«No se frena a la extrema derecha votando a la derecha extrema» por Ignacio Henares

Ya tenemos fecha para las elecciones autonómicas andaluzas, un poco más precipitadas de lo que se apuntaba, probablemente, entre otras razones,  por el temor del presidente del Gobierno andaluz a que a partir de ahora sólo le cabe ir empeorando.

La estrategia, ideada e impuesta por los gurús de Génova, de celebrar elecciones anticipadas en varias regiones para desgastar a Pedro Sánchez y sacudirse la dependencia de Vox, ha resultado en gran parte fallida. Tanto en Extremadura como en Aragón y Castilla-León, la extrema derecha ha mejorado sus posiciones con respecto a la derecha extrema y los barones del PP han errado en el objetivo principal perseguido.

En este panorama ha resurgido un argumento que ya benefició al PP andaluz en las pasadas elecciones cuando se comió todo el voto de centro, buena parte provenía de sectores conservadores, pero también arañó en un espacio sociológico andaluz que históricamente ha sido reacio a la derecha

En este panorama ha resurgido un argumento que ya benefició al PP andaluz en las pasadas elecciones cuando se comió todo el voto de centro, buena parte provenía de sectores conservadores, pero también arañó en un espacio sociológico andaluz que históricamente ha sido reacio a la derecha, por su comportamiento histórico en nuestra tierra, antes y después, de la conquista de la autonomía, y en parte también por los agravios comparativos y abandonos de los gobiernos de Aznar y Rajoy. 

Hace cuatro años funcionó un ‘peligroso’ argumento al que ahora vuelven a recurrir:  votar al Partido Popular es necesario para frenar a Vox. Una consigna que podría sonar razonable en la superficie, ‘un mal menor’, dicen algunos, pero que en realidad funciona como la mejor herramienta de consolidación de la extrema derecha en el gobierno andaluz y, por extensión, en España. Recordemos que el cordón sanitario se rompió aquí en Andalucía con el pacto, nunca bien explicado con Ciudadanos y Vox, con el que el PP quedó desvirgado, la ultraderecha blanqueada y empezó la cuenta atrás de la desaparición de los naranjitos.

Desde que irrumpieron los parlamentos autonómicos con un discurso abiertamente reaccionario, el Partido Popular ha pasado de fingir distancia ideológica a normalizar la colaboración con Santiago Abascal y los suyos. Hoy, incluso las diferencias programáticas son tan finas que cuesta distinguir dónde termina la derecha ¿moderada? y donde empieza la extrema derecha. Lo que antes se consideraba una línea roja, pactar con un partido que cuestiona derechos básicos, niega la violencia machista o el cambio climático, hoy es la base de las negociaciones de gobierno en media España.

Recientemente Alberto Núñez Feijóo ha dado luz verde a una estrategia de acuerdos con Vox “donde sea necesario” para alcanzar el poder, abandonando cualquier pretensión de aislamiento político

Recientemente Alberto Núñez Feijóo ha dado luz verde a una estrategia de acuerdos con Vox “donde sea necesario” para alcanzar el poder, abandonando cualquier pretensión de aislamiento político. Lo que se presenta como un pragmatismo electoral ha terminado por diluir la frontera entre conservadurismo y extremismo. El propio líder, (por ahora) del PP sabe que su mayoría, tanto autonómica como nacional, depende en última instancia de quienes pretenden suplantar la Constitución por un programa de pureza moral y nacionalista.

El proceso se ha acelerado. Se han intensificado las negociaciones en las comunidades autónomas pendientes de formar gobierno y pretenden cerrar acuerdos antes de que la campaña andaluza entre en su fase decisiva. Vox, por pura táctica electoral, no quiere que se perciba su posición como de bloqueo. Su líder ya ha dejado claro que no volverá a conformarse con un papel de apoyo externo, exigiendo formar parte de los gobiernos autonómicos para “demostrar utilidad política”.

Paradójicamente esa aceleración de los pactos para el PP puede representar más que un síntoma de fuerza, una muestra de debilidad. Feijóo y Juanma Moreno necesitan a Vox tanto como Vox los necesita a ellos

Paradójicamente esa aceleración de los pactos para el PP puede representar más que un síntoma de fuerza, una muestra de debilidad. Feijóo y Juanma Moreno necesitan a Vox tanto como Vox los necesita a ellos. A ambos les interesa más la foto de la “derecha unida, jamás será vencida” como trampolín hacia Sevilla y de tapón para otra alternativa. Ambos partidos forman parte de un ecosistema político en el que las diferencias se diluyen bajo una fórmula de poder compartido. Pero cuando el PP gobierna con Vox, la agenda política deja de ser la del centro reformista del que presumen para convertirse en el vehículo de las ideas ultraconservadoras que decían querer frenar.

Andalucía de nuevo se va a convertir en terreno de experimentos políticos a escala nacional como ocurrió en 2018. Desde entonces, Juanma Moreno ha ido cultivando meticulosamente una imagen de aparente moderación: pose serena, declaraciones conciliadoras, apelación constante al sentido común y ahora, (a falta de una buena gestión que echarse a la boca), con el discurso de la estabilidad y “que no haya líos”.

Hasta ahora la extrema derecha no ha necesitado ocupar consejerías para influir: su presencia en el debate público ha bastado para marcar la agenda. Si ahora el PP obtiene un resultado ajustado y necesita nuevamente su apoyo, ese margen de influencia se convertirá en poder ejecutivo real. Si el PP necesita su respaldo, la cesión será explícita: vicepresidencias, consejerías, control mediático y la legitimación institucional de un partido que niega los cimientos democráticos básicos del pacto constitucional. Un troyano en la Junta de Andalucía que la acabará destruyendo; quizás sea la justificación que necesita el PP para continuar su programa de desmantelamiento de los servicios públicos, mediante la re-centralización y la externalización.

Ahora nos bombardearán con el mantra de “si la izquierda está débil y dividida y el miedo a la ultraderecha crece, lo prudente es votar al PP para evitar que Vox entre en el gobierno”

Es en este marco político en el que se plantea el dilema de la tesis del voto útil que ya se repite en tertulias, columnas y campañas, abonadas a la consigna “el que pueda hacer que haga”. Ahora nos bombardearán con el mantra de “si la izquierda está débil y dividida y el miedo a la ultraderecha crece, lo prudente es votar al PP para evitar que Vox entre en el gobierno”. Pero esa lógica olvida que el PP ya ha asumido de facto gran parte de su programa. Cuando se derogan leyes de memoria democrática, se aprueban discursos sobre inmigración descontrolada o ideología de género, no hace falta que Vox gobierne: ya gobierna a través del PP.

El propio Juanma Moreno lo ha reconocido en más de una ocasión. En su intento de diferenciarse de Madrid, donde Ayuso hace gala de la confrontación ideológica, el presidente andaluz ha optado por una estrategia de asimilación silenciosa. No grita las tesis de Vox, las susurra, como hace a las vacas. Pero el resultado es el mismo: una normalización del discurso ultraconservador bajo el barniz de cortesía institucional.

El riesgo, por tanto, no es que Vox entre en el gobierno andaluz, sino que el propio PP se ha convertido en el vehículo eficiente de su ideario, legitimándolo con el voto de quienes creen estar votando estabilidad. Si algo demuestra la política española de los últimos años, es que la frontera entre el pragmatismo y la complacencia con el extremismo se cruza mucho antes de lo que parece.

Nuestra respuesta no puede ser la resignación. Ni sucumbir al falso voto útil para frenar a la ultraderecha, ni la abstención por pasividad, ni mucho menos la banalización del discurso ultra, resolverán el problema

Nuestra respuesta no puede ser la resignación. Ni sucumbir al falso voto útil para frenar a la ultraderecha, ni la abstención por pasividad, ni mucho menos la banalización del discurso ultra, resolverán el problema. La única vía para frenar la normalización de la extrema derecha es reconstruir una alternativa democrática de verdad: un proyecto progresista y plural que no compita en el terreno moral del miedo, sino en el de la justicia social, la igualdad y la defensa de los servicios públicos.

Necesitamos un liderazgo político potente, capaz, solvente, experimentado, capaz de sostener los principios de un nuevo y verdadero andalucismo, que confíe en el autogobierno y que deje de relamerse en los supuestos agravios comparativos. En Andalucía, donde conviven historia, orgullo y heridas, ceder el gobierno a quienes niegan la memoria y la diversidad sería volver atrás. Debemos liderar, otra vez, desde el sur, la reconfiguración del mapa de competencias y de financiación autonómica a partir del “ni más, ni menos” que otras regiones y nacionalidades.

La decisión, libre, soberana, responsable, de votar no es un ejercicio técnico sino una apuesta moral y ética. Cada papeleta dibuja una línea de futuro, y apostar por ese mal menor, puede ser ahora renunciar al mejor posible. Quien vote al PP pensando que así frena a Vox, en realidad lo fortalece. El verdadero freno a Vox no está en apoyar a su socio, sino en construir una mayoría progresista que no dependa de él.

Ahora que conozco a María Jesús Montero más de cerca, que la he visto trabajar, dirigir el PSOE-A, que estoy escuchando sus propuestas y sus apuestas de futuro defendiendo los servicios públicos con ‘ardor guerrero’, estoy mucho más convencido que es la persona que puede representar esa pulsión de cambio que está germinando en muchos sectores sociales que llevan años lamentándose de que vamos a peor pero no habían visto hasta ahora la posibilidad de darle la vuelta a las encuestas.

He leído en algún sitio que podemos explicar esta tesitura con el ejemplo de los Hermanos Calatrava. No vayamos otra vez a, huyendo del ‘feo/feo, caer en manos del otro hermano; si bien aparentemente era más serio, mejor presentado y cantaba algo mejor, no era guapo, sino un poco menos feo: Pero sobre todo, hay que tener en cuenta que los dos iban en el mismo paquete humorístico y formaban un dúo inseparable con un reparto de papeles y un apoyo mutuo.

FOTO: Junta de Andalucía archivo. El presidente de la Junta y el portavoz parlamentario de Vox y candidato de la formación de ultraderecha a la Junta en una imagen de archivo.
 
https://www.elindependientedegranada.es/blog/no-frena-extrema-derecha-votando-derecha-extrema