«PREGÓN FIESTAS DE SIERRA ELVIRA 2026» Por Juan Arroyo Ruiz.
Buenas noches autoridades del Ayuntamiento de Atarfe, alcalde pedáneo, forasteros y, vecinos y vecinas de Sierra Elvira.
Creo que muchos ya sabéis quien soy, pero para quién no lo sepa, soy Juan, el del Juani de la Pastora y de mi Loli; o el sobrino de la Mari Pepa.
Primero quiero darle las gracias al alcalde pedáneo Juan, y a su primera dama Silvia por elegirme como pregonero.
La verdad es que la noche en la que me escribió Silvia diciendo que me habían escogido como pregonero de las fiestas, y esto es algo que ella no sabe, pensé: Menudo lío en el que me van a meter. Pero a la mañana siguiente, y con esa valentía que te da el estar recién levantado y sin un café en el cuerpo le dije: Silvia, palante con esto.
Y bueno, aunque la fatiga me pueda, que ya lo notaréis, aquí estoy.
Y la verdad, mucha gente pensará que es fácil hacer un pregón para un pueblo tan pequeño, pero yo pienso todo lo contrario, es más difícil aquí en donde todos nos conocemos.
Y es que claro, que se puede decir de, como muchos los llaman, este pueblo, anejo, aldea… Que seguro que a muchos nos ha pasado que cuando decimos que somos de aquí, muchos nos preguntan: pero ¿y eso por donde queda? A lo que siempre se responde: Entre Atarfe y Pinos. Y siempre te dicen: ¡Ah claro! Donde las piscinas de agua caliente.
Y es verdad que es un pueblo pequeño que pasa desapercibido, pero no para su gente.
Yo llevo aquí prácticamente toda la vida, y, aunque una parte de mi corazón pertenece a Válor, en la Alpujarra, por parte de mi Lolica y mi abuela Dolores, este va a ser siempre mi hogar, y es que claro, el haber estado aquí tantísimos años ha dado para tener muchas vivencias.
Mis recuerdos de chico, juntándonos una piara de niños, como mi hermana, Laura, Fran, Jenny, Silvia, mis primas… a jugar por las calles del pueblo, y porque no decirlo, a molestar muchas veces a los vecinos. También recuerdo esas aventuras por la vega con mi tío Paco, cuando nos llevaba a la casa de los enanitos o al puente pinichi, que quien sabe donde quedará eso, o pasear por la sierra con mi perrita Abri, mi hermana Lorena y mi hermano Carlos.
Pero hoy nos ocupa hablar de las fiestas.
Este pueblo ha tenido grandes fiestas como las que hoy celebramos, pero también estaba la candelaria y las cruces.
La candelaria, para aquellos que no lo sepan, era juntarse en el campo de futbol, hacer una gran hoguera, asar carnes y pasar el día.
Esto muchos jóvenes no lo recordarán, y yo tampoco es que lo tenga muy vivido, pero recuerdo aquellas cruces que se hacían aquí, en las escuelas. Que más que el propio día de cruces me acuerdo de los preparativos previos a ese día, sobre todo de cómo la gente se volcaba en ayudar y en dar cosas para poder hacerlas
Estaba aquella cruz, con la Alhambra de cristal de fondo, que la que se tuvo que liar para hacer los cristalitos, o la ingeniería que supuso que aquella fuente funcionase, porque claro, aquí con un simple estanque no nos valía.
Pero la que recuerdo que supuso una infraestructura que ni la construcción de la Sagrada Familia fue la de empapelar la habitación para crear el entorno de “Plaza de Toros de Sierra Elvira”.
Las fiestas más especiales siempre han sido las que hoy nos ocupan, las de la Virgen del Carmen.
En ellas recuerdo cuando se hacía lo de coger manzanas con la boca, y con lo que eso suponía; jugar a los huevos duros, que muchos no estaban duros; y las cintas en la puerta de Pacurrín, pero sobre todo aquellos pipos de barro que eran diversión y peligro a partes iguales, raro me parece que no acabásemos alguno con la cabeza abierta.
Y el ir a decorar la iglesia y ponerle las flores a la Virgen en aquellas antiguas andas, que vaya con el trabajo que suponía ir enganchando claveles con la guita, pero que bonita quedaba siempre porque se hacía con todo el cariño del mundo.
Pero no todo son recuerdos del pasado, porque hoy día puedo decir que también voy construyendo recuerdos, unos muy bonitos y otros no tanto, pero que guardo con igual cariño.
Esa vivencia en los baños, que por ser horario de menores no voy a contar, pero que es digna de un programa de “Dos rombos”, los mayores entenderán.
Esos dos años en los que se hicieron la milla, que más de uno se dejó la misma vida subiendo la cuesta de la Emilia, que qué bien sabemos los del pueblo lo que cuesta subir la cuesta.
O esas colchonetas y el drama de cuando se fue la luz, que cuando no se nos va, y se desinflaron, y a más de uno hubo que sacar de ahí como si de una película apocalíptica se tratase.
Hemos vivido también unos sanfermines en la plaza, con esa persecución loca de los toros que se llevaban sillas, mesas y porque no, a más de uno por delante. Y también los hemos visto, que seguro más de uno no podrá decirlo, montados en columpios, que por ahí hay más de un “stickers” que lo atestiguan.
Esa recogida de dineros para las flores y esos preparativos de la misa en el barecillo, que con tanto amor y cariño se prepara para la que es Madre y patrona de nuestro barrio, la Virgen del Carmen.
Y todas esas noches eternas en la plaza, disfrutando y bailando, que más de uno sabe que el primer día es siempre: yo esta noche no me acuesto muy tarde que, si no, no aguanto; y acabas cerrando la plaza.
Y es que, aunque no lo parezca, las fiestas dan para mucho, y si no que se lo digan a todos aquellos que alguna vez nos hemos traído a alguien de fuera, esos pobres inocentes que vienen con la idea de que son unas fiestas que bueno, sin más, pero que cuando se van te dicen: estoy que no puedo más, tus fiestas han acabado conmigo, eso sí, el año que viene estoy aquí otra vez.
Y este es mi pregón, solo espero que os haya gustado, o al menos mostraros con brevedad las que han sido algunas de mis vivencias.
No me quiero despedir sin antes darle las gracias a los míos.
A mi familia por haberme criado aquí y enseñarme lo que es querer y sentir el pueblo.
A mis amigos, Susi, Mati, Gema, Susana, Rosa, Antonio, Antoñito, Emilio, Alvarito, Carla, Paola, Dani, Juanito, Juan y Silvia, a esa familia que he escogido y que han sabido enseñarme a disfrutar de estas fiestas desde el minuto uno.
Y al que se ha convertido en el amor de mi vida, mi Javi, que me ha enseñado a vivir la vida, y a tomármela con calma, aunque eso es una asignatura pendiente todavía.
Has visto Gema, al final te he mencionado.
Solo me queda deciros que salgáis, disfrutéis y colaboréis en lo que podáis, que son unas fiestas mu bonicas, no lo digo yo, lo dice todo el que viene de fuera; y que no pase como con otras y se acaben perdiendo.
Y nada, un beso para el que me quiere, y dos para el que no.
Gracias y disfrutad.