24 febrero 2024

El 72% de los que lo suprimen no tiene razones médicas

Toda modificación que hagamos en nuestra dieta va a tener un reflejo en nuestra salud: si de repente dejamos al cuerpo sin una serie de nutrientes o sustancias que estaba ‘acostumbrado’ a recibir, este trata de compensarlo de maneras que, a veces, ni imaginamos, porque son algo enrevesadas. Por eso, antes de hacer una dieta de exclusión –es decir, de prohibirnos el consumo de algún grupo de alimentos– deberíamos consultar a un profesional, a no ser que lo que vetemos sea algo evidentemente prescindible y contrario a una alimentación sana, como la bollería, las bebidas azucaradas, el alcohol o los ultraprocesados.

Salvo en estos casos, con el resto de exclusiones podemos desencadenar una serie de repercusiones perjudiciales. El caso más llamativo es el del gluten. De un tiempo a esta parte se ha puesto de moda dejar de tomarlo. Y decimos moda porque muchos de los que han prescindido de él no lo han hecho por prescripción médica –a causa de una intolerancia o alergia–, sino influidos por el boca a boca. «Toda dieta de exclusión supone una carencia de nutrientes que el médico debe equilibrar de alguna manera», recalca la doctora Eva Arraz, experta en medicina de familia, quien apunta que el 8% de la población afirma llevar una dieta sin gluten y la mayoría, un 72%, lo hace por su cuenta, sin motivo médico alguno, según una investigación de la Fundación MAPFRE y la Academia Española de Nutrición y Dietética.

«¡Pero es que sin gluten mejoro!»

Es muy frecuente que las personas sanas que se quitan el gluten ‘noten’ una mejoría en su salud. «No hay evidencias científicas de que esto sea así –recalca Eva Arranz–. Lo que ocurre es que suelen reducir la ingesta de bollería y de pan y optan por opciones más saludables.Según el doctor Giusseppe Russolillo, presidente de la Academia Española de Nutrición y Dietética, solo un médico puede «establecer el diagnóstico adecuado y, en caso de precisar un tratamiento dietético individualizado, hay que contactar con un dietista-nutricionista o con un médico especialista en endocrino y nutrición». Es decir, lo que comemos o no no es un juego.

A bote pronto, podríamos pensar que, básicamente, lo que va a notar una persona sana que prescinda del gluten es, simplemente, un mayor gasto a la hora de llenar el carro de la compra (los sustitutivos son más caros). Pero, tal y como apunta la experta, hay otras consecuencias, quizá no tan visibles, que deberíamos tener en cuenta.

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Pérdida de nutrientes necesarios

Prescindir del gluten puede conllevar una menor ingesta de fibra, vitaminas D, B12 y folatos, así como de hierro, zinc, magnesio y calcio. Quienes lo hacen por razones médicas equilibran estas carencias potenciando en su dieta alimentos que aportan estos nutrientes o tomando suplementos, pero si lo hacemos por nuestra cuenta y riesgo no vamos a incluir ese contrapeso. «Es que normalmente, la gente que deja el gluten sin motivo tampoco está muy informada», desliza Arranz. Como para preocuparse de equilibrar…

Además, hay otro factor que lo hace preocupante: más del 70% de las personas que se quitan el gluten sin motivo hacen extensible esta restricción a toda su familia. Claro, creen estar haciendo un bien… «Esto es preocupante, ya que quitarles nutrientes a los niños multiplica los riesgos porque están en una etapa de desarrollo y adquiriendo hábitos alimentarios para el futuro, de forma que es fácil que ya identifiquen el gluten como algo malo para siempre», argumenta.

2

Mayor consumo de grasas saturadas

Hay un dicho que advierte de que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. Y esto pasa con el gluten. «La gente que lo excluye lo hace porque tiene una preocupación por la salud. Y esto es positivo, claro. Lo que ocurre es que hay que excluir lo que no es saludable o nos sienta mal… no cosas que no son ni una cosa ni otra. Es el problema de meter todo en el mismo saco», indica la doctora. Encima, paradójicamente, intentando ser más saludables, caemos en hábitos muy poco recomendables: «Hay estudios que relacionan el hecho de dejar de tomar gluten sin motivo con un aumento del consumo de grasas saturadas y parcialmente hidrogenadas. Es porque se tienden a sustituir esos productos con gluten por ultraprocesados. También se relaciona la exclusión del gluten con una menor ingesta de cereales enteros y, por tanto, de fibra», explica.

3

Enmascarar dolencias

Además de las repercusiones físicas directas, hay un tercer ‘peligro’. «Si tenemos alguna molestia y la atribuimos al gluten y nos lo quitamos sin ir al médico podemos estar ignorando una dolencia real que estaría sin tratar. Esto pondría en apuros a los médicos cuando llegase la hora de descubrir qué nos pasa», advierte Arranz.

Lo que sí se puede eliminar sin más

Lo del gluten (inofensivo si no nos da problemas) es un caso raro: normalmente lo que se quita la gente son las opciones realmente poco saludables. Estos son los ingredientes o sustancias que más vetamos los españoles de la dieta: aceite de palma, grasas hidrogenadas o trans (88%), aditivos (77%), bebidas edulcoradas(75%), bebidas azucaradas (72%), bebidas con alcohol (63%), galletas, bollería y dulces (61%).

SOLANGE VÁZQUEZ

FOTO: HIGINIA GARAY

 

 
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