«Apuntes de la Semana Santa atarfeña y otras manifestaciones religiosas» por María Victoria Correa Aguilar
Este artículo recoge un avance preliminar de un estudio más ambicioso, cuyo objetivo es dar a conocer a través de la tradición oral y los escasos documentos que se conservan, las diversas manifestaciones culturales y religiosas de Atarfe.
Muchas han sido las manifestaciones religiosas de nuestro pueblo que han ido desapareciendo con el paso de los tiempos y que en su época eran grandes acontecimientos festivos para la vida de sus habitantes. De las más antiguas que conocemos por tradición oral eran las que se celebraban durante la Semana Santa y la fiesta de la Candelaria.
Según nuestros mayores, ambas fiestas se celebraban con gran esplendor. Sabemos que en el año 1839 se realizaba una camisa que llevaba bordado en su bajo esta fecha para el desfile procesional de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Soledad. El mismo, se realizaba el Jueves Santo. Al salir del templo, las imágenes se separaban.
Nuestro Padre Jesús Nazareno hacía su recorrido por las callejuelas y Nuestra Señora de la Soledad por la calle Real. Ambas imágenes se encontraban en la plaza del Ayuntamiento y era en este lugar donde la procesión alcanzaba el momento más sublime y emotivo de todo el recorrido: “la bendición del pueblo”.
Nuestro Padre Jesús Nazareno es una imagen que tiene uno de sus brazos articulados y separándolo de la Cruz, bendecía a todos los asistentes en medio de un gran silencio y fervor. Después volvían juntas hasta la iglesia parroquial de la Encarnación.
También se celebraba en la madrugada del Viernes y Sábado Santo un Vía Crucis.

A finales del siglo XIX un grupo de Hijas de María de nuestro pueblo se reúnen en el taller de Doña Micaela y bordan en oro un precioso manto de terciopelo verde para una talla de la Virgen de la Candelaria, que realizaba su desfile procesional el 2 de febrero, vestida con manto azul.
Esta misma imagen durante la Semana Santa se viste con rostrillo y el manto verde bordado por las jóvenes del pueblo y acompañará a Nuestro Padre Jesús Nazareno bajo la advocación de Nuestra Señora de la Esperanza.
Esta cofradía, pasa a hacer su estación de penitencia el Miércoles Santo. La imagen de Nuestra Señora de la Soledad, que acompañaba al Nazareno pasa a realizar la Virgen de la Candelaria, la cual procesionó bajo la advocación de Nuestra Señora de la Esperanza estación de penitencia el Viernes Santo, acompañada de San Juan y una gran cruz de madera con la sábana del Descendimiento, sobre los brazos de la cruz.
Las cofradías establecidas en Atarfe, cambian continuamente de día de salida. Así por ejemplo, en el año 1944, el Domingo de Ramos, hace estación de penitencia Nuestra Señora de la Esperanza. El Viernes Santo, a las 6.30 de la tarde sale en estación de penitencia el Via-Crucis y a las 9.30 de la noche, Nuestra Señora de la Soledad. En el año 1953, la Virgen de la Esperanza y la Soledad de Nuestra Señora, siguen saliendo respectivamente el Domingo de Ramos y el Viernes Santo, incorporándose a las celebraciones de Semana Santa, la salida procesional de Nuestro Padre Jesús Nazareno, el Lunes Santo.
En el 1955, se produce una fusión de cofradías, saliendo a la calle el Domingo de Ramos, Nuestra Señora de la Esperanza y Nuestro Padre Jesús Nazareno. Todos estos desfiles procesionales, dejan de celebrarse en la década de los años 50.
Otra de las manifestaciones religiosas de Atarfe aunque menos antigua que las anteriores, era la procesión del Señor en Público. La primera vez que se realiza es el Domingo de la Santísima Trinidad, en el año 1913. El Santísimo bajo palio era portado por el sacerdote por todas las calles del pueblo, para llevar la comunión a enfermos e impedidos. Atarfe amanecía ese día como un vergel. Calles engalanadas por los vecinos durante toda la noche; hierba fresca como una alfombra verde las cubre; arcos de palmeras, macetas de flores en las fachadas y rincones, y un altar en cada una de las puertas donde el enfermo recibía la sagrada comunión.
Era una festividad que unía a todos los vecinos para engalanar las calles en honor del Santísimo Sacramento. Este acto religioso deja de celebrarse durante la década de los

60.
Podríamos seguir recordando algunas más. Los rosarios de la Aurora que se realizaban en el mes de mayo, donde se bendecían los campos, o la consagración de Atarfe ante la imagen del Corazón de Jesús, ubicada en el Paseo de Santa Ana.
Algunas de estas imágenes viven en el recuerdo de los más mayores, otras están en la memoria de las personas de mediana edad, pero por desgracia, no hemos sabido conservarlas para que pudiera conocerlas nuestra juventud. Quizá sea hora, de preguntarnos el porque han ido desapareciendo nuestras manifestaciones externas de fe: ¿estaban arraigadas en el pueblo, como signo de expresión cristiana? ¿se interpretaban como signo de todo un pueblo, o de una parte del mismo?, ¿eran signos de fe o causas de disgustos y divisiones?
Analicemos nuestra historia, para que el pueblo de Atarfe, no siga perdiendo, lo poco que le queda de patrimonio histórico, cultural y religioso.
