1 noviembre 2026

Se ha llegado al bibloquismo total. El PSOE ha negociado con Frente Amplio, última etiqueta en el eterno rebranding de la extrema izquierda (desde IU a Sumar a través de Unidas Podemos), para unir fuerzas en coalición conformando un Frente Popular

Después de una legislatura de bloques, se ha acabado cualquier simulación de la realidad: éstas ya no son elecciones de partido sino de derecha vs. izquierda, o izquierda vs. derecha, tanto monta. Se ha llegado al bibloquismo total. El PSOE ha negociado con Frente Amplio, última etiqueta en el eterno rebranding de la extrema izquierda (desde IU a Sumar a través de Unidas Podemos), para unir fuerzas en coalición conformando un Frente Popular. Y la derecha ultima a estas horas la réplica.

Estos cuatro años, de hecho, ya han escenificado esa realidad. O al menos relativamente. En puridad, la derecha obtuvo 170 escaños en 2023 frente a 152 de la izquierda. Era la suma de PP y Vox a un lado, y PSOE y Sumar al otro. Pero esos 170-152 constituyen un espejismo. La realidad es que a estos partidos se suma un amplio bloque nacionalista, soberanista o regionalista, en su mayoría vinculados a la izquierda, que incluye a Esquerra, PNV, Bildu y BNG, con 19 escaños. Eso elevaba sus 152 a 171. Pero la derecha cuenta también con Unión del Pueblo Navarro y Coalición Canaria, y por tanto era 172-171. El resto es historia. Faltaban siete escaños por repartir, correspondientes a Junts, con su líder fugado en Waterloo, y Sánchez ya había anunciado la misma noche electoral ‘Somos más’ atribuyéndose esos votos que en realidad no son de izquierda. Con lo que ganaban 178-172. Después se supo que ese ‘somos más’ obedecía a que Santos Cerdán, con intereses espurios para seguir en el poder que lo llevarían a la cárcel por corrupción, para entonces ya tenía muy avanzada la compra de esos votos al precio de la amnistía. Al ver el resultado, Coalición Canaria, que siempre acude en socorro del vencedor, se cambió de bloque.

Tras la investidura 179-171, Sánchez propuso levantar ‘un muro’, metáfora de ecos siniestros en la historia de Europa, promovido por la izquierda en la Guerra Fría, para aislar los dos lados. Y así se han ido consolidando los bloques, hacia el bibloquismo que va a disputar el poder el próximo 29N.

29N: Batalla final

La confrontación volverá a ser dura. Nadie cree que los sondeos reflejen el resultado final. El voto desaparecido de cierto votante de izquierda cansado de la corrupción y los abusos institucionales del sanchismo reaparecerá con una pinza en la nariz. Lo sucedido en 2023, con la estrategia muy competitiva de la izquierda, es la referencia.

Hoy, con los datos disponibles, el triunfo de la derecha parece casi seguro. Y hay algo más importante que los sondeos: estos últimos meses se han celebrado cuatro elecciones, en Extremadura, Castilla y León, Aragón y Andalucía. En todas ellas, el PP obtuvo triunfos rotundos. En términos de bloques, la derecha sobrepasa ampliamente el 50% e incluso llega al 60, y la izquierda oscila entre el 35-40. Es mucha distancia. Claro que hay otros territorios de muchos escaños, sobre todo Cataluña, que contribuye a volcar mucho el tablero hacia la izquierda.

Y esta semana se ha publicado una nueva edición del barómetro andaluz del Centra, que hasta ahora ha mostrado un rigor muy alejado de las malversaciones de Tezanos con el CIS, que parece despejar la hipótesis de que los pactos de PP y Vox vayan a pasar una factura elevada a la derecha como en 2023. No es así. El propio Juanma Moreno, tan reticente antes, ahora ya asume la realidad del bibloquismo vigente.

No es lo mismo

Sin embargo, se cometería un error usando el resultado de las elecciones andaluzas para anticipar el resultado de las generales. Al menos en Andalucía, eso no sirve. Y no es nuevo. Ya en 2023, la distancia del PP sobre el PSOE se quedó en 3 puntos en las generales, sin llegar a 150.000 votos. En las elecciones andaluzas el PP le había sacado 19 puntos al PSOE y setecientos mil votos de ventaja. Y volverá a ocurrir. Se vota distinto.

En el barómetro del Centra, cuando se pregunta qué partido puede solucionar mejor los problemas reales, en Andalucía la ventaja es de 10 puntos a favor del PP, pero si se pregunta por los problemas de España, esa ventaja se estrecha a la mitad, y se reduce a 5 puntos la distancia de los andaluces que creen que el PP mejor que el PSOE. Se vota de diferente manera porque se ve la realidad de distinta manera.

Es verdad que la situación política andaluza tiene una valoración notoriamente positiva; y, por el contrario, la situación política española es negativa para un 60% en tanto las opiniones positivas no llegan al 15%. La polarización, la crispación, no han deteriorado tanto la política andaluza al menos hasta ahora. Eso sí, los primeros meses del nuevo Parlamento andaluz de bloques advierten de un cambio. Los excesos indecorosos del vicepresidente de Vox esta semana, ante una izquierda que le falta el respeto sistemáticamente, apuntan a esa deriva.

Incertidumbre

Todo esto introduce incertidumbre. Los sondeos de los 200 escaños para la derecha son poco verosímiles. Claro que la posibilidad de que la izquierda retenga el poder ahora mismo está lejos. Pero hay partido. Y aunque no parezca muy determinante en el resultado final, esta vez se añade el factor ‘voto exterior’ que ha extendido la desconfianza después de que el Gobierno hasta ahora no haya podido acreditar que cumplan la ley más de un 0,3%. La sombra de un censo inflado ensancha la incertidumbre.

Sí parece que en general, y particularmente en el voto andaluz, el factor de los pactos con Vox tan movilizador en 2023 ahora parece muy amortizado, pero ¿hasta qué punto? En cambio, ha aumentado el factor agravio. En el barómetro, más del 50% de los andaluces considera que es injusto el sistema de financiación promovido por el PSOE, bajo la batuta de la andaluza María Jesús Montero además, y que debe ser rechazado. Esta misma semana se ha repetido con la vivienda: el Gobierno Sánchez premia a las comunidades afines con cualquier coartada. También en la dependencia. Y el agravio, cuando es real, tiene efecto. Así lo entendieron Chaves o Susana. Y el bloque sanchista, que ha quedado tan indisolublemente unido a los independentistas y nacionalistas catalanes y vascos, ha nutrido mucho descontento.

El resultado final del cóctel es incierto. El bloque de la derecha afronta el duelo con ventaja, pero ¿con qué margen real de fuerza.

Teodoro León Gross

FOTO: El portavoz parlamentario de Vox, Javier Cortés, en la sesión de control al Gobierno andaluz el pasado jueves. (EP)

https://www.ideal.es/andalucia/teodoro-leon-gross-fuerza-real-derecha-20261025232219-nt.html