«PREGÓN DE ATARFE DEL AÑO 1996» por Juan Ruiz Lucena
Queridos amigos y amigas y vecinas y vecinos de Atarfe:
Permitidme, antes de nada, que os manifieste el deber de gratitud que tengo con este bello pueblo por la oportunidad que me brinda vuestro ayuntamiento, representado por su alcalde-presidente, don Víctor Sánchez Martínez, hombre tenaz donde los haya, trabajador infatigable y amante de su pueblo y sus gentes, oportunidad, digo, de pregonar estas fiestas en honor de la Patrona, Santa Ana.
Me dispongo gustosamente a leer este pregón; el cual he elaborado con la mayor ilusión, y no hablo, sino que leo, porque como decía nuestro paisano e insigne poeta Federico García Lorca, “la oratoria es un género en el cual las ideas se diluyen tanto que sólo queda una música agradable, pero lo demás se lo lleva el viento”, y sigue diciendo: “la expresión es mucho más duradera porque puede ser conocida por gentes que no oyen o que no están presentes aquí”.
No es para mí tarea fácil, la de hacer de pregonero, porque estoy seguro no concurren, en éste que os habla, especiales méritos para desempeñar con propiedad este noble oficio, sin embargo, he aceptado ilusionado porque mi frecuente contacto con vosotros, desde mi tarea de delegado de Educación, me ha hecho saber que los hombres y mujeres de esta bella y hermosa tierra sois generosos, cabales y sencillos y no podía negarme ante la muy amable invitación de vuestro Ayuntamiento.
El pregonero antaño, las personas mayores lo recordarán, era el que rompía el silencio de los pueblos anunciándolos- ¡a las habas verdes de la huerta!, ¡al rico polo helado!, ¡papas nuevas de la vega!, ¡manzanilla fina de la sierra! ¡el cambio los trapos viejos!, etc., pero también anunciaban cosas más serias como los bandos de los alcaldes, la misa de algún difunto, el pago de impuestos, la visita de alguna personalidad, y cómo no, las fiestas populares.

FOTO Oleo de Paquita Cortés
Pues bien, hoy me toca a mi pregonar vuestras fiestas y como aquellos famosos pregoneros me decido a hacerlo. Os saludo, pueblo atarfeño, tierra de contrastes geográficos, tierra preñada de culturas y madre de civilizaciones. Os saludo, a vosotros, descendientes de aquella excelsa y esplendorosa Medina Elvira, posible emplazamiento ibero y centro de cultura y económico de la rica comarca de La Vega granadina durante la denominación árabe, con numerosos restos arqueológicos que dan idea de un pasado esplendoroso, pero también cargado de hechos históricos, como la difícil convivencia entre comunidades cristianas y moriscas que terminó en graves conflictos, la batalla de Higueruela donde las huestes nazaríes de Muhammad VII de Granada sufrieron una grave derrota a manos de los guerreros cristianos de Juan II de Castilla en aquellas lejanas fechas de 1431 ¡por esos días! (1 de julio).
Es este un pueblo en el que se percibe una ansia de progreso, un ansia de vida, hay alegría, hay afán artístico, amor a la belleza, a la cultura. Pueblo que tiene esa hermosa iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, del siglo XVII, y esa singular ermita de Santa Ana, dominando con su sencillez parte de la ciudad, y más allá la ermita de los Tres Juanes, atalaya sobre el horizonte, iniciada su construcción en 1941, gracias al tesón de un atarfeño y a la colaboración y generosidad de sus vecinos. Hoy transformada en Museo de Ciencias Naturales para deleite no sólo de los atarfeños sino de todas aquellas personas granadinas y andaluzas que sientan afán de investigación y búsqueda del pasado.
¡Ay! ¡ermita de los Tres Juanes! ¡Cuántos recuerdos me traes, de mi niñez en Olivares! Era éste paso obligado en mis desplazamientos a Granada, y siempre, recuerdo con añoranza que cuando recorríamos este paraje, preguntaba ¿qué es aquello allí en lo alto? Mi padre me contestaba: Hijo, siempre te digo lo mismo: la ermita de los Tres Juanes (…) Desde allí se muestra a los asombrados ojos de todos los que hemos tenido la suerte de estar en el enclave, yo me cuento entre ellos, un paisaje sorprendente conjugándose el verde de la Vega con el blanco esplendoroso de las sierra de Granada y de sus casas, como si de la bandera andaluza se tratara.
La amabilidad de este pueblo, de todos conocida, es un remanso de paz y tranquilidad para los que agobiados por el bullicio de la ciudad y trabajo cotidiano se escapan, nos escapamos de la urbe, y de una forma silenciosa y callada, disfrutamos de vuestra tierra, de vuestros rincones, de vuestros miradores, de los que ¡cómo no! podéis sentiros orgullosos.
Una año más han llegado las fiestas al pueblo, la fiesta de Santa Ana, no dudéis que las fiestas son lo más significativo de un pueblo. Entendamos la fiesta como una explosión de júbilo y como un paréntesis en el quehacer diario donde revivamos viejos tiempos, donde compartamos una copa, donde puedan surgir nuevas amistades, donde la generosidad, la lealtad sean monedas de cambio.
Porque decir fiestas es decir: rumor de gente, trajes y zapatos nuevos, matrimonios que salen de los armarios y espejos, niños repeinados y prudentes, que olvidan bajo los pantalones limpios el arañazo de sus travesuras. Los días de fiesta son distintos. Se enredan en la hiedra de nuestra memoria, en el bosque de nuestras costumbres. Los días de fiesta siempre vuelven. Así los refleja García Lorca en una de sus canciones:
Los días de fiesta
van sobre ruedas.
El tiovivo los trae
y los lleva.
Los días abandonan
su piel, como culebras
con la sola excepción
de los días de fiesta.
Estos son los mismos
de nuestras madres viejas.
Sus tardes son largas colas
de moaré y lentejuelas.
Decir que los atarfeños que otrora fueron agricultores, ganaderos, alfareros y hoy, aunque en otras profesiones, trabajan y se esfuerzan por un futuro en el que los jóvenes no tengan que abandonar su lugar de nacimiento para ir a trabajar a la ciudad, porque saben que aquellos que emigraron, algunos aquí presentes, desean el retorno a su lugar de origen, porque saben que en su pueblo, en Atarle, se vive mejor que en cualquier lugar del mundo, porque saben que aquí no les faltará la justicia, el afecto y la amistad, porque sabe que aquí se vive y busca una auténtica paz social.
Ha llegado el momento de olvidar los problemas de cada día, de poner nuestras ilusiones en gozar y disfrutar de las atracciones que ha organizado el ayuntamiento y la comisión de fiestas, para que todos, niños y mayores, viváis unos momentos de felicidad y alegría. Que la música y las comparsas llenen las calles y plazas de este pueblo; que las luminarias de los cohetes y fuegos de artificio inunden los cielos con colores mágicos, que los más jóvenes tengan oportunidad para el cariño y la ternura, y los no tan jóvenes unan el recuerdo nostálgico de otras fiestas que vivieron a la alegría colectiva.
Es ahora cuando el calor de unos vinos, a los sones melodiosos de la música, comentemos con los amigos los avatares de cada uno. Es una oportunidad para unir lazos con vecinos y llegar a conocernos mejor, y, ¡porqué no!, hacer nuevas amistades. Os animo a llenar las calles de este bello rincón granadino con todo lo que sea belleza, arte, alegría, felicidad. Olvidad preocupaciones, que este pregonero ya finaliza su grata tarea para unirse, como un atarfeño más, a participar en el bullicio y la diversión que hoy nos ofrece este maravilloso pueblo que tenéis y tiene Granada.
FOTO : Vista aérea de la Ermita de los tres Juanes, en Atarfe, Granada. La foto ha sido realizado con un DJI Phantom 3 Standard
Artículo editado por Corporación de Medios de Andalucía y el Ayuntamiento de Atarfe, coordinado por José Enrique Granados y tiene por nombre «Atarfe en el papel»