El problema de 2038: ¿tiene internet una fecha de caducidad?

Internet parece tan sólida que cuesta pensar en su vencimiento. Sin embargo, algunos detalles técnicos heredados de los primeros años de la informática siguen presentes en muchos sistemas. Uno de ellos es el llamado problema del año 2038

Aunque ahora parezca imposible imaginarlo, no hace tanto tiempo que internet no formaba parte de nuestra vida diaria. Para mandar un mensaje había que llamar por teléfono o enviar una carta; encontrar información significaba ir a una biblioteca. Con los años, la red se ha vuelto tan habitual que gran parte de nuestras actividades dependen de ella. Se calcula que en 2025 alrededor de 6.000 millones de personas en todo el mundo —casi tres cuartas partes de la población— utilizaron internet de forma habitual. Pero ¿qué ocurriría si dejara de funcionar?

Existe un problema técnico conocido desde hace décadas que podría afectar a ciertos sistemas informáticos dentro de algunos años. Es el problema del año 2038, una limitación relacionada con la forma en que muchos ordenadores antiguos almacenan la fecha y la hora.

Para comprenderlo, hay que remontarse a los inicios de la informática. En esa época, los programadores idearon una forma sencilla de medir el tiempo: en lugar de almacenar la fecha como un texto, muchos sistemas contaban los segundos desde un momento concreto. Ese instante cero se fijó en la madrugada del 1 de enero de 1970. Desde entonces, cada segundo que pasa suma una unidad al contador.

Este sistema, conocido como tiempo Unix, era lo más eficiente para calcular intervalos de forma rápida, simplificar el código y evitaba confusiones con formatos de fecha distintos. Por eso se adoptó de manera masiva en servidores, sistemas operativos y aplicaciones de todo tipo.

El problema es que muchos de esos contadores, sobre todo en equipos antiguos, tienen una capacidad limitada para guardar números y, cuando alcanzan su cifra máxima, ya no pueden seguir contando más segundos. Al llegar al número más alto, el marcador vuelve a empezar desde el principio. En informática esto se conoce como «desbordamiento».

El momento en que el contador de segundos alcanzará su valor máximo ya está calculado, y con precisión. Ocurrirá el 19 de enero de 2038 a las 03:14:07 UTC. En ese instante, los sistemas que utilicen contadores de tiempo de 32 bits dejarán de poder representar fechas posteriores.

El problema del año 2038 es un recordatorio de que el mundo digital necesita revisiones periódicas para adaptarse

Cuando el contador intente avanzar un segundo más, el valor se desbordará y pasará al número negativo más bajo que puede representarse. Como consecuencia, el sistema interpretará que la fecha ha retrocedido hasta el 13 de diciembre de 1901.

Este salto repentino hacia el pasado puede provocar errores en programas y sistemas que dependen del tiempo para funcionar correctamente. Muchas aplicaciones informáticas utilizan la fecha para ordenar eventos, comprobar la validez de certificados digitales, registrar transacciones o coordinar procesos.

Un problema que recuerda al efecto 2000

El problema del año 2038 suele compararse con otro incidente informático que generó gran preocupación a finales del siglo XX, el llamado efecto 2000, también conocido como Y2K. En ese entonces, muchos programas informáticos almacenaban el año utilizando solo dos dígitos. Cuando llegó el año 2000, algunos sistemas podían interpretar la fecha como 1900, lo que podía provocar errores en cálculos de tiempo. Durante los años 90 se realizó un enorme esfuerzo internacional para revisar y actualizar programas antes de la llegada del nuevo milenio.

Sin embargo, con este nuevo problema existen diferencias significativas. Muchos sistemas actuales utilizan arquitecturas de 64 bits, lo que permite almacenar números mucho más grandes y representar fechas durante periodos extremadamente largos. Pero todavía existen muchos dispositivos antiguos que siguen utilizando sistemas de 32 bits.

La mayoría de los expertos coincide en que internet no va a colapsar por este motivo. La red es una inmensa telaraña de miles de sistemas interconectados, y esa arquitectura descentralizada la hace muy resistente a fallos locales. Los grandes centros de datos y servidores actuales, además, llevan años preparados para fechas que van mucho más allá de 2038.

Pueden fallar servicios concretos si todavía funcionan con software antiguo que no se ha actualizado. Hay sistemas que usan la fecha para ordenar registros, validar certificados digitales o calcular plazos de caducidad. Si esos cálculos dependen de contadores de tiempo limitados, algunas aplicaciones concretas podrían dar errores.

El efecto 2038 se conoce desde hace décadas, y los programadores llevan años trabajando en soluciones. La más sencilla: pasar de usar variables de tiempo de 32 bits a otras de 64 bits, lo que amplía el horizonte de fechas posibles hasta hacerlo prácticamente infinito. Los sistemas operativos modernos, como Linux, macOS o Windows, ya han dado ese paso. El problema es que actualizar no siempre es rápido. Hay equipos antiguos, programas difíciles de tocar o sectores como el médico o el industrial, donde cualquier cambio necesita certificaciones que tardan años.

Otro factor que complica el problema es el crecimiento del internet de las cosas (IoT), un ecosistema formado por millones de dispositivos conectados a la red. Se prevé que el número de dispositivos IoT conectados alcance los 39.000 millones en 2030 y más de 50.000 millones en 2035, según IoT Analytics. Muchos de ellos están pensados para funcionar durante años, incluso décadas, y no reciben actualizaciones de software con la misma frecuencia que los ordenadores o los teléfonos móviles, por ejemplo. El reto es cómo revisar y actualizar la enorme cantidad de aparatos conectados de los que dependen muchos servicios.

Más que una amenaza inmediata para internet, el problema del año 2038 es un recordatorio de que el mundo digital necesita revisiones periódicas para adaptarse a nuevas necesidades y evitar que limitaciones técnicas del pasado afecten al futuro.

Arantza García

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