, a menudo, se ocultan tras una pantalla. Es vital porque cuando el algoritmo vence a la prudencia, el escenario cambia drásticamente.
Señales de alerta
La Guardia Civil de Granada identifica indicios específicos que pueden pasar desapercibidos para los padres pero que son síntomas de que algo va mal:
La urgencia por grabar en entornos «extraños»: No es lo mismo un selfie en la Alhambra que la necesidad impulsiva de grabarse en lugares o situaciones de riesgo o insólitas.
El cambio de humor post-pantalla: Un signo inequívoco es la transformación drástica del estado de ánimo justo después de consultar el móvil (irritabilidad, ansiedad o hundimiento).
Fobia a la exclusión (FOMO): Un miedo desmedido a ser apartado del grupo digital que genera niveles de ansiedad patológicos.
El culto a la métrica: Una obsesión insana por el número de ‘likes’ y reproducciones como única fuente de autoestima.
Esta misma semana, un tribunal de Estados Unidos ha condenado a Meta (Facebook e Instagram) y Google (YouTube) al considerar probado que sus redes generan adicción en menores, priorizando el beneficio económico sobre la salud mental de los usuarios. Esta sentencia equipara la responsabilidad de la empresa de Mark Zuckerberg con la de las tabaqueras de los años 90, abriendo la puerta a una oleada de indemnizaciones millonarias.
Jugarse la vida por un ‘like’
¿Por qué un adolescente es capaz de jugarse la vida por un puñado de ‘likes’? La respuesta está en la biología. Mariela Checa, decana del Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Oriental (Copao), explica que es un proyecto en construcción. «Un niño no tiene el desarrollo para detectar el peligro. No hace balance del alcance del riesgo», señala. El lóbulo frontal, encargado del control de impulsos, aún no está maduro: «Si el reto es colectivo, se pueden sentir presionados, pero no hay madurez».
Esta vulnerabilidad es el caldo de cultivo ideal para un software que no entiende de ética. «Las redes sociales desarrollan estrategias para captar la atención de cualquiera, no discriminan», advierte la decana. El algoritmo detecta el interés y satura el muro del menor: «Sabe que has recibido información de un tema y te lo va a mandar todo el rato».
El ‘teatrillo’ de la realidad
Del parkour a la ballena azul
En los centros educativos de Granada, la Policía Nacional intenta poner freno a esta inercia antes de que llegue al hospital. Marinieves García, agente de Participación Ciudadana, recorre las aulas desde 5º de Primaria hasta Bachillerato. Su método es el impacto, porque sabe que los menores «van muy de sobrados» y consideran a los adultos unos «exagerados».
«Yo les hago un teatrillo. Soy la niña que hace el reto y muestro las consecuencias: una paraplejia o una enfermedad de instrucción pulmonar», relata la agente. La lista de peligros que la policía detecta en Granada es variopinta y alarmante: desde el reto de la canela, que puede acabar con una obstrucción de los pulmones, hasta el parkour extremo con niños lesionados por saltar de una ventana a otra o deslizarse por una baranda hasta acabar heridos.

«Le estamos dando un vaso de lejía para que se la beba; debemos dedicar al menos cinco minutos al día a revisar qué ve nuestro hijo y con quién habla«
Marinieves García
Agente de Participación Ciudadana de la Policía Nacional de Granada
Pero hay niveles más oscuros, como la ‘Ballena Azul’ o el ‘Juego del Calamar’, que implican autolesiones: «Tienen que tatuarse con el compás y aguantar el dolor… a ver quién consigue la ballena entera». Muchos padres mantienen la falsa creencia de que si el niño está en el sofá con el móvil, está protegido. El diagnóstico es demoledor: orfandad digital. «Le estamos dando un vaso de lejía para que se la beba«, sentencia la agente García. Como madre entiende el ritmo de vida vertiginoso, «pero debemos dedicar al menos cinco minutos al día a revisar qué ve nuestro hijo y con quién habla».
Vigilancia técnica Patrullando el ciberespacio
A la labor educativa de la Policía Nacional se suma la de la Guardia Civil, que en 2025 impartió en la provincia más de 1.200 charlas sobre el mundo digital. Además, a través de sus equipos @ (Arroba) y Edite, garantiza vigilancia técnica. «Patrullamos el ciberespacio de manera permanente para detectar y monitorizar cuestiones relevantes o una tendencia que puede derivar en conductas lesivas. A veces, el reto es constitutivo de delito. Tomar paracetamol perfectamente puede ser una inducción al suicidio», subraya el teniente Lucas Barrientos.
Bajo el Plan Director, cuando un reto cruza la línea, la Guardia Civil ofrece una doble respuesta: penal y educativa. Si hay denuncias de acoso o inducción a conductas lesivas, se persigue la responsabilidad jurídica. Asimismo, se trabaja para reconducir la convivencia en el entorno escolar tras un incidente, entendiendo que la seguridad es un concepto integral que va desde evitar el consumo de drogas en la puerta del centro hasta frenar el ciberacoso.
Adicción a las redes Violencia y agresividad
En lo que respecta a las familias, Mariela Checa es consciente de que, a menudo, el algoritmo silencia la mesa. «Hacer de padre en la era digital supone, por encima de todo, sentarse y pasar tiempo de calidad, plantearle las dificultades de este uso y supervisarlo. En la infancia, hay que establecer pautas estrictas y horas de uso siempre supervisadas; en la adolescencia, la clave es negociar», considera. Uno de los mayores retos es evitar que se sientan interrogados.

«A largo plazo, la adicción a las redes sociales provoca conductas agresivas y violentas que requieren una gestión inmediata»
Mariela Checa
Decana del Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Oriental
Como experta en menores e intervención familiar, Checa aboga por que los hijos sepan a qué se enfrentan realmente en la red. La dependencia digital no es inocua: «A largo plazo, provoca conductas agresivas y violentas que requieren una gestión inmediata». Por eso, desde el Copao, apuestan por regular el acceso a las redes y prohibirlo hasta la mayoría de edad, tratándolo como el permiso de conducir o la apertura de una cuenta bancaria.
La demanda en las consultas de psicología de Granada es el termómetro de una crisis que parece no tener fin. Mientras el debate se queda en la superficie de la prohibición, el algoritmo atrapa cerebros sin madurar y convierte las redes en un ‘arma’ que transforma la búsqueda de un ‘like’ en ingresos de urgencia o lesiones irreversibles. El desafío del paracetamol es solo la punta del iceberg; el verdadero abismo es el ‘scroll’ infinito que empuja a toda una generación a jugarse la vida por sentirse importante.
Sara Bárcena Hernández
FOTO: Policías y psicólogos alertan del riesgo de los retos virales. Cristina Ramos
https://www.ideal.es/granada/retos-virales-adolescentes-desafio-paracetamol-solo-punta-20260329165602-nt.html