«Las huellas ocultas de Gor siembran memoria en Atarfe» por Fran López

Presentación del libro «Huellas ocultas de mujeres de Gor», una obra en la que nuestra vecina Mari Carmen García Jiménez

 El ejemplo de Gor abre el camino para rescatar la historia olvidada de las mujeres de Atarfe. Con rigurosa puntualidad andaluza —que viene siendo, mijita más de las en punto según hora convenida—, el pasado 26 de marzo, en el Centro Cultural Medina Elvira de Atarfe, daba comienzo la presentación del libro Huellas ocultas de mujeres de Gor, una obra en la que nuestra vecina Mari Carmen García Jiménez participa como coordinadora y autora de gran parte de las biografías que en él se recogen. Pero empecemos por el principio.

Desde pequeño he escuchado en mi entorno más cercano que es de bien nacidos ser agradecido, y lo primero que pensé al salir de allí aquella tarde fue en la necesidad de dar a conocer y dejar constancia de lo vivido. Por ello, me permitiré la licencia de abrir este relato con un breve preámbulo de reconocimiento.

Quiero agradecer, en primer lugar, a Pilar Fernández, directora de la Biblioteca Pública Mariana Pineda, por su labor organizativa, siempre tan eficaz como discreta. También a nuestro vecino José Luis Alcauce, cuya palabra ágil y cercana aporta dinamismo a cada acto que presenta. Y, por supuesto, a Mari Carmen García Jiménez, por su humildad y por regalarnos una obra que ya forma parte de nuestra memoria colectiva.

Tras una breve introducción de José Luis —en la que recordó la trayectoria de la autora y su etapa como maestra en el colegio atarfeño Dr. Jiménez Rueda—, tomó la palabra Mari Carmen, quien confesó no sentirse nerviosa al encontrarse rodeada de familia y amigos. A partir de ahí, nos habló de su pueblo natal, Gor, y de cómo, a finales de los años ochenta, ante la amenaza de la despoblación, un grupo de vecinos impulsó la creación de una asociación sociocultural, altruista y sin ánimo de lucro, con el objetivo de dinamizar la vida del municipio y frenar su declive.

De ese movimiento nacieron múltiples iniciativas, entre ellas la edición periódica de una revista —hoy día con más de un centenar de publicaciones— en la que se creó una sección titulada “Goreños”. Fue la propia Mari Carmen quien propuso ampliarla también a “Goreñas”, incorporando así pequeñas semblanzas de mujeres del pueblo. De ese empeño, precisamente, surge este libro: una obra que recoge la biografía de sesenta y seis mujeres nacidas en esta pequeña localidad.

Se puede decir que la presentación siguió su curso. Mari Carmen continuó restándose mérito para repartirlo entre vecinos, familiares y amistades que han colaborado en la publicación. Su empeño fue generando un clima de reconocimiento hacia madres y abuelas que, con su esfuerzo y dedicación, han conseguido —a base de años y de pequeños pasos— multiplicar las oportunidades y la calidad de vida de sus hijas y nietas. Sin pretenderlo, porque su humildad no se lo permitiría, esa emoción terminó volviéndose hacia ella misma cuando se abrió el turno de palabra.

Lo que comenzó como una presentación literaria al uso —con una notable afluencia de público— acabó transformándose en un espontáneo y sentido homenaje a su trayectoria y a la estima que despierta. Su bondad parece no tener límites, y el público allí reunido quiso dejar constancia de ello.

Se vivieron momentos de gran emotividad, de esos que permanecen orbitando en la memoria como la luz de un faro, y que, cuando menos lo esperas, regresan para iluminar el recuerdo. De esos que te agarran con un pellizco en el estómago y ascienden hasta la garganta, apretándola suavemente hasta humedecer los párpados. Sin embargo, si hay algo que verdaderamente me llevó a sentarme a redactar estas líneas fue la inquietud que surgió entre algunas de las personas asistentes al plantear si no sería posible hacer algo similar con las mujeres de Atarfe. Mari Carmen no dudó ni un instante: se ofreció encantada, recordando que lleva más de cuarenta y tres años viviendo en nuestro municipio y señalando, como única condición, la necesidad de contar con la colaboración de más personas.

Fue entonces cuando me vino a la mente aquel dicho popular: “de Gor vendrán y en Atarfe sembrarán”… ¿o no era exactamente así? Para el caso, poco importa. Lo verdaderamente relevante es que, en ese encuentro, las mujeres de Gor sembraron en Atarfe la semilla de la memoria, y ahora depende de nosotros que llegue a germinar. En la sala comenzaron a sonar nombres de mujeres relevantes de nuestra cultura —como Fuencisla o Fabiola—, llamadas a formar parte de este posible proyecto. Mujeres a las que admiro profundamente y a las que, desde aquí, me pongo a disposición, sintiéndome una más si llega el momento de dar forma a esta iniciativa.

Porque la semilla ya está plantada. Ahora solo queda cuidarla