GRANADA ‘Tierra soñada, ¿por quién?’

Un magnífico artículo de Sonia Herrera Justicia, doctora en Historia y Arte, sobre Granada y en qué se está convirtiendo, en el que muchas y muchos se verán reflejados. Recomendado.

Granada me recibió bajo la lluvia, como si quisiera darme la bienvenida a su manera. Una tarde de octubre, hace once años, llegué a la ciudad de la Alhambra como tantos otros, guiada por los estudios. Pero hubo algo, difícil de explicar, que me ancló a esta tierra. Algunos ya me habían hablado de ese embrujo.

Escribo estas líneas con cierta desazón y, por qué no decirlo, con una mezcla de rabia y tristeza. Porque la Granada de hace once años no sé dónde está. Once años. ¿Qué son once años para quienes llevan toda una vida aquí? ¿Qué estarán viendo hoy los ojos de los albaicineros, de los vecinos del Zaidín o de quienes viven junto al Mercado de San Agustín?

Hoy, esa ciudad que me acogió empieza a resultar cada vez más difícil de reconocer. Hace apenas unos días leía que “La Tertulia”, una seña de identidad de la cultura granadina, cerraba sus puertas tras 46 años. A partir de junio, lo único que quedará será el recuerdo o quizá otro café de franquicia, quién sabe.

A “La Tertulia” se suma una lista cada vez más larga: en estos once años he visto desaparecer, una a una, floristerías, casas de comidas caseras, librerías, tabernas y plazas que resultan inhabitables, tomadas por tiendas de recuerdos y grupos de más de treinta personas, palo selfie en mano, en busca de una foto idéntica a miles de otras.

Una ciudad no deja de ser lo que era de un día para otro. Se transforma lentamente, a base de pequeñas renuncias. Pero la pregunta es inevitable: ¿hacia qué modelo de ciudad se dirige Granada?

No solo está en juego la estética, ni se trata tampoco de nostalgia. Lo que verdaderamente importa es el tipo de vida que una ciudad hace posible. Si el futuro se piensa en clave de un progreso urbanizado, alejado de la identidad, que solo apuesta por la oposición entre lo urbano y lo rural y en el que todo parece reducirse al cemento, ¿dónde queda el paisanaje? Cuando desaparecen los espacios de encuentro, cuando el comercio de proximidad asfixiado por el capital, cede ante lo uniforme, cuando el centro y los barrios históricos dejan de ser habitables, también se debilita el tejido que sostiene lo cotidiano.

Granada corre el riesgo de convertirse en un lugar pensado para ser recorrido, fotografiado, instagrameable y consumido, pero no necesariamente vivo. Y en ese tránsito, se diluyen las relaciones vecinales, se empobrece la vida cultural y se rompe ese frágil equilibrio entre quienes llegan y quienes permanecen.

Tal vez aún estemos a tiempo de reflexionar qué ciudad queremos habitar. Porque toda transformación implica decisiones, aunque a veces se presenten como inevitables. Y si nos preguntamos por lo que está ocurriendo, o si la incomodidad nos asalta, recordemos que cada ciudadano, con pequeños actos, también contribuye a sostener la vida de la ciudad. No todo depende de él, pero tampoco es irrelevante: la vida cotidiana, cuando se cuida y se comparte, también es una forma de resistencia. Apostemos por el barrio.

“¿Te acuerdas que desde la ventana, a lo lejos, se veía el mar?”, le decía una señora a su hija desde el Puerto de Málaga. Ojalá un día no tengamos que recordar a Granada en pasado.

Sonia Herrera Justicia es Doctora en Historia y Artes, Coordinadora docente de la Fundación Index (Granada) y profesora colaboradora extraordinaria en el Departamento de Historia de la Ciencia de la Universidad de Granada. Su trabajo se centra en la recuperación de los saberes populares en salud, especialmente en el ámbito rural. Interesada en la memoria colectiva y en las formas en que los territorios construyen la identidad, investiga cómo los procesos de transformación social afectan tanto a los cuidados cotidianos como a la transmisión de saberes entre generaciones. 

Perfil de Facebook: Sonia Herrera Justicia.

 
FOTO: M.R. Panorámica de Granada.
 
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