20 agosto 2026

EL POZO AIRÓN DE GRANADA: EL MISTERIOSO POZO QUE CREÍAN CAPAZ DE CALMAR LOS TERREMOTOS

En una pequeña hondonada escondida tras la calle Elvira, muy cerca del actual Postigo de la Cuna, existió durante siglos uno de los lugares más enigmáticos de Granada: el Pozo Airón. Un pozo extraordinariamente profundo al que generaciones de granadinos atribuyeron una función que hoy nos resulta sorprendente: permitir que la tierra «respirase» y, de ese modo, reducir la fuerza de los terremotos.
 
No era precisamente un pozo pequeño. Las antiguas descripciones hablan de una profundidad aproximada de 72 pies, más de 20 metros, con una boca de grandes dimensiones y paredes revestidas de ladrillo. Su antigüedad resulta difícil de precisar. Se ha planteado que pudiera tener origen prerromano, relacionado con la antigua Iliberri, aunque también existen teorías que sitúan su utilización o acondicionamiento en época musulmana. Lo que sí está documentado es que el Pozo Airón formó parte durante siglos de la historia de esta zona de Granada. (El Independiente de Granada)
 
Screenshot
 
🔴 UN POZO POR EL QUE «RESPIRABA» LA TIERRA
La parte más curiosa de su historia está relacionada con los terremotos. Según antiguas creencias, del interior del pozo salían corrientes de aire y, mientras permanecía abierto, estas permitían escapar los gases y las fuerzas acumuladas bajo tierra. Cuando fue cegado comenzó a extenderse entre los granadinos la idea de que se había cerrado precisamente una de las vías por las que el subsuelo podía liberar su energía. Ya en el siglo XVII algunos autores recogieron esta creencia popular y aseguraban que los vecinos relacionaban el cierre del Airón con la repetición de los temblores. (El Independiente de Granada)
El nombre tampoco estaba exento de misterio. Airón aparece asociado en distintos lugares de la Península a pozos, simas, lagunas y aguas profundas y se ha relacionado con una antigua divinidad prerromana vinculada precisamente al agua y al mundo subterráneo. Que el pozo granadino fuese realmente un lugar de culto a esa divinidad es mucho más difícil de demostrar, por lo que pertenece al terreno de las hipótesis históricas y de la tradición, no al de las certezas arqueológicas. (El Independiente de Granada)
🔴 1778: GRANADA QUIERE VOLVER A ABRIRLO
La leyenda adquirió especial fuerza en 1778, cuando una sucesión de terremotos provocó un enorme temor entre la población. Muchos vecinos abandonaron sus casas y hubo quienes reclamaron al Ayuntamiento que se volviera a excavar el Pozo Airón e incluso que se abrieran otros pozos y galerías para que la tierra pudiera «desahogarse». La petición llegó a estudiarse seriamente. (El Independiente de Granada)
El encargado de analizarla fue Gutierre Joaquín Vaca de Guzmán y Manrique, que elaboró un extenso dictamen sobre la utilidad de abrir el Airón para evitar terremotos. Su conclusión fue negativa. Con los conocimientos disponibles en el siglo XVIII razonó que, si los pozos realmente impidieran los movimientos sísmicos, lugares llenos de perforaciones no deberían sufrirlos. El Ayuntamiento decidió finalmente no reabrirlo. Era, salvando las enormes distancias con la sismología actual, una primera victoria de la razón frente a una creencia profundamente arraigada. (El Independiente de Granada)
 
🔴 UN RINCÓN QUE TODAVÍA RECUERDA AL AIRÓN
El viejo entramado urbano de esta parte de Granada cambió profundamente con las demoliciones iniciadas en 1895 para construir la Gran Vía. Desaparecieron numerosas calles y edificios y el Pozo Airón terminó perdiéndose definitivamente, aunque sobrevivió la pequeña hondonada del Postigo de la Cuna. En esta placeta, situada por debajo del nivel de las calles próximas y a la que se accede desde Azacayas, todavía se señala el lugar relacionado tradicionalmente con aquel antiguo pozo. (El Independiente de Granada)
 
Hoy el Airón ya no puede contener terremotos, como nunca pudo hacerlo. Pero su historia sí conserva algo muy granadino: el recuerdo de una ciudad que ha convivido durante siglos con los movimientos de la tierra y que, mucho antes de conocer fallas, placas tectónicas o magnitudes sísmicas, buscó explicaciones y remedios allí donde podía encontrarlos.
Y uno de aquellos remedios estuvo, durante siglos, escondido tras la calle Elvira.
Fuente principal: reportaje de Gabriel Pozo Felguera, El Independiente de Granada, 24 de diciembre de 2017. (El Independiente de Granada)

Enrique Fernández De Píñar Garzón