«El presidente desnudo» por Ignacio Henares
Es difícil entender, si no se analiza con detalle, cómo Moreno Bonilla pasó de ser en 2018 el presidente del PP andaluz con los peores resultados electorales de su partido, (26 diputados, cuatro menos de los que tiene en la actualidad el PSOE), y alcanzar la presidencia de la Junta de Andalucía gracias a los apoyos parlamentarios de Ciudadanos y de Vox, a erigirse en una figura política que ‘trasciende’ su liderazgo por encima del de su partido y allende nuestras fronteras regionales.
Un presidente del gobierno andaluz que alcanzó después la mayoría absoluta en 2022, al obtener 58 (de los 109) diputados, que aspira a repetir en las próximas elecciones autonómicas que se celebrarán el 17 de mayo.
Esta ‘transfiguración’ la ha logrado casi sin despeinarse, con un balance de gobierno que, de manera objetiva, podemos calificar de francamente pobre. Un amigo mío dice que es el presidente que ha llegado más lejos habiendo hecho menos. Por mucho que la potente maquinaria propagandística nos vaya a seguir machacando con ‘el éxito andaluz’, nuestra comunidad no está aprovechando el crecimiento económico de los últimos años para converger con otras regiones sino que al revés la distancia se agranda. Y el deterioro de los servicios públicos es evidente con una Junta de Andalucía cada vez más centralizada y externalizada. El éxito de JuanMa Moreno no se ha debido a una buena gestión, ni suya ni de los miembros de sus sucesivos equipos. Hemos visto desfilar a numerosos consejeros y consejeras, con más pena que gloria por el Consejo de Gobierno, en parte por su propia mediocridad y carencia de liderazgo externo e interno, y en parte porque la estrategia desde San Telmo los sacrifica y los convierte en peones de quita y pon al servicio del presidente. Y la mayoría de ellos, y ellas, con grandes prejuicios sobre lo público y sobre la administración autonómica y sobre sus emplead@s. No me lo ha contado ningún amigo en este caso, lo vivo en primera persona.
El triunfo de Moreno Bonilla ha estado apoyado en una fortísima y costosísima campaña de propaganda diaria basada en cuestiones de identidad, para ir ocupando el espacio transversal del andalucismo que había disfrutado el PSOE desde la conquista de la autonomía plena. A ello se ha sumado la creación de la ‘marca Juanma’, con pasta, con mucha pasta, que ha servido para convertir a una persona más bien sosa e insulsa, un candidato débil inicialmente, en un modelo de presidente al que se le ha conferido los adjetivos de tranquilo y moderado, elevados a categorías sagradas de virtudes humanas, a falta de otras cualidades de las que carece o debe tener muy escondidas, para el liderazgo político.
Y además ninguno de los atributos que se le atribuyen es cierto. El andalucismo que practica el PP es de pulserita, muy forzado y ha tenido éxito porque una gran mayoría no ha vivido o parece que ha olvidado que JuanMa es heredero político de los que se opusieron a la gran conquista del pueblo andaluz. Nuestra autonomía ha quedado estancada y hoy nos dedicamos más a quejarnos del autogobierno de otros que a ejercer el nuestro. Y el tiempo está mostrando además que lo de la supuesta centralidad es artificial y su aparente moderación es eso, apariencia. Sobre lo de hombre tranquilo y sereno ya es una cuestión más subjetiva aunque a mí me parece que es más bien una persona soberbia y déspota, atrapada por el personaje creado que se le ha subido a la cabeza.
Esta operación de imagen no es original ni singular. La ciencia política tiene muy estudiados a los partidos atrapavotos, o los candidatos ‘atrapalotodo’ (catch-all) que se fabrican, bajo algunos supuestos sociológicos, para conseguir atraer a votantes a derecha e izquierda, ocultando los conflictos ideológicos para ampliar la base electoral. Se pone el foco en el líder, en su carisma (natural o impostado como en este caso) y se fabrica un discurso fácil y sencillo, a menudo vacuo, que replica la red clientelar creada a su alrededor y sus aduladores (sean convencidos o no, sean personas o robots). Importa poco la capacidad para la creación de equipos competentes o una buena gestión. Lo que interesa es que sea fiel al proyecto de los que lo financian y respaldan. En esto Moreno Bonilla está demostrando ser el ‘campeón’, que diría Javier Arenas, pues está siendo fiel a las directrices de Génova y a la estrategia de su partido sacrificando de manera repetida los intereses de los andaluces como ha ocurrido con el tema de la quita de la deuda o con la financiación autonómica, cuando todos hemos visto cómo el gobierno andaluz renuncia a que Andalucía mejore la cantidad que recibe del Estado, por encima incluso de lo que el mismo Bonilla había pedido solemnemente, nada más y nada menos que en la sede del Parlamento Andaluz.
Abramos los ojos y veamos la realidad. Tanto el ‘método Ayuso’ como la ‘marca JuanMa’, tienen el mismo objetivo: el desmantelamiento de los servicios públicos, en nuestro caso la sanidad y la educación, especialmente la universitaria y la formación profesional. Aunque las estrategias son diferentes, en Madrid se potencia la agresividad, el enfrentamiento directo y se presume incluso de saber usar las malas artes contra el enemigo, aquí se ha optado por el cartón piedra, modelando un perfil de suavón y buen yerno. De una manera tan simple que a mí me resulta insultante, nos han colocado un álbum de fotos y unos cuantos ‘reels’ (carretes), para convencernos de que estamos viendo una película que no es real.
Si se le quita la sobreprotección mediática que goza Moreno Bonilla nos encontramos con un dirigente vulgar, poco brillante, que la ha cagado en numerosas ocasiones
He desafiado en muchas ocasiones a votantes del PP a que me digan en qué hemos mejorado en los últimos años que podamos atribuir al gobierno andaluz. Les he preguntado por qué leyes, qué acciones del gobierno andaluz, qué decisiones de Moreno Bonilla, nos han beneficiado directamente a los trabajadores y a las clases medias y me he encontrado con respuestas vacías, con una repetición de la propaganda con la que continuamente nos bombardean desde teleJuanma (léase Canal Sur) o desde los medios privados afines bien regados desde lo público. Si se le quita la sobreprotección mediática que goza Moreno Bonilla nos encontramos con un dirigente vulgar, poco brillante, que la ha cagado en numerosas ocasiones. Un político recauchutado que si fuera mi yerno yo lo evitaría en las comidas familiares y si fuera mi cuñado… pues eso sería ‘un cuñado’.
Pero no se puede sostener ante todo el mundo y en todo momento esta artificialidad. Cada vez hay más personas que no se dejan llevar por el cuento del precioso traje que lleva el presidente. Crece el número de los que van desvelando que el rey (el presidente) va desnudo y creen más lo que ven sus propios ojos que lo que le cuentan machaconamente a través de los medios públicos y privados al servicio de la marca.
Entre los usuarios de la sanidad pública (que somos todos), son ya legiones los que consideran que Bonilla no ha estado a la altura de las circunstancias en esta materia que arroja las peores cifras de toda España en satisfacción. Nos han convertido de nuevo en ‘pacientes’, a tenor de los récords en tiempos de espera para la atención primaria, pruebas diagnósticas e intervenciones quirúrgicas. JuanMa ha pasado de “la culpa es de la herencia recibida” (después de 8 años gobernando suena bastante hueco), al “yo no lo sabía”, (mentira que se ha revelado definitivamente hace unos días cuando un medio de comunicación ha desvelado que se habían desoído los informes que advertían de los fallos en el sistema de cribado). Su frase de “Andalucía tiene la mejor sanidad de España” cuando se cerraban centros de salud el verano pasado o ahora con una realidad asistencial marcada por el colapso pasará a la historia de las pifias de un presidente de gobierno andaluz. Aunque peor fue cuando se le escapó que “el sistema de sanidad pública era inviable”, en un ataque de sinceridad quizás o más bien un anticipo de lo que tiene pensado.
Porque ante el malestar ciudadano, la sonrisa bobalicona de Juan Manuel Moreno resulta insultante y las declaraciones de que la sanidad andaluza tiene inversiones históricas, que no se traducen en bienestar para la ciudadanía, indican que hay un agujero negro en la gestión, situado en la deriva hacia la privada de miles de millones de euros en lo que resulta un plan deliberado con órdenes, conciertos y licitaciones bajo el pretendido paraguas de la urgencia para desviar fondos a los amiguetes. Es imposible que los andaluces y las andaluzas no vean que mientras se recortan plantillas o no se renuevan los contratos de refuerzo se firman contratos millonarios con grupos hospitalarios supuestamente para aliviar las listas de espera, (objetivo que no se cumple), con un coste muy superior al que se produciría si se reforzaran los servicios públicos.
No hay venda que pueda tapar los ojos para desvelar el truco del almendruco de que “bajar los impuestos a los ricos para recaudar más” solo ha beneficiado a 0,2% de los andaluces en los que yo al menos no me encuentro, (ni tú querido lector, no te engañes, ni te engañen).
Pido especialmente que abramos los ojos, especialmente y en solidaridad, junto a las víctimas de los cribados de cáncer de mama; con los los más de 6.500 familiares de los fallecidos el año pasado mientras estaban en las listas de espera de la dependencia; ellos ya están viendo desnudo al presidente; y, espero, que vean también los profesores y estudiantes de las universidades públicas, que el ropaje del que presume el presidente andaluz es postureo, por poner unos cuantos ejemplos.