El mundo se acerca a un umbral climático clave y podría superarlo antes de 2030, advierte un informe europeo

Un nuevo informe climático advierte que el planeta se aproxima a un umbral clave antes de que termine la década. Las señales ya son visibles en temperaturas récord, eventos extremos y regiones que se calientan más rápido que el promedio. Lo que está en juego va mucho más allá de un número simbólico.

Durante años, el calentamiento global se presentó como un riesgo a largo plazo. Hoy, los datos muestran otra realidad: el planeta se mueve a gran velocidad hacia un límite climático que científicos intentaron evitar. Las últimas mediciones revelan que el margen de maniobra se reduce y que los impactos ya afectan la vida cotidiana, especialmente en regiones altamente vulnerables.

Un umbral climático que deja de ser una advertencia

El límite de 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales fue establecido como una referencia clave para evitar los efectos más severos del cambio climático. Sin embargo, los registros recientes indican que ese valor ya no es solo una meta lejana. Según el Servicio de Cambio Climático Copernicus, programa de observación de la Agencia Espacial Europea, las temperaturas medias globales de los últimos años se ubicaron peligrosamente cerca (e incluso por encima) de ese umbral.

Las proyecciones actuales señalan que, si no se produce una reducción drástica de las emisiones de gases de efecto invernadero, el planeta podría superar de manera sostenida ese límite antes de 2030. Este escenario marca un punto de inflexión, ya que no se trata de un símbolo político, sino de una frontera asociada a cambios físicos concretos en el sistema climático.

Por qué cada décima de grado importa

Superar los 1,5 °C no implica un salto repentino, sino una intensificación progresiva de fenómenos extremos. Especialistas advierten que cada fracción adicional de calentamiento aumenta la frecuencia y severidad de olas de calor, lluvias intensas, sequías e incendios forestales.

El informe más reciente de Copernicus sitúa la temperatura media global en torno a 1,47 °C por encima del nivel preindustrial y ubica a 2025 entre los años más cálidos jamás registrados. Esto convierte al período 2023–2025 en el primer trienio con valores persistentemente cercanos o superiores al umbral acordado, una señal clara de que el sistema climático está entrando en una fase crítica.

 
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©Vadim Braydov -Pexels

Océanos, hielos y señales que ya no se pueden ignorar

Los efectos del calentamiento no se limitan a la atmósfera. Los océanos alcanzaron temperaturas superficiales récord, alterando ecosistemas marinos y favoreciendo eventos extremos. El blanqueamiento de corales y la intensificación de tormentas son algunas de las consecuencias directas.

En paralelo, las capas de hielo en los polos continúan perdiendo masa de forma sostenida, contribuyendo al aumento del nivel del mar. Estos procesos, una vez activados, resultan difíciles de revertir y generan impactos acumulativos que afectan tanto a sistemas naturales como a comunidades humanas costeras.

El Mediterráneo, un foco de calentamiento acelerado

Dentro de este panorama global, Europa (y en particular la región mediterránea) aparece como uno de los puntos más sensibles. Los datos indican que esta zona se calienta alrededor de un 20 % más rápido que el promedio mundial, lo que intensifica la sequedad, las olas de calor y el riesgo de incendios forestales.

España ofrece un ejemplo claro de esta tendencia. Los registros meteorológicos muestran que 2025 fue el verano más cálido desde que existen mediciones sistemáticas, con temperaturas medias récord y múltiples episodios de calor extremo. Estas condiciones no solo afectan al ambiente, sino también a la salud pública, la disponibilidad de agua y la estabilidad de sectores productivos clave.

Riesgos acumulados y efectos en la vida cotidiana

El calentamiento prolongado por encima de 1,5 °C incrementa la probabilidad de enfrentar múltiples riesgos al mismo tiempo. El IPCC advierte que escenarios con mayor calentamiento elevan la inseguridad alimentaria por el impacto en la agricultura, aumentan la mortalidad asociada al calor extremo y ejercen una presión creciente sobre los ecosistemas.

En países del sur de Europa, estos efectos ya se traducen en pérdidas económicas significativas y en un aumento de los riesgos con baja reversibilidad, como la erosión costera, la salinización de acuíferos o la degradación de suelos. A esto se suma el impacto sanitario: las olas de calor prolongadas afectan especialmente a personas mayores y a quienes padecen enfermedades crónicas.

¿Aún hay margen para cambiar el rumbo?

Aunque el objetivo del Acuerdo de París parece cada vez más difícil de cumplir, los científicos coinciden en que actuar ahora puede reducir daños futuros. Limitar la duración y la magnitud del calentamiento sigue siendo crucial para evitar escenarios más severos.

La aceleración de las energías renovables, la mejora de la eficiencia energética y una planificación urbana adaptada al clima son algunas de las estrategias señaladas como prioritarias. También lo es la adaptación: preparar a las comunidades para convivir con un clima más extremo puede marcar la diferencia entre impactos manejables y crisis persistentes.

El mensaje central es claro: cada décima de grado cuenta. Cuanto más tiempo permanezca el planeta por encima del umbral crítico, más difícil será evitar que fenómenos que hoy ya se sienten se conviertan en la nueva normalidad para millones de personas en todo el mundo.