ATARFE: «Anales de la eterna polémica» por Miguel Ignacio Prados Osuna
Entre olvidos de la Historia y que, por supuesto, generó polémica, por lo confuso de los términos de expresión de cronistas árabes, es el lugar de ubicación de Elvira, confuso porque con los ojos de aquel presente no hubo distinción en lo político o histórico-cultural, pero sin lugar a dudas sí en lo geográfico y de ahí la polémica en los ojos del presente.
Fue Elvira la Almedina, es decir, la capital del distrito del mismo nombre, ello por supuesto al momento inmediatamente anterior al estado o reino independiente que sobre las ruinas del imperio omeya fundaron la berberisca tribu de los Ziritas. Posteriormente, en el año 400 de la Hégira, se pasaría la soberanía a la actual Granada, motivado ello por la guerra civil de los berberiscos; la Granada geográfica de hoy no era sino un barrio o arrabal de la Almedina.
Estos señores de la guerra, llamados Ziríes o Ziritas, se declararon independientes a primeros del siglo XI, su guerra civil destruyó por completo Elvira la Omeya, convirtiéndola en un desierto; el motivo del traslado, propiciado por la total destrucción, fue sin duda las posibilidades de fortificación que le ofrecía la actual Granada contrariamente a la antigua Elvira.
Fue el Zirita Sinhachí quien fortificó y fundó la actual Granada (Ben Aljatib, el Idrisi y Ben-Alguardi).
Estos tres cronistas, de rigor histórico de época, son recogidos por Lafuente Alcántara. Granada como tal aparecía en los cronistas como arrabal o suburbio de Elvira, se anteponía el vocablo Urbs o Medina para identificar la ciudad, y en múltiples pasajes de la historia del reino de Granada se identifica a Elvira como la Medina y Garnata un simple suburbio o parte integrante de aquélla, como tal arrabal y, por supuesto, posterior heredera de sus gentes, de sus cultura y de su historia tras su destrucción geográfica.
Todo ello quedaría en simples suposiciones, si no fuera por el apoyo de cronistas e historiadores de la época.
Así, el historiador muladí Ben-Alcutía, en la crónica de Táric, nos dice que «éste mandó un cuerpo de su ejército a Medina Elvira y Granada». Aparece ya aquí la dualidad y denota la diferencia entre ambos núcleos geográficos por un lado, y por el otro, es decir, por el político, al carecer Granada del apelativo Medina, queda identificada como arrabal o barrio frente a la gran ciudad
Y para más abundamiento en la propia crónica encontramos la frase: «Unióse después con el ejército de Granada y sitiaron su medina» (ben Alcutia, Rasis, benHixem). La conquista árabe se encuentra con la alcazaba-el baluate o residencia del conde o gobernador militar godo- en Elvira, por ello los conquistadores árabes la equipararon con rango de Illiberi, es decir, capital de toda la provincia. Esta capitalidad que les es heredada de los godos, se mantiene con los omeyas hasta la entrada en escena de los Ziríes.
Concuerdan con este importante punto Ben Alcutía, los demás autores árabes primitivos Rasis, Ben Hixem, etc.
La descripción que hace Ben Aljatib de su patria no puede ser más explícita cuando nos dice «es una ciudad enclavada en la Cora de Elvira, una de las más extensas de toda España, y como el centro de las ciudades sometidas por la conquista. En la historia de los griegos fue conocida por el Sanan -joroba de camello- de Andalucía». Para los que conocemos la zona, no exista más joroba de camello que los conocidos morrones de nuestra Sierra de Elvira.
Quiero con esto llegar a tiempos más remotos, pues si nos encontramos con la Iliberi Goda, como tal, sin aún la existencia de una medina o Ubrs en donde hoy lo está Granada geográfica, sin crónicas históricas que lo contradigan, sin lugar a dudas esa Iliberi fue la heredera de la antigua ciudad romana, que en los primeros años del siglo IV reinando Constantino concentrara a 19 obispos cristianos, promulgadores de los ochenta y un capítulos del Código Iliberitano.
No quiero traer a colación la polémica de los yacimientos, pero desde la llamada zona del Cortijo de las Monjas hasta el Cortijo de Marugán, posiblemente en este lugar por la gran riqueza de los hallazgos, en cantidad y calidad, brazaletes y anillos de oro, monedas, etc., se ubicó el centro de la gran urbe romana.
Llamo la atención de la diferencia de criterios que al efecto tienen los historiadores Leopoldo Eguílaz Yanguas y Lafuente Alcántara, para el primero la gran riqueza de los hallazgos así lo evidencian concretamente en las excavaciones en Cortijo de Marugán; para el segundo, que quizás, no tuvo conocimiento de estos hallazgos, la pobreza de los utensilios encontrados en Cortijo de las Monjas, le llevan a creer que en la zona jamás pudo haber una gran urbe, sino una paupérrima ciudad o aldea. La evidencia está clara si en Marugán apareció tanta riqueza, y para uno y otro historiador las riquezas de los yacimientos arqueológicos evidencian la ubicación de una ciudad rica y potente, es más claro que la metrópolis Ilíberis lo estaba en las inmediaciones del Cortijo de Marugán en el término municipal de nuestro pueblo.
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