23 febrero 2024

Si aquellos descerebrados que una madrugada de mediados de agosto le quitaron la vida entre Víznar y Alfacar, lo hubieran imaginado, seguramente se hubieran disparado a sí mismos, porque aquellas balas asesinas fueron las que le dieron la vida eterna y mítica, de la que hoy gozamos todos.

El odio pronunciado de: «Dale café, mucho café», por un general golpista que aún hoy, para vergüenza de la España democrática, yace a los pies de La Virgen Macarena. El rencor de un comandante enganchado al bicarbonato sódico puro, que murió de Blenorragia y, la envidia recalcitrante de un tipógrafo, miembro distinguido de la CEDA, cuyas hijas se convertirían en grandes actrices y abominarían de él, hicieron que los astros se confabularan, para hacer posible que el crimen fuera en Granada… su Granada.

Existen pocos ejemplos en el mundo de que, una perdida tan incomprensible, continúe siendo llorada con tal magnitud extrapolable a todos los rincones del mundo. Incluso aquellos que nunca le conocieron, ni lo leyeron, siente admiración por él, al pensar en su injustificada muerte, y todos cooperan para que su obra sea inmortal y su vida, un ejemplo vigente de lo que nunca debió suceder.

‘Granadavueve»

La otra mañana me acerqué con mi hijo Víctor – como hacemos periódicamente – a la Casa García de Viedma en Armilla, a ver con qué exposición nos sorprendían esta vez, y la sorpresa fue reconfortante. El grupo «Granadavueve», cuelga sobre sus encaladas paredes, una magna exposición fotográfica de altísimo nivel, centrada en la obra de Federico. Cuando vas subiendo las escaleras, ya escuchas de fondo la voz inconfundible de Lola Flores, recitando como nadie a García Lorca, bueno como nadie no, porque yo he tenido la enorme satisfacción de escuchar sus poemas en la garganta de Curro Albayzín, y eso es canela en rama. Nada más entrar a la sala, un mural escrito por mi admirado, Joaquín Alfredo Abras Santiago, Cronista Oficial de su Lucena natal, nos predispone a degustar con la magia y el embrujo de la fotografía artística en blanco y negro, a un Lorca clásico y a la vez moderno, actual, con su mensaje intacto y proyección inabarcable. Foto a foto, como si de un juego divertido –como le gustaba a Federico- el que admira, se adentra en el mensaje plástico y literario que sucede en maridaje perfecto, cuando las bellas artes se cruzan y entremezclan, con un mismo fin: Engrandecer la creación artística, rindiendo público homenaje a quién nos convoca, a través de su mensaje imperecedero

La muestra se complementa con la proyección audiovisual de las pocas imágenes que tenemos de Federico vivo, aquel hombre alegre y divertido, que con «La Barraca», siguiendo la enseñanza de su mentor, Fernando de Los Ríos, ( Juan ) para la logia masónica, «Alhambra de Granada» de la que formó parte desde 1926, llevó el teatro itinerante, por todos aquellos rincones de la España ineducada.

Es puro teatro

Agonizaba la década de los años sesenta del siglo pasado, cuando un puñado de «Teleclub» granadinos, decidimos organizar una semana de teatro, en el seminario menor de la placeta de Gracia, en cuyo programa no podía faltar una obra de Federico. Aquel fue un acontecimiento importantísimo, en el que la Granada teatral pretendía dar un golpe en la mesa, burlando – en la medida de lo posible- a la censura, ejercida entonces por el delegado del ministerio de Información y Turismo, cuya oficina estaba en la primera planta del edifico en el que una placa, nos recuerda al gran, Álvaro de Bazán, señor de la mar océana, jamás vencido. El teleclub del Albayzín puso en escena una obra de los hermanos Quintero, dirigidos por, De Vicente. El de Haza Grande, donde yo participaba, más comprometido eligió para la ocasión, «El Tintero» de Carlos Muñiz, dirigida por Antonio Velasco, pero el de Cacín, se empeñó en Lorca, y montaron con esmero, «La Zapatera Prodigiosa». El asunto es que, en este caso, ya no solo había que soslayar al censor, sino a la propia familia de García Lorca, que por aquellos años, tenía prohibido que se representara cualquier obra de Federico, en la ciudad que lo vio nacer, y lo que es peor, morir. Para lograr el permiso de los García Lorca, una comisión se desplazó a Madrid, para hablar personalmente con Isabel, la hermana pequeña del poeta, con tal suerte, que los comisionados, volvieron con la autorización a Granada, pero eso sí, acatando las condiciones impuestas por la familia del poeta. La obra se representaría, una sola vez, un solo día, y con un horario absolutamente acotado, en una horquilla de solo dos horas vespertinas. Aquella vez, fue la primera en que muchos granadinos vieron una obra de Lorca sobre el escenario.

La música

El pentagrama ha tenido como fuente de inspiración a Lorca, desde conocida su obra o su trágico final. Hasta la fecha han sido innumerables los músicos que se han basado en la obra lorquiana, para rendir homenaje a tan alto creador, hecho desaparecer por la fuerza de las armas, cuando su obra ya volaba sola por el cielo infinito. Hasta el próximo sábado en el Teatro Real de Madrid, se representa con rotundo éxito, «El Abrecartas», ópera del bilbaíno, Luís de Pablo, quién desgraciadamente, no podrá presenciar el estreno de su homenaje a Lorca, porque ha fallecido hace unos meses, cuando ya había conseguido poner su proyecto en pie, tras cinco años de trabajo. Han pasado 86 años de su asesinato y, Lorca está más vivo que nunca. Larga vida a Federico.

TITO ORTIZ Cronisfa oficial de la Ciudad de Granada
https://www.ideal.es/granada/lorca-eterno-inalcanzable-20220220184542-nt.html?vli=su_plant-c-not_13&vca=1001-100-diaria_manana_granada_0160&vso=nw&vmc=diaria_manana_granada_0160&vus=_guid_Ly4QnLjZpHbQuHJwzGdeNA==&j=189388&sfmc_sub=27453620&l=140_HTML&u=6412433&mid=510003051&jb=1
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