«HISTORIA FICCIÓN» por Remedios Sánchez
‘Sopa de ganso’. La carta de 2019 del entonces máximo mandatario mexicano López-Obrador, en la que nos reclamaba el reconocimiento de la responsabilidad histórica sobre las masacres a raíz de la conquista de Hernán Cortés en 1519 y exigía disculpas, a una parte importante de los españolitos contemporáneos se nos antojó un argumento propio de una película de los hermanos Marx.
Tenía su humor, su toque surrealista e incluso un señor con un puro; lo que pasa es que resultó que iba en serio, que efectivamente se nos exigía esa disculpa y el conveniente resarcimiento institucional. Es decir, que llevaron el asunto al histrionismo mayor, tratando de retorcer la necesaria Memoria Histórica para convertirla en memoria histérica, que es otra cosa bien distinta y que se usa para despistar al personal moviendo el foco de modo que parezca que las vergüenzas propias, sean la corrupción o el narco campando a sus anchas, no existieran. Algo parecido a lo que sucedería si, pongamos por caso, Donald Trump montara una guerra exterior cada vez que en Estados Unidos alguien alude a alguna actuación suya reprobable. Naturalmente, algo muy improbable.
Pero no quedó ahí la cosa, porque su sucesora, Claudia Sheinbaum, perseveró en la peregrina idea; evidentemente, no podía enmendarle la plana al jefazo saliente. Por ello, como Felipe VI ni había contestado a la ocurrencia, la flamante presidenta no lo invitó a su toma de posesión. Ea, ahí la llevas, monarca imperialista, y así mucho rato.
La telenovela avanzó con la entrada del Gobierno Sánchez con el ministro Albares, quien, para destensar las relaciones diplomáticas y pese a que los especialistas lo negaban de plano porque implicaba adulterar lo consabido, aceptó el envite y la culpa (su culpa, su gran culpa), esperando así calmar las aguas. Pero dio igual, porque no fue suficiente: doña Claudia subió otro peldaño del púlpito de su mal entendida superioridad moral para insistir en que, para engrandecer España, había que reconocer las atrocidades cometidas durante ese periodo. Esto es: más madera.
Y ahora algunos lo quieren completar con lo que no ha dicho el rey en su visita a una exposición sobre mujeres indígenas. Porque Felipe VI sólo ha reiterado lo evidente: que, como sucede siempre, existieron abusos, un sustantivo bien distinto de atrocidades. Bastaría irse a las crónicas, empezando por fray Bartolomé de las Casas o Bernal Díaz del Castillo; pero como perseveran en lo absurdo del planteamiento y, por aquello de ajustarse a la verdad, tal vez convendría que Sheinbaum y sus seguidores se plantearan asumir la realidad: que una parte de sus antepasados, liderados por el mexicano Moctezuma, masacraron y esclavizaron a otra parte, los pueblos mesoamericanos, empezando por los totonacas, tlaxcaltecas y otros paisanos.
Precisamente fue la llegada de Cortés, con sus ideas imperialistas, la que propició la rebelión de cien mil personas, desesperadas ante la crueldad opresora. Es decir, que no se han percatado de que los auténticos vencedores, los mayores artífices de aquella Nueva España que abanderó Hernán Cortés bajo el mandato del emperador Carlos V, fueron otros mexicanos, si se interpreta desde la realidad geográficosocial contemporánea.
Por eso, quizá debieran repasar su propia Historia para reconciliarse con ella antes de dar lecciones tan irreflexivamente sobre la compartida con otras culturas que no reniegan de su pasado. Lo asumen y tratan de aprender de él para no repetir errores.
FOTO: Celebraciones de la coronación de Moctezuma, según el Códice Durán.