25 febrero 2024

Pues aquí en Mallorca donde vivo, nos deja más de lo mismo de cada año pasado.

Pese a las restricciones a causa de la pandemia y las observaciones en cuanto a las pautas de comportamiento a seguir, nos hemos encontrado calas despobladas y sin guardar la distancia estipulada. Parques naturales arrasados por los coches de las turbas enloquecidas y sedientas de sol y playa. Todo colapsado por las hordas vikingas y nacionales. La actitud irresponsable y estúpida de la gente como si este fuese el último verano en el planeta Tierra. Suerte que la pandemia nos haría mejores.

Se me dirá que en España en general y Mallorca en particular se vive del turismo. Sí, pero un turismo sostenible y responsable con el medio ambiente. No un turismo masificado, desfasado y de borrachera. Vivir en una isla no es lo que la mayoría de la gente cree, coste de vida altísimo por otra parte, estamos hablando de un espacio reducido donde moverte y donde las infraestructuras no dan para tanto. Un ejemplo para entenderlo, una isla es como una copa de vino o de agua y tiene una capacidad limitada, cuando se supera el límite, se derrama. Esta isla ya no es la postal de antaño, un pequeño paraíso perdido en el Mediterráneo. Hace tiempo que la codicia, la ambición desmedida, la especulación salvaje de empresarios y políticos acabó con ella. Turismo sí, pero un turismo racional y equilibrado. Hace tiempo que la isla es la cantina y el estercolero de Europa.

Otra imagen veraniega nos transporta al aeropuerto de Kabul. Lo primero que llama la atención son grupos de talibanes armados hasta los dientes y tratando de invadir por las bravas un territorio e imponer su ley.Como siempre, la intoxicación mediática a que estamos sometidos, a ver qué medio da las imágenes más dramáticas, más conmovedoras y más dantescas con niños, mujeres y ancianos en primer plano tratando de huir del infierno. ¿Qué sabemos en realidad, no de la versión oficial que nos venden, de la verdad de lo que está ocurriendo en Afganistán en concreto?, ¿cómo se explica que un país que vive anclado en la edad media, aunque con internet eso sí, donde reina la miseria, disponga de armamento y explosivos y esté en conflictos permanentes?, ¿quién les suministra ese material bélico?, ¿cómo pueden ser tan hipócritas los que dirigen el cotarro mundial de apelar a la solidaridad del mundo cuando son ellos en las sombras los que orquestan todo esto?, ¿cómo se explica que sus hermanos de religión y lengua de los Emiratos Árabes que nadan en la riqueza y geográficamente estan próximos, miren para otro lado? Una cuestión es ser solidarios y otra que tengan la desfachatez de tomarnos por imbéciles.

Al mismo tiempo, hay un hecho incuestionable, ¿qué derecho tiene nadie a cuestionar la forma de vivir de otras naciones aunque sea diametralmente opuesta a la nuestra?, ¿dónde está el respeto y la tolerancia a la diversidad ajena de la que tanto nos jactamos y presumimos?, ¿acaso nos gustaría que otras naciones metieran las narices en nuestro país y en nuestra forma de ser y vivir? Y no se trata de insolidaridad, sencillamente bastante tenemos con nuestros problemas cotidianos para encima disfrazarnos de guerreros del antifaz y salvar al infiel.

Además de la pandemia latente, está por ver cómo y cuándo acabará esta pesadilla, de incendios forestales (con tanta tasa de paro no estaría de más limpiar montes mediante la creación de brigadas forestales) y desgracias originadas por fenómenos naturales, el verano nos deja una preocupante tasa de violencia callejera que va a más y que se está convirtiendo en una lacra difícil de controlar y erradicar porque es más fácil mirar hacia otro lado y no adoptar las medidas enérgicas por parte de las autoridades competentes, sólo la fuerza estrictamente necesaria.

Y para ponerle la guinda al pastel, la escalada del precio de la luz. Es un auténtico escándalo y desvergüenza la actitud adoptada por la clase política en general, de no defender los intereses de los ciudadanos que los han votado y colocado en las poltronas. Esa actitud despótica e hipócrita (esta es una forma indirecta de subir impuestos), este juego despreciativo de trileros (no sólo mantienen su estatus y poder económico, también es una forma de una vez jubilados y en agradecimiento a los servicios prestados a las grandes empresas, asegurarse una nueva poltrona en el consejo de administración y la correspondiente prestación económica). Y esa es su consigna política, todo por el pueblo pero sin el pueblo y que pague sus impuestos y calle.

Veremos que nos depara el otoño, seguro que más de lo mismo.

foto:Las aglomeraciones en la playa, típicas de la Revetla de Sant Joan en Palma, no se podrán repetir este año. | Jaume Morey

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