Hada Rocío, la niña ‘mágica’ que nació con 440 gramos, sale del hospital tras tres meses entre la vida y la muerte.Los padres de la pequeña, vecinos de Atarfe, han encontrado una segunda familia entre los profesionales del Clínico.

Rocío Molina López tendría que haber nacido el 20 de abril de 2026, en plena primavera, pero se adelantó y vino al mundo en medio del invierno, la víspera de Reyes, con menos de medio kilo de peso. En las semanas siguientes, estuvo a punto de morir varias veces -incluida una parada cardiorrespiratoria de 20 minutos-, pero dentro de ese cuerpecillo minúsculo había «una luchadora», como la definen sus padres, Manuel López y Verónica Molina, primerizos y vecinos de Atarfe. Entre lágrimas de emoción, solo tienen palabras de agradecimiento para el equipo de profesionales del Hospital Clínico -ginecólogos, pediatras, enfermeras y psicólogos- que han sacado adelante a su bebé, considerada una prematura extrema, al límite de la viabilidad. Este jueves, cuando todavía no ha llegado la fecha prevista de parto, la pequeña ha recibido el alta, con 2.140 gramos de peso, una mochilita para recibir oxígeno y toda una vida por delante.

 
 Un detalle de la mano de la pequeña. Ariel C. Rojas

En esta bebé diminuta hay un reto médico gigante y varios ‘milagros’. Su madre, de 43 años, estaba diagnosticada de endometriosis, una enfermedad ginecológica que reduce las posibilidades de embarazo. La pareja estaba casi resignada a no tener hijos cuando recibió la feliz noticia. En el control de las 20 semanas todo parecía correcto. De pronto, el 19 de diciembre se encontró mal y acabó ingresada en el Hospital Universitario Clínico San Cecilio, con preeclampsia, una complicación grave que se ‘cura’ con el parto, en aquel momento inviable. Aguantó aún tres semanas hasta que el 5 de enero a las once de la mañana se sintió morir. Media hora después, en una cesárea de urgencia, nacía su hija. Todo un regalo.

Nació al filo del medio kilo de peso, pero en las primera horas se quedó en 440 gramos. El doctor José Uberos, jefe de la Unidad de Neonatología del Clínico, explica que atender a un neonato de solo 25 semanas de gestación no es inhabitual -el límite de la viabilidad para esos fetos ya se sitúa en las 23-, pero lo que sí es extraordinario es lograr la supervivencia de un superprematuro con ese peso, algo nunca antes visto en este hospital. Sobre todo, con sus antecedentes: una madre con hipertensión y un insuficiente crecimiento dentro del útero.

La madre, en una sesión de piel con piel con su hija. una enfermera da un baño a la niña durante su estancia en la UCI y l. Ariel C. Rojas / HUSC

«Precisó ventilación mecánica, muchos días de oxigenoterapia, y tuvo complicaciones propias de los prematuros muy inmaduros: retinopatía, por la que tuvo que recibir láser, displasia broncopulmonar, obstrucción intestinal por tapón meconial…», enumera el doctor Uberos. Sin contar los «retos nutricionales», es decir, lograr que la niña fuera ganando peso poco a poco.

Han sido tres meses durísimos. «Hemos vivido muchos sustos. Era muy pequeña», relata el padre, que no puede evitar las lágrimas cuando recuerda que en enero, en los momentos más oscuros, se vio sin mujer y sin hija: las dos estaban graves y él corría de una a otra tratando de no perder la esperanza.

Han hecho jornadas maratonianas al lado de la cunita de la UCI neonatal, al principio casi sin poder coger a la niña, entubada y con ventilación, y después echando todas las horas posibles con el método canguro, porque la calma que le daba el contacto con la piel de sus papás le hacía ganar gramo a gramo. Verónica se sacaba leche para dársela después. Manuel seguía trabajando como encargado en su empresa de construcción que, agradece, ha sido muy comprensiva con la situación. Por las noches, en casa, apenas dormían, pegados al teléfono esperando que no sonara.

 El equipo de la unidad de Neonatología,

La niña iba a llamarse Rocío a secas, en honor a la Virgen, a la que dieron las gracias en los primeros días del embarazo, pero la madre siempre ha pensado que su temprana odisea merecía «un nombre especial». Verónica, muy fan de las criaturas mágicas y aladas, buscó alguno a la altura de su pequeña hasta que se quedó, sencillamente, con Hada: Hada Rocío.

«Ha peleado muchísimo y nosotros hemos puesto mucho de nuestra parte como padres, pero los que le han dado la vida han sido los profesionales, un equipo excelente. El hospital ha sido nuestra casa y ellos, como una familia. Hay que cuidar la sanidad pública. Lo importante ahora es que nos la llevamos a casa, a disfrutar de ella y verla crecer», aseguran.

Cerebro superplástico

El pediatra se felicita porque el desarrollo neurológico del bebé, en lo que se aprecia hasta ahora, es normal. «El cerebro de un recién nacido pretérmino está en formación y su plasticidad es enorme, por eso problemas detectados y tratados precozmente pueden tener consecuencias mínimas. De ahí la importancia del seguimiento», subraya, en alusión a las revisiones que tendrá que pasar la niña en los servicios de Neonatología, Pediatría, Neurología, Nutrición y Fisioterapia.

«Han sido muchos problemas que se han ido solventando y que nos han llevado a este momento feliz. Para nosotros es un día de fiesta», asegura Uberos. Con voz emocionada y lágrimas «de alegría y de orgullo», la enfermera de la UCI neonatal María José Rodríguez lo confirma. «Hoy es un día muy gratificante y muy esperado. Hemos llegado a la meta. Es un orgullo para los padres y para toda la unidad, porque han sido semanas muy difíciles. Hada Rocío es especial porque ha sido un caso muy extremo que ha precisado unos cuidados muy intensos, pero todos los niños que pasan por aquí tienen su rinconcillo en nuestros corazones», confiesa.

Este jueves a mediodía, el personal de Neonatología se reunía en el pasillo de salida con globos en las manos y los ojos húmedos. La niña ‘mágica’ se libró por fin de su camiseta del hospital y vistió de calle por primera vez, con unas ropitas tejidas por una celadora del Clínico. «Es que la ropa de recién nacida, la talla 00, aún le queda grande», explica la feliz mamá.