La Big Band de Atarfe deslumbra por la obra de Gordon Goodwin
Exigencia y libertad con swing. La Big Band de Atarfe deslumbra con un recorrido magistral por la obra del compositor y arreglista Gordon Goodwin
Una apuesta fuerte. Es el sello del director de esta formación atarfeña, el saxofonista Roberto Nieto. Un reto difícil por el alto porcentaje de partituras, donde no se evitó ni uno de los obstáculos de tempo, cambio de compás y de juegos musicales de esa tercera era del jazz que abandera el inolvidable Gordon Goodwin, en un momento idóneo para su recuerdo, ya que falleció en 2025. Sus arreglos y su manera de reinterpretar a los clásicos, desde su adorado Count Basie hasta Gershwin, suenan a serie de los años 70 o, incluso, de los 80 del pasado siglo. Y Granada puede presumir de tener varias Big Band, como las que se han generado en la asociación Ool Ya koo, el club de jazz de la ciudad. Sin embargo, el sonido de la formación de Atarfe es resultado de una trayectoria y un estilo propio construido a lo largo de casi dos décadas. Siempre, bajo la dirección de este profesor de la escuela municipal de música de esta localidad.
Podría haberse simplificado la partitura, descansando en mayor medida en solos efectistas, porque había capacidad para ello. La prueba, la solidez del discurso de dos de sus saxos altos, Alejandro Salas y Roberto Rodríguez, con estilos diferentes, pero de una calidad absolutamente profesional. Hay que sumar el oficio de Alejandro Padial y Manuel Hoces en el trombón y, en lo que se le pudo escuchar, la guitarra de Juan Cabrerizo, que sigue la partitura con las tablas que da la experiencia y el oído, con ecos de su trayectoria rockera. Eso, por mencionar algunos de los excelentes músicos de esta formación, que contaba también con los trompetistas de la banda municipal de Granada Carlos Morente y Miguel Romero, junto a Miguel López Torices. Con esa alineación, la batalla contra la partitura estaba ganada. Tanto es así, que la Big Band de Atarfe debería ir de gira por festivales con este exquisito tributo a uno de los grandes.
En realidad, la definición del jazz como la libertad con swing emergió del esfuerzo didáctico realizado por el líder de la formación atarfeña, que explicó cada etapa y el valor del trabajo de Gordon Goodwin, un pianista y saxofonista de Kansas que nació en la década de los cincuenta, cuando parecía que estaba todo inventado y que, con su nueva visión del jazz, se convirtió en un líder carismático de su propia Big Band y en ganador de cuatro grammys, siendo uno de los músicos más galardonados de la historia de este género. Reinventó un sonido que, desde la lejanía, nos lleva a los arreglos de banda sonora de cine y series de finales del siglo XX, con un aire funky que convierte la escucha en emoción. Una música ideal para los que se quieren introducir en el jazz. Algunos de los temas, como el que traducido es, más o menos, Es hora de madurar, representaba un verdadero aviso a navegantes, además de su crítica a los custodios de la pureza del jazz, que siempre acechamos, con The jazz police. Este compositor fue capaz, incluso, de aportar propuestas de música incidental para los Looney Tunes, aunque el mayor momento de belleza fue, seguramente, el juego sonoro del swing, por cuerdas desde la madera al metal, en el permanente recuerdo del gran Count Basie que supone la discografía de Goodwin. De los grandes clásicos no fue el único presente, ya que el sonido de Benny Goodman apareció en algún momento del concierto. Eso, y el brillante arreglo de Rhapsody in blue, de Gershwin, con la aportación clave del clarinetista Francisco Javier González.
Cierre latino
A lo largo de toda la velada, el director de esta Big Band dio la cara, con un acierto especial en el discurso de su soprano, con el que abordó el liderazgo en una obra inspirada en Bach o emocionando con el salto a lo latino, una faceta que también exploró Gordon Goodwin con trabajos como La samba del gringo o Mueva los huesos, en una fase del concierto donde también se intuía el estilo del gran Tito Puente. Todo un recorrido donde, gracias a la introducción a cada tema, pudimos conocer cómo este gran director de la Googwin’s Big Phat Band siempre daba un sentido y un significado a sus propuestas, consciente de estar modernizando el mundo del jazz, que se transformaba desde la gran pantalla. Al final, los músicos, agotados por la enorme concentración, eran conscientes de que la exigencia había valido la pena. Algunos, acababan de desfilar en varias procesiones en la otra banda, la Sinfónica Municipal Ciudad de Atarfe. La emoción que se podía percibir constataba justo eso, que veinte años no son nada si se mantiene intacta la ilusión.
FOTO: Un momento del concierto en Atarfe / Rafael Marfil
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