«PROTEGER GRANADA» por Remedios Sánchez
Hay semanas en las que la política nacional se convierte en una ciénaga más profunda de lo ya habitual, en un espacio de confrontación y beligerancia que dinamita las más mínimas normas de respeto hacia el contrincante, hacia quien piensa distinto (legítimamente distinto) y que, por lo general, no suele ser el enemigo. Entre otras razones, porque en demasiadas etapas de la Historia el enemigo está dentro de casa, aunque no nos hayamos percatado de ello.
En esos momentos hay que buscar un refugio, un territorio de consenso en lo esencial que permita sostener la esperanza en los representantes institucionales. Esta vez la certeza de que se puede lograr se ha evidenciado en el Ayuntamiento de Granada que, en dos plenos consecutivos, ha demostrado, por un lado, que las formas son importantes; y, por otro, que la gestión municipal no tiene por qué basarse en la pelea perpetua, sino en la voluntad de debatir dando argumentos.
Me refiero en concreto al pleno de despedida de Paco Cuenca (pocos alcaldes tan habilidosos para el acuerdo, aunque fuera siempre en precario equilibrio), donde los gestos de cordialidad y afecto por parte de todos miembros de la corporación han sustituido al embrutecimiento que domina habitualmente los foros políticos, ahora extendidos desde el Congreso de los Diputados hasta las redes sociales. Y eso honra a Cuenca, evidentemente, pero también a los otros veintiséis munícipes que conforman gobierno y oposición (y sí: esta vez incluyendo a Vox), porque sitúan a la ciudad en una normalidad democrática infrecuente en estos tiempos.
Esto, que pudiera parecer una anécdota, una casualidad afortunada, no lo es porque se venía del pleno previo donde el Defensor de Granada, nuestro Manuel Martín, hizo lo que acostumbra: describir claramente los problemas de la ciudadanía haciendo propuestas para solventarlos.
Esa actitud proactiva, tan inusual como necesaria, vertebra un Informe de 2025 contunde y manifiestamente reivindicativo, fundado en una idea aparentemente sencilla: la de que sumando, se avanza; eso, siempre y cuando exista la voluntad política real de todas las administraciones concernidas para encontrar soluciones. Es decir, pasar de las buenas palabras a los hechos tangibles. Y los hechos tangibles se basan en la necesidad de integrar a los inmigrantes que trabajan y pagan aquí sus impuestos y en no olvidarse de los más débiles, de ese último eslabón de la cadena en el que cualquiera de nosotros podemos convertirnos —repito: cualquiera— en un instante. Es decir, que avisa el Defensor Manuel Martín de que urge dar respuestas que mejoren la convivencia y protejan a quienes más lo necesitan: los ancianos, las personas sin hogar o quienes ven bloqueado su acceso a servicios básicos como la luz o el transporte en la zona Norte. Porque es inadmisible que unos pocos cafres marquen el devenir de un barrio entero, de miles de honrados contribuyentes.
La complejidad, claro, es grande, pero también es cierto que la confianza en las administraciones es la clave para que una sociedad funcione. Ahora la ciudadanía necesita recobrar la certidumbre de que es posible trascender los posicionamientos partidistas y alcanzar acuerdos que permitan recobrar, siquiera mínimamente, la convicción de que no todo está perdido en la defensa de un modelo humanista comprometido con las personas, con la comunidad que somos. De que, aunque desde fuera otros perseveren en el daño colectivo, al menos en Granada, se protege a la gente.