«El temblor no es el único síntoma inicial del párkinson, hay otros. Si aparecen, es obligatorio consultar»
El experto explica que esta enfermedad es compleja y que no solo afecta al movimiento.
Temblores en reposo, lentitud de movimientos, pérdida de destreza o cambios en la expresión facial son signos del párkinson, una enfermedad que afecta a más de 160.000 personas en España. Es la segunda patología neurodegenerativa más frecuente. Para hablar de sus efectos, los avances tecnológicos en su tratamiento o despejar algún que otro mito, IDEAL convoca a Adolfo Mínguez, jefe de servicio de Neurología del hospital Virgen de las Nieves, uno de los centros referentes del país en el abordaje de este tipo de dolencias.
–¿Qué es la enfermedad de Parkinson y qué le pasa al organismo cuando la padece?
–La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurodegenerativo que afecta principalmente al control del movimiento: se produce una pérdida progresiva de neuronas en áreas del cerebro que fabrican dopamina, un neurotransmisor clave para coordinar la actividad motora. Esa pérdida provoca lentitud de movimientos, rigidez, temblor y problemas de la postura, marcha o equilibrio. También puede afectar a funciones no propiamente motoras, como el sueño o al estado de ánimo, entre otras.
–En la cabeza siempre tenemos una imagen asociada a esta enfermedad: la de alguien a quien le tiemblan las manos. ¿Es el primer síntoma? ¿Qué nos alerta de que tenemos párkinson y cuándo debemos ir al especialista?
–El temblor en reposo (por ejemplo, una mano que lo hace cuando está relajada) es uno de los síntomas más conocidos al inicio, pero no siempre está presente. Son característicos la lentitud de movimientos, la pérdida de destreza y rigidez en una extremidad (con menor balanceo al caminar) o cambios en la expresión facial, la voz o la escritura. Si aparecen estos síntomas de una forma progresiva, es obligado consultar.
«El temblor en reposo es uno de los síntomas iniciales, pero no siempre está presente»
–¿Cuánto tiempo pasa desde que aparecen los primeros síntomas hasta que se diagnostica la enfermedad?
–Es variable: en algunos casos el diagnóstico se realiza en meses; en otros puede tardar años. Los síntomas iniciales suelen ser sutiles y lentamente progresivos, lo que condiciona retrasos en consultar.
–¿Es común que los primeros síntomas nos puedan confundir?
–Sí. Muchos signos tempranos son inespecíficos y pueden atribuirse al envejecimiento o a otras enfermedades (por ejemplo, temblor esencial, efectos de fármacos, depresión, problemas osteoarticulares). Por ello es necesario un estudio y seguimiento especializado.
–¿A qué edad suele aparecer?
–La mayoría de los casos se diagnostican en personas mayores de 60 años, si bien puede aparecer a cualquier edad: hasta un 15% aparece en menores de 50 años e incluso hay casos juveniles. La edad de inicio influye en la evolución y en el manejo terapéutico.
–¿Es una enfermedad hereditaria o influyen más los factores ambientales?
–La mayoría de los casos son esporádicos y no siguen un patrón claramente hereditario; sin embargo, hay formas familiares más infrecuentes vinculadas a mutaciones genéticas. En cualquier caso, tanto la predisposición genética como los factores ambientales, exposición a ciertas toxinas, traumatismos, etc…, pueden influir en el riesgo. Se investigan las interacciones entre ambos.
«El 15% de los casos se diagnóstica en personas menores de 50 años e incluso en perfiles juveniles»
–¿Cómo cambia la vida de una persona cuando sufre párkinson?
–Cuando la enfermedad se encuentra más avanzada, el impacto es multidimensional: aparecen limitaciones en la movilidad y en las actividades cotidianas (vestirse, escribir o caminar), además de posibles efectos sobre el sueño, el ánimo, la memoria y la comunicación. La enfermedad puede requerir adaptaciones en el hogar, apoyo familiar y acceso a rehabilitación como la fisioterapia o la logopedia para mantener la autonomía y la calidad de vida.
–¿Qué se le puede decir a una persona y a su familia una vez se confirma el diagnóstico?
–Comunicarlo con claridad y empatía es clave: hay que explicar que el párkinson es una enfermedad crónica y progresiva, pero que existen terapias que mejoran los síntomas y la calidad de vida. La información debe ser escalonada en función de la evolución y la respuesta al tratamiento. Es importante informar también sobre recursos de apoyo que pudiera necesitar en función de su estado.
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–Un mito sobre el párkinson. –Que siempre se asocia al temblor y es falso; no en todos los casos se manifiesta este síntoma.
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–Una realidad. –Que es una enfermedad compleja que afecta a funciones motoras, pero también a otras funciones como sueño, ánimo, pensamiento, conducta, cognición, olfato o sistema nervioso autónomo.
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–Un consejo. –Llevar unos hábitos de vida saludable, incluyendo la práctica de ejercicio físico regular, y seguir en todo momento las recomendaciones terapéuticas de su neurólogo.
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–Un guiño optimista. –Si bien no existe aún una ‘cura’ como tal, actualmente disponemos de recursos terapéuticos de distinto nivel de complejidad que, aplicados de forma individualizada, permiten a muchos pacientes mantener su autonomía y proyectos vitales durante años.
–¿En qué se basa el tratamiento?
–El tratamiento de primera línea se basa en fármacos que potencian la dopamina cerebral (y en ocasiones otros neurotransmisores, en función de los síntomas); la medicación será necesaria de forma continuada durante toda la evolución. En fases intermedias o avanzadas, algunos pacientes seleccionados podrían requerir terapias de segunda línea, como son técnicas quirúrgicas o perfusiones continuas de fármacos, precisando en tal caso el uso añadido de dispositivos médicos. Las terapias complementarias como fisioterapia, logopedia, terapia ocupacional, apoyo psicosocial, etc… también son importantes de forma individualizada en función de la fase de la enfermedad.
–¿Se controla actualmente?
–Sí, muchos pacientes logran un control significativo de los síntomas, lo que les permite mantener una vida activa durante años. No obstante, el control no equivale a curación; con el paso del tiempo podrán aparecer nuevos síntomas en relación con el avance de la enfermedad, que podrán requerir un abordaje multidisciplinar.
–Con todas las innovaciones que hay en la investigación, ¿se está cerca de la cura del párkinson?
–La investigación avanza en varias direcciones —en fármacos y cirugía, estrategias neuroprotectoras, terapia celular, terapia génica—, pero aún no existe una cura demostrada. Para estudiar tratamientos que enlentezcan la enfermedad es esencial disponer de biomarcadores fiables que permitan un diagnóstico precoz y monitorizar su progresión. Estos avances ofrecen esperanza para tratamientos más personalizados en el futuro, aunque la traslación a lo clínico de cualquier nueva terapia exige demostrar su seguridad y eficacia, lo que lleva tiempo.
FOTO: Adolfo Mínguez frente al hospital de Neurotraumatología de Granada. Pepe Marín
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