24 septiembre 2026

La historia la escriben los ganadores. Sin embargo, siempre quedan hechos innombrados en los márgenes de los cuadernos, palabras a medio borrar, frases inconclusas y, tirando de los hilos de la misma historia, van apareciendo sucesos que no fueron escritos.

Realidades que muestran al pueblo, que somos todos, incluso los ganadores, que las cosas fueron también de otra manera, que no todo está escrito, que no todo está en los libros, porque hay gentes que queman esos libros, otras impiden que se escriban, y por fin hay intereses efectos de la parcialidad de la historia, favorables a los vencedores, que obstaculizan llegar a la verdad, a la que desde la omnisciencia puede alcanzarse, o aproximarse algo más.

La semana pasada los familiares de Francisco, Brígida, Francisco José, Juan de Dios, Antonio y Victoriano recibieron los restos de estas personas, luchadoras por la libertad, también asesinadas donde Federico. La Universidad de Granada, la más sensible con la memoria histórica de España, lo hizo posible una vez más. Puede parecer que noventa años después poco importa recoger los restos de estos asesinados por el fascismo. No es así, además del derecho que tienen sus familias de poder enterrar a sus ascendientes, esta sociedad tiene la obligación de reconocer la otra verdad, de ponerla sobre el papel y completar la historia.

Granada fue cruel con quienes no se sublevaron contra el gobierno. Hoy hay quien quiere dejar a los muertos en las cunetas; no son sus muertos, evidentemente, son todos los demás. Es obligación moral de esta sociedad honrar a quienes un día pensaron distinto y fueron apresados, llevados a tapias y campos y fusilados, para ser después ocultados ante el futuro. Son muchos, demasiados, los que aún están en tierra desconocida. Es hora de dar paz a todos y aprender lo que no se sabe: No se puede volver a errar en lo mismo.