1 febrero 2026

De entre las obligaciones de un padre con hijas en edad escolar está la de dedicar unos minutos de la jornada a practicar la lectura, con el fin de crear una rutina que termine por convertirse en una necesidad.

La necesidad de sumergirse en el maravilloso mundo de la literatura, del que hoy día —no nos engañemos— mi hija de ocho años aún está lejos, pues para ella coger un libro y dedicar unos minutos de la tarde a leer se convierte, en un auténtico suplicio.

A lo largo de esta pequeña odisea hemos ido probando todo tipo de lecturas, en busca de despertar ese apetito lector que parece resistirse. Actualmente nos encontramos inmersos en Lecciones de poesía para niños y niñas inquietos, de Luis García Montero, nuestro poeta granadino de cabecera, que con este libro tiende puentes entre generaciones lectoras.

Hace unas tardes, en una de nuestras sesiones, nos topamos con un párrafo que, sacado de contexto, podría parecer trivial. Pero dame un momento y entenderás el porqué de este artículo. El texto decía así:

«…También es lógico que nos entren ganas de reír en las situaciones más serias, cuando a los mayores se les pone la cara como un melocotón y empiezan a discutir por cuestiones de dinero o de política».

Al llegar a este punto, mi hija —que normalmente encuentra cualquier excusa para levantar la mirada del texto— se detuvo, alzó la mirada y, con una mezcla de sinceridad e inocencia, me preguntó:

—Papá, ¿qué es la política?

Y yo, que suelo tener respuesta para casi todas sus dudas, me vi esta vez ante una inesperada introspección. En mi cabeza no aparecía ninguna definición rápida, más que el continente, se me venía el contenido más deleznable: Trump, Feijóo, Abascal, Milei, Meloni… Sin recursos fáciles, opté por ganar tiempo y devolví la pregunta con un comodín familiar:

—¡Mamá! (véase que así llamo a mi esposa), dice Julia que qué es la política.

Ella, rápida y con esa claridad que le caracteriza, respondió:

—Julia, la política es la encargada de crear las leyes y las normas por las que nos regimos como ciudadanos.

Esto me llevó a nueva reflexión en la que comprendí que, pese a la desafección que rodea hoy a muchos políticos, la política es algo que debemos enseñar con respeto y esperanza. Que nuestras hijas aprendan qué significa participar, cuestionar y decidir.

Que desarrollen pensamiento crítico para vivir en la democracia que merecen y no dejar que otros impongan sus ideas sin discusión. Padres y madres, estad preparados: vuestras hijas os harán preguntas que no siempre tendrán respuestas fáciles. Sirva el presente artículo como advertencia, ya no valen lamentaciones. Y, mientras mi hija vuelve a su libro y yo con ella, pienso que quizá, después de todo, esta es la mejor manera de aprender sobre política: leer juntos, conversar, y dejar que la curiosidad inocente de una niña me enseñe más de lo que yo podría enseñarle.

FOTO: PLENO INFANTIL EN EL CONGRESO DE DIPUTADOS