«PERDIENDO CON ALEGRÍA» por Remedios Sánchez

“En política sólo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire; jamás quien pretende que sople el aire donde pone la vela”, afirmaba don Antonio Machado, bien resguardado en su heterónimo Juan de Mairena.

Es curioso que una frase tan rotunda y tan clara no la comprendan los políticos españoles; le pasó ya a Guardiola en Extremadura, y ayer perseveró Azcón: unas elecciones anticipadas que sólo han supuesto otro espaldarazo para un partido que vive tan al límite de lo constitucional como es Vox.

Es decir, que los experimentos podían hacerlos con gaseosa, evitando estas situaciones que acrecientan la sensación de deriva con este avance de la ultraderecha radical. Porque el objetivo principal, Pedro Sánchez, se mantiene incólume en su precario equilibrio en el alambre del que van cayendo, sin prisa pero sin pausa, cada uno de sus acólitos predilectos.

En este momento se evidencia más que nunca que el error primigenio estuvo en erradicar cualquier disidencia interna del PSOE de centro‑centro, en convertir el sanchismo en una religión monoteísta por la que se inmolan, en toda la geografía patria, estos meses, exministros venidos a más y otros colaboradores de proximidad. La siguiente será María Jesús Montero. Todos ejercen de heraldos negros de un final predecible que se desarrolla por etapas, de las que nadie parece aprender para buscar un cambio del modelo en el liderazgo.

Por razones que no se atienen a ninguna lógica comprensible, la situación se parece cada vez más al archiconocido final de ‘Thelma y Louise’; es decir, que aunque el destino sea un precipicio y las posibilidades de supervivencia nulas, escogen acelerar. Por ver qué pasa.Mientras, Pedro cree que él acabará resistiendo nuevamente, de alguna manera misteriosa.

Pero salvarse no debiera identificarse con mantenerse como candidato ni, incluso, con alcanzar una quimérico triunfo frente a Feijóo. Salvarse sería no continuar dinamitando el partido que lo escogió secretario general (con el tiempo se sabrá cómo) ni malversar un legado histórico que identifica a quienes supieron actuar con generosidad y compromiso en momentos primordiales en la construcción democrática. Para quienes lo hayan olvidado, se llamaba PSOE, y se parecía poquísimo a este otro, con Óscar Puente y adláteres siempre dispuestos a la confrontación con quien sea, amigo o enemigo; basta seguir el discurso y las formas de todos para entender por qué Abascal que se frota las manos mientras agita el avispero. En este contexto, los resultados de Aragón no parecen tampoco una victoria del PP:

Azcón y los populares tendrán que gestionar un futuro incierto dependiente de la chulería de Vox, que es bien distinto. Pero, de entre todos, quien ha fracasado completamente ha sido Pilar Alegría. Viendo ayer los resultados recordé a ese gestor público honorable que fue Javier Lambán precisando las características imprescindibles para el futuro líder o lideresa socialista baturro; afirmó textualmente que debiera ser una persona “bien avenida con la verdad, que tenga principios, que no sea un simple transeúnte ventajista de la política, sino que realmente venga a la política a aportar lo mejor de sí mismo y a que la sociedad a la que pertenece crezca”. Gestionar la derrota, una más, podría resultar menos agónico si se permitiera de una santa vez a los socialistas tomar las riendas y se abandonara la obstinación ridícula de seguir poniendo velas donde nunca soplará ni una ligera brisa.