25 octubre 2026

«Historia del Atarfe de finales del siglo XIX.» por José Enrique Granados

La lectura de este texto publicado el 20 de junio de 1893 en El Popular, diario granadino independiente de la tarde, aporta unos datos muy interesantes para conocer la historia del Atarfe de finales del siglo XIX.
 
“Muy señor mio de toda mi consideración: Confiado en la rectitud y bondad de usted, así como en el derecho que la actual ley de imprenta me concede, espero merecer se digne usted insertar la siguiente contestación que doy a los informes que bajo el epígrafe «Los sucesos de Atarfe» publicó usted en su ilustrado periódico, no habiéndolo hecho antes por hallarme ausente en la Corte. Le anticipo rendidas gracias ofreciéndome a usted como atento s. s. q. b. s. m. FRANCISCO OSUNA.
 
Como el inventar mentiras y calumnias no cuesta dinero especialmente cuando se ostenta el título de corresponsal y de él se usa para designios maquiavélicos, para sorprender la buena fe del director de un periódico y desorientar por completo la opinión del público, el informante de EL POPULAR en el caso que nos ocupa, enristra su ya casi enmohecida péñola y sin encomendarse a Dios ni al demonio, escribe con la mayor frescura y descaro inaudito, lo que verá el curioso que leyere.
 
«Hace 14 años. dice, que estos vecinos estaban divididos en la política local, y durante esta época, vienen mandando los del partido Jiménez contra el gusto de los partidarios del de Osuna que jamás han podido vencerlos en elecciones ni en relaciones políticas. Con este motivo hace algunos años se ve a estos muy descontentos hasta el extremo de estar hoy dispuestos a poner en juego toda clase de medios para conseguir sus propósitos.
 
Aunque sea contra toda la fuerza de mi carácter y de mi gusto, el descoco de este mal aconsejado corresponsal me pone en la obligación y en la necesidad de hacer evidente que no sabe lo que se pesca, ni lo que se dice; y así lo haré, estableciendo un paralelo entre la gestión pública del señor Jiménez y la del que suscribe; pero antes advertiremos que cuantos datos se refieran a una y a otra Administración, pueden justificarse con documentos fehacientes donde fuese menester.
 
Administración y vida pública de Jiménez de Cisneros
Jiménez Cisneros viene figurando en política desde hace años; ya como concejal, ya como Alcalde, ya como Juez municipal. Cuando desempeñaba este último cargo, se vio sentado en el banquillo de los reos por abuso de autoridad. Los 14 años de su infausta administración fueron un tejido de abusos, escándalos y venganzas. Cada año aparecían multitud de fallidos en la contribución territorial. Llegó en esto alguna vez a la exorbitante suma de 6.000 pesetas y más. Como eran fallidos supuestos, esa suma de 6.000 pesetas correspondientes al 1886 a 87, no hubo más remedio que cargarlas al repartimiento territorial del 87 al 88; pero ¡ya se ve! en cuanto los contribuyentes se apercibieron de que la riqueza imponible se había aumentado por arte de encantamiento o de «birlo-birloque» pidieron certificación al señor Delegado de Hacienda y apareció el escándalo horroroso de haber dado de fallidos a primeros contribuyentes que tenían en su poder los recibos de haber satisfecho las cuotas respectivas.
 
Se pasó el tanto de culpa a los Tribunales; no pareció el expediente de tales fallidos y se hizo responsable al Secretario del, Ayuntamiento, cuñado de Jiménez Cisneros. Aquel tuvo que emigrar temiendo la acción de la justicia.
 
El Ayuntamiento de Jiménez Cisneros y Compañía, es la apoteosis del barullo, de la trampa y de la confusión. Ni los mismos concejales saben por donde va el carro de la pública Administración. Solo el alcalde lo sabe y algún confidente intimo del Alcalde. ¡Solo Dios es grande y Mahoma su Profeta! No se admiten preguntas, ni protestas. ni quejas. Dos veces en poco tiempo ha sido necesario acudir a la Diputación provincial. Esta mandó sus Delegados; estos a su voz instruyeron los oportunos cargos, no pequeñas faltas como dice el informante de EL Popular. El primero de los expedientes se perdió y no dudamos que se perderán en lo sucesivo. Remitimos a los lectores a cuanto ha dicho acerca de estos asuntos la prensa granadina.
 
Administración y vida pública del que suscribe
Su vida pública comprende 24 años; desde 1855 hasta el 79. En 1855 fue elegido concejal y se le nombró para el cargo de teniente de Alcalde. En 1856 fue nombrado cobrador de contribuciones y depositario municipal, cuyos cargos siguió desempeñando esta, el 1868 en que el Banco de España se encargó de la recaudación de contribuciones. EI Banco le expidió el mismo nombramiento; pero lo rehusó, y continuó en la depositaria del Municipio hasta el 1872, atendiendo a la estadística, a la contabilidad y a trabajos importantísimos como perito agrónomo, consiguiendo por esto último concepto que S. M. el Rey don Amadeo I diese una Real orden exceptuando de la venta pública a la Sierra de Elvira perteneciente al pueblo de Atarfe.
 
En 1874 fue elegido Alcalde Presidente que desempeñó por seis años consecutivos hasta el de 79, y en el ejercicio de cuyo cargo S. M. el Rey don Alfonso XII, en 28 de mayo de 1877 se dignó condecorarle con la Cruz de caballero de la Real y distinguida orden de Isabel la Católica. Durante los doce años que tuvo a su cargo la recaudación de contribuciones no se dio por concepto de fallidos en la territorial «ni un solo céntimo.» Durante los seis que fue presidente del Ayuntamiento, tampoco se dio el caso de fallido alguno, no obstante de que se intentó sobornar para que los hubiera.
 
Al hacerse cargo de la alcaldía en 1874, debía el pueblo de Atarfe veinticinco mil pesetas, y se halló el que suscribe con un presupuesto ilusorio que era imposible realizar. Pues bien a los tres años había nivelado el presupuesto y habían enjugado la deuda municipal; y entonces emprendió obras muy útiles para el pueblo: plantó árboles en los paseos y compró una casa escuela para niños. El día 4 de julio de 1879 pudo disponer de 21.000 y pico de reales en efectivo, de los que 40.000 se dedicaron a construir en la escuela de niños otra para niñas y 10.000 para emprender un nuevo panteón, restándole en las arcas del Municipio 1.000 reales, sin deberle a nadie ni un solo céntimo y sin gravar a la población con arbitrios extraordinarios de ninguna especie.
 
Tal es la notabilísima diferencia entre la gestión pública de Jiménez y la de Osuna. Y como aquél apoderose del pueblo para tratarle como a país conquistado y no haber hasta ahora fuerza humana que le obligase a dejar la vara de la alcaldía. sosteniéndose en todas las elecciones con atropellos,- chanchullos e infracciones de la ley, patrocinadas por ciertos caciques, de quienes también en diversas ocasiones se han ocupado los periódicos, llamando seriamente la atención del Gobierno, resulta que los vecinos del pueblo de Atarfe están cansadísimos de sufrir toda suerte de vejaciones; y por lo mismo es la cosa más natural del mundo que en actos de soberana injusticia como a todas luces quería hacer en la última subasta de consumos, la población, indignada, protestase más ó menos enérgicamente contra lo que real, verdadera absolutamente era insufrible.
 
La subasta de consumos
La subasta fue preparada a gusto del Alcalde; y el egoísmo, y la imprudencia y la obcecación del mismo Alcalde es lo que pudo originar un verdadero conflicto a esta pacifica población.
El día antes de la subasta era simple concejal Jiménez Cisneros. ¿Quiere decirnos el Jiménez con qué derecho el día de la subasta apareció figurando como Alcalde de Atarfe su pariente y mentor Jiménez de Cisneros? ¿Quiere instruirnos acerca de quién inventó los nuevos arbitrios que se trataban de imponer al pan y al aceite? ¿Puede negar que ese arbitrio se trató de imponer en la subasta de los años anteriores y que no lo pudieron conseguir porque el pueblo, indignado con justísima razón, protestó en masa exactísimamente como ha ocurrido ahora?
 
La subasta se hizo como la del año anterior, es cierto el pueblo acudió para protestar; el Alcalde mandó despejar el salón; como la concurrencia se resistiese a obedecer, que es lo que ocurre siempre que se dan órdenes injustas y mandamientos disparatados, es decir, que el superior no sabe mandar, y entonces el superior ni sabe, ni quiere ni puede obedecer, el cabo de la guardia municipal, tío del Alcalde, arrolló la gente a empujones, y como uno de los asistentes le dijera que no empujase, el cabo caló la bayoneta, y poniéndose en actitud de disparar, uno de los concurrentes le bajó la escopeta y el tiro dio contra el suelo; el público, indignado, arrojó una nube de piedras sobre el guarda que tan inconsideradamente pudo ocasionar multitud de desgracias y un día de verdadero luto para la tranquila población de Atarfe.
 
El Alcalde, dice la voz pública del pueblo, es el causante de todo lo que soy el primero en lamentar. Ya se les advirtió a las autoridades superiores, ya lo dijo la prensa en multitud de ocasiones, ya lo sabe el Gobierno; pero éste no ha querido basta ahora poner remedio, sin duda porque las presiones del caciquismo le estorban la acción que indispensablemente se necesita para que la gestión pública y marcha política del pueblo de Atarfe reciba el cambio que se pide por los secuaces de esta o aquella personalidad, sino por la inmensa mayoría de los vecinos, a quienes es ya en absoluto insoportable la marcha administrativa que, tergiversando los motivos y los sucesos, pretende, porque le interesa, defender el comunicado de “El Popular”
 
Granada 6 junio 1893. FRANCISCO OSUNA.
 
En la fotografía, plaza del Ayuntamiento años después de la escritura de este texto.
 
Gacetilla y curiosidades elvirenses