Nuestra participación en el asesinato de Lorca
Dieron un golpe de estado los enemigos de la libertad, de la decencia, enemigos de la Cultura y la imaginación, y asesinaron al Poeta. Dieron un golpe de Estado los afectos a la sotana y la pistola, a la hembra encerrada y el eructo en taberna, y asesinaron al Poeta. Hace ahora 90 años, junto al barranco de Víznar, los golpistas del 36 asesinaron a Federico García Lorca.
Luego nos contaron que «murió», lo publicaron en los libros de texto escolares y en crónicas infectas, pero no «murió», a Lorca lo mataron. A él y a otras 150.000 o 200.000 personas, durante la Guerra Civil, y después, durante la dictadura franquista que siguió. Pero nosotras éramos escolares del franquismo, el régimen asesino, y en sus libros se elogiaba a los poetas, a Lorca y a Antonio Machado, republicano que cruzó la frontera de Francia para morir en Collioure, y Miguel Hernández, que murió preso. Y a Rafael Alberti, Luis Cernuda, Pedro Salinas, Jorge Guillén o María Zambrano, todos exiliados. Hay algo profundamente perverso en esa forma de asimilar tus crímenes y darles la vuelta.
España está especializada en perversiones, con esta democracia sembrada de fosas comunes y cunetas de huesos. Los cuerpos de más de 114.000 asesinados y asesinadas de entonces permanecen sin exhumar. Después de 50 años de democracia, ahí siguen. Y entre todos los huesos, los de Lorca. Ni siquiera sabemos dónde están, qué terrible desidia la de los ignorantes.
Recuerdo la determinación de un antropólogo forense que participó en las exhumaciones junto al cementerio de Guadalajara propiciadas por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH). Nos contó que su madre solía venir de vacaciones a algún lugar de la costa de la Comunitat Valenciana. Le dijo que dejara de hacerlo: «En este país se anda sobre huesos de asesinados.
Podría no ser así. En los últimos 50 años, medio siglo, el Partido Socialista ha gobernado el país durante cerca de tres décadas, sumando los mandatos de Felipe González, José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez. Pero Federico García Lorca sigue bajo tierra, nadie sabe dónde. Como ahí siguen los miles y miles y miles de republicanos y republicanas asesinadas. De las derechas patrias, todas sucesoras del franquismo, no se esperaba nada. ¿Qué papel juegan, pues, los socialistas? ¿Qué heredan y qué sostienen? ¿Cuál las izquierdas varias?
El régimen franquista asumió al mismo poeta que asesinó de igual manera que la democracia española asumió los pasos dados por la dictadura. Esa es nuestra condena, esa nuestra forma de olvidar a los asesinos y a sus víctimas, esa nuestra participación en el crimen.