‘Oriente Medio en llamas: el riesgo de una guerra sin salida en Irán’ por Federico Zurita
Una consideración de entrada que a veces se olvida y que es de calado: Irán no es un país árabe sino persa, y está rodeado casi exclusivamente por países de mayoría musulmana. Israel está a solo 1.000 kilómetros de distancia y es otro Estado donde la religión ocupa un lugar tan central en la misma esencia del Estado.
Haciendo un poco de historia: en el siglo VII, cuando los ejércitos árabes llegaron a Persia, se encontraron con una civilización floreciente, antigua y sofisticada. El Imperio sasánida ya poseía una administración estatal compleja, una burocracia consolidada y una larga tradición política y cultural.
Los persas se convirtieron al islam que sustituyó al zoroastrismo vigente durante el imperio de los sasánidas, pero al convertirse al islam, el mismo islam fue reinterpretado y el resultado fue un credo modificado con respecto al que habían llevado los árabes. Fue islam suní hasta que en el siglo XVI el Imperio safávida impuso el chiismo como religión oficial. También es cierto que la civilización islámica terminó incorporando importantes préstamos culturales, intelectuales e incluso administrativos procedentes de los persas. Como otras veces ha ocurrido en la historia, se trató de una especie de «victoria de los vencidos».
Todo eso explica en parte la idiosincrasia de los persas de hoy, que entre otras cosas no hablan árabe, sino que hablan farsi, una lengua indoeuropea con 80 millones de hablantes nativos. Ya decía Borges que el lenguaje es una forma de aprehender y de sentir la realidad. Por tanto no extraña que la sensibilidad persa difiera -y mucho-de la árabe.
Irán tiene casi tres veces más superficie que España y 93 millones de habitantes
Irán tiene casi tres veces más superficie que España y 93 millones de habitantes. Tiene un ejército convencional (Artesh) y otro, la Guardia Revolucionaria, creado en 1979, después de la Revolución Islámica. En total, son unos 610.000 militares activos, más 350.000 reservistas y cientos de miles de miembros potenciales en el Basij (milicia voluntaria). Un ejército curtido tras un conflicto muy largo -la guerra con Irak duró ocho años-y otros menos largos (Siria, ISIS…) y de apoyo a sus proxies (Hezbollah en Líbano, Hamás en Gaza y hutíes en Yemen).
Poca broma. Esta vez no son los 2 millones de palestinos hacinados en la Franja de Gaza con los que Netanyahu aún hoy se ensaña y que mal pueden defenderse. Tampoco es el gobierno de Venezuela, mucho menos poderoso.
Invadir Irán sería poco menos que imposible dada su extensión, su orografía, y por supuesto, su ejército. A eso habría que añadir otro par de factores a tener muy en cuenta: que Irán percibe a Israel y a EEUU como una verdadera amenaza existencial y el nacionalismo exacerbado del que hacen gala los iraníes, que no están dispuestos a pasar por la horca caudina por la que tuvieron que pasar los venezolanos.
Desde la crisis de 1979 en la que 52 diplomáticos estadounidenses fueron tomados como rehenes durante 444 días, ni Irán tiene embajada en Estados Unidos ni Estados Unidos tiene embajada en Irán. Las relaciones entre ambos países no se han normalizado desde entonces
Un dato elocuente: desde la crisis de 1979 en la que 52 diplomáticos estadounidenses fueron tomados como rehenes durante 444 días, ni Irán tiene embajada en Estados Unidos ni Estados Unidos tiene embajada en Irán. Las relaciones entre ambos países no se han normalizado desde entonces.
Tanto Israel como EEUU se han embarcado en una guerra de la que no dicen las verdaderas motivaciones que los han llevado a hacerlo. EEUU ya fracasó en su intento de derrocar al régimen de la Cuba castrista, y tuvo que irse de Vietnam, Afganistán y de Irak.
Paradójicamente, el ejército más poderoso que jamás haya existido, no consiguió doblegar ejércitos mucho más débiles.
Esta guerra que ya se ha extendido a casi todo Oriente Medio, se complica cada día y parece que su resolución se hace más difícil.
Al principio Trump dijo que sería una cuestión de días; Putin dijo lo mismo cuando invadió Ucrania y van cuatro años.
No hay fecha para el fin de la guerra en Oriente Medio. Son ya más de dos semanas y empieza a hablarse incluso de meses. Mientras el secretario de Estado de Defensa estadounidense dice que «la guerra terminará cuando Estados Unidos quiera», la Guardia Revolucionaria iraní le replica que será Irán quien determine cuándo por fin acabará la guerra: «Estamos dispuestos a expandir la guerra”. Será seguridad para todos o inseguridad para todos». No se arrugan.
En el ataque del 28 de febrero, EEUU e Israel mataron al líder supremo de los ayatolás, pero Irán respondió nombrando a su hijo, Mojtaba Jameneí, como sucesor dejando así claro el continuismo en la línea de los ayatolás. Ese día, en muchas de las viviendas de Teherán se escucharon gritos de «muerte a Jameneí”, lo que puede dar una idea de la fuerte contestación interna que tiene el régimen.
En cuanto a la legalidad internacional, el ataque a Irán (como el de Venezuela y como los ataques a las “narcolanchas”) se ha hecho ignorándola por completo
En cuanto a la legalidad internacional, el ataque a Irán (como el de Venezuela y como los ataques a las “narcolanchas”) se ha hecho ignorándola por completo. El primer día del ataque, ya cometieron un crimen de guerra: el bombardeo de la escuela de Minab, una pequeña ciudad a unos 1000 km de Teherán. Murieron 175 personas, la mayoría niñas (unas 158) de entre siete y 12 años. Con un cinismo inaudito Trump acabó responsabilizando a Irán de esa masacre, a pesar de que el misil que destruyó la escuela se ha demostrado que es estadounidense. Ese tipo de exabruptos y falta de respeto hacia todo por parte del mandatario estadounidense son tan frecuentes que ya nos hemos acostumbrado a ello.
Daba grima verlo recibir los féretros de los soldados estadounidenses con una gorra blanca al mismo tiempo que pedía «agallas» para intervenir en el estrecho de Ormuz. Pero se cuida de no mandar a su hijo allí, como ya empiezan a reclamarle.
Como consecuencia no prevista de esta escalada, lo cierto es que en este momento, el principal beneficiario geopolítico del conflicto parece ser Rusia. Tras la agresión sufrida, Teherán ha respondido bloqueando el estrecho de Ormuz y desencadenando una nueva crisis energética de alcance casi mundial.
Este escenario ha obligado a Donald Trump a levantar las restricciones a la compra de petróleo ruso que previamente se habían impuesto. El resultado es obvio: Rusia ha aumentado de forma significativa sus ingresos que derivará a alimentar su maquinaria militar, prolongando así su capacidad de mantener la guerra contra Ucrania
Este escenario ha obligado a Donald Trump a levantar las restricciones a la compra de petróleo ruso que previamente se habían impuesto. El resultado es obvio: Rusia ha aumentado de forma significativa sus ingresos que derivará a alimentar su maquinaria militar, prolongando así su capacidad de mantener la guerra contra Ucrania.
A los occidentales lo que de verdad nos duele es llegar a los surtidores de las gasolineras y ver cómo se han disparado los precios de los combustibles y llegar a las colas de las cajas de los supermercados y comprobar que los precios han subido notablemente. Mientras tanto, van quedando en el olvido las matanzas, entre ellas la de la escuela de Minab. El panorama de una crisis económica sistémica nos da miedo, pero las atrocidades que suceden a diario en aquellos escenarios, las olvidamos pronto.
Federico Zurita es profesor del Departamento de Genética de la Facultad de Ciencias de la UGR
foto:PV Productions vía Freepik
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