«LA SALUD BIEN, GRACIAS» por Remedios Sánchez
Con la cantidad de cosas que hay que hacer, y hay que ver lo aburrido que está el personal.
Esos medios que han hecho del amarillo su color predilecto andan analizando ahora los supuestos problemas de salud de Pedro Sánchez, aplicando esa fórmula que se les da tan bien: lanzar bulos. Lo cual que, como por lo visto no existe un argumentario que permita criticar el modelo gestor sanchista, han ido al bulto: a inventarse enfermedades posibles, por intentar conciliar el deseo con la realidad. En esta senda entre lo irracional y lo vergonzante han entrado también sus señorías del Congreso de los Diputados, que a veces dan la impresión de vivir en una serie tipo ‘House of Cards’ mientras la ciudadanía ejerce como mera figurante, aunque sea, curiosamente, la que los escogió para resolver la problemática que afrontamos.
Por eso resulta sonrojante que, con la gravedad de los constantes casos de corrupción, mientras los derechos esenciales conquistados en la etapa constitucional se deslizan lenta pero inexorablemente hacia el sumidero y resulta más probable que nos alcance un meteorito a que se aprueben unos presupuestos generales, lleguen estos prendas con la supuesta preocupación por las ojeras, la pérdida de peso y el colágeno facial del presidente del Gobierno. Así, en los últimos tiempos han logrado que la gente empiece a preguntarse si resulta más peligrosa María Jesús Montero, con su aritmética creativa para privilegiar a Cataluña frente al resto de España, o bien Cayetana Álvarez de Toledo, con sus intervenciones lamentables, todavía disfrazada de estadista popular, cuando hace siglos que su pensamiento y sus actitudes se sitúan a la diestra de Abascal. Siempre, claro, que le deje un hueco la imponderable lideresa madrileña Isabel Díaz Ayuso.
Es decir, que no es solo que Pedro sea el mandamás con más suerte desde la época del Cid Campeador, sino que también el grupo de confianza del líder de la oposición, Núñez Feijóo, contribuye a fortalecerlo; aparte de contar con asesores discursivos que parecen escogidos directamente por Ferraz, el gallego se rodea de un equipo parlamentario manifiestamente mejorable en cuanto a formas y fondo, tanto intelectual como humano.
Esto, que Juanma Moreno resolvería en una semana, mayormente porque sus consejeros construyen un discurso distinguible del de la derecha radical ultramontana, parece que a los de Madrid les cuesta entenderlo. Quizá por eso perseveran en unir su suerte a Vox como única vía posible, en un camino de dependencia con difícil retorno. Posiblemente se les ha olvidado que existe un perfil de votante de centro que no está por la labor de echarse al monte y al que le incomoda esta pertinaz obsesión por convertir a Sánchez en presa a abatir, en lugar de emplear el tiempo en desplegar un programa de medidas eficaces que respondan a los frecuentes errores ajenos. Se han concentrado en el cuerpo a cuerpo literal, y eso únicamente revela ignorancia, una forma de acercarse al precipicio de la polarización por parte de unos y de otros. Ya no se trata de buscar quién empezó, sino de ver si queda algún estadista del PP o del PSOE con mando en la sala, capaz de poner freno a la perversión que supone cruzar todas las líneas rojas que separan a una persona con ideas legítimas y altos principios morales de otra carente de ética, dignidad y decencia.