‘Mankeeping’, el fenómeno que tiene a las mujeres agotadas

Cuando, además de novias, se convierten en terapeutas, madres, secretarias…

Agendar citas, organizar vacaciones, repartir las tareas domésticas, sacar conversaciones incómodas, quedar con los amigos… Este es un trabajo invisible que se da en todas las relaciones, pero no en todas se lleva a medias. Es más, en la mayoría de las parejas, la responsabilidad siempre cae del mismo lado. Y en las heterosexuales, suelen ser ellas las que lo hacen. Esta situación tiene un nombre, ‘mankeeping’, algo así como «mantenimiento del hombre». Lo ha acuñado la becaria postdoctoral de la Universidad de Stanford, Angelica Puzio Ferrara, y describe el trabajo que ellas realizan para sostener la vida social y emocional de ellos.

Desde su aparición, la palabra no ha tardado en viralizarse y expandirse por internet. Y junto a ella, también han proliferado las advertencias sobre sus posibles consecuencias. Bajo deseo sexual, desconexión en la relación o apatía son algunas de las primeras señales que pueden poner en alerta, según los expertos. «Es un concepto nuevo para algo que llevamos viendo muchos años», explica Sara Martín Herrero, psicóloga especializada en terapia de pareja en el gabinete Piztu Psicología. Aunque el término no siempre aparece en consulta, el patrón sí le resulta familiar. «Es habitual que uno de los dos cargue con más peso, pero es cierto que veo a más mujeres en ese rol», reconoce.

ás allá de lo emocional, para Martín, el desequilibrio también se manifiesta en lo organizativo. Y es que las mujeres llevan una doble carga. La de la ejecución de tareas y, sobre todo, la de su planificación. Es decir, no solo hacen, sino que piensan qué hay que hacer. «Esto genera unos roles dentro de la pareja en el que uno adopta el papel de gerente y el otro, el de subordinado», apunta la experta. Para David Sojo, también psicoterapeuta, esos papeles se pueden cronificar. «Cuanto más responsabilidad coge uno, más delega el otro. Hay que dar un paso atrás para que el otro pueda dar uno hacia adelante», explica.

Con este reparto desigual aparece, inevitablemente, una descompensación. Y surgen los roces. Cuando una de las partes asume más carga mental de la que le corresponde y esta situación se prolonga en el tiempo, puede dejar de percibir a su pareja como un igual o un cómplice. «Una relación que funciona bien está basada en la reciprocidad: tú me das, yo te doy. Cuando ese equilibrio se rompe, la pareja se tambalea y necesita redefinirse», detalla Sojo.

«En este fenómeno uno adopta el papel de gerente y el otro el de subordinado»

Si ese desequilibrio se mantiene en el tiempo, se pueden empezar a desarrollar sentimientos de soledad, cansancio y sobrecarga en la persona que ejerce ese papel de «gerente», sostienen ambos terapeutas. «Cuando alguien lleva mucho tiempo intentando cubrir más de lo que le corresponde es normal que se sienta poco acompañado», señala Martín. «Esto puede traducirse en irritabilidad, frustración y una mayor reactividad hacia la pareja».

Estas emociones también pueden afectar a la vida sexual. Para entenderlo, los expertos distinguen entre el deseo espontáneo -más frecuente en hombres- y el deseo reactivo, que surge como respuesta a estímulos externos o internos y es más común en mujeres. «Para que se dé este último, tienen que confluir ciertas condiciones. No se trata solo de recibir un par de caricias, también es necesario estar descansada, relajada y sentir que puede recibir el apoyo de su pareja», describen. De modo que esa falta de implicación también puede repercutir negativamente en la salud sexual de ambos.

Menos actividades con amigos

Por otro lado, estaría la denominada carga emocional. Los especialistas señalan que muchos hombres tienen más dificultades para compartir sus problemas. Según Sojo, «los estudios demuestran que los hombres estamos pasando una especie de crisis». A diferencia de las mujeres -que tienden a socializar cara a cara, desde lo emocional-, los hombres lo hacen más «hombro con hombro», es decir, a través de actividades compartidas. «En una sociedad cada vez más individualista, están desapareciendo los espacios que facilitaban ese tipo de vínculo», explica.

Aunque no sea algo que Martín vea en consulta, sí admite que cada vez escucha con mayor frecuencia que los hombres tienen menos apoyos profundos que las mujeres. O, al menos, no tienen esa costumbre o facilidad de hacer uso de ellos. «Esto puede provocar que muchos hombres se sientan más solos y que terminen apoyándose principalmente en sus parejas para cubrir esa necesidad». Alertan, sin embargo, que esto también puede crear una sobrecarga emocional en ellas. «Ninguna persona puede sostener todas las necesidades emocionales de otra», apuntan.

Abordar el problema sin caer en el reproche

Para liberar esa carga de la persona que asume ese rol de «gestora», apuntan los expertos, es necesario tener una comunicación honesta y no caer en los reproches. «Aunque cada pareja es diferente y no hay una única receta para todas, es conveniente que, primero, cada uno reconozca qué rol tiene y lo que hace que se mantenga», explica la psicóloga Sara Martín. Después de eso, relata, sería conveniente hacer un ejercicio de empatía, «entender lo que está sintiendo el otro y hablar desde la comunicación de las necesidades de cada uno». En este punto, poner ejemplos concretos puede ser muy útil. «Siempre hay una diferencia entre nuestra percepción y la del otro, de esta manera se le da un lugar a lo que experimentamos», concluye.

Juncal Munduate

https://www.ideal.es/vivir/relaciones-humanas/mankeeping-fenomeno-mujeres-agotadas-20260326124029-ntrc.html