En su espacio de opinión en El Independiente de Granada, el periodista Agustín Martínez firma otro extraordinario artículo. Para leer y compartir

Durante los últimos años del franquismo y los inicios de la Transición, allá por la década de los 70, en este país se conocía como «el búnker» al sector más inmovilista y de extrema derecha del régimen franquista. Este grupo se caracterizaba por su resistencia férrea a cualquier tipo de reforma o cambio democrático tras la muerte de Francisco Franco, apostando por la continuidad absoluta del régimen anterior.

Pues bien, 50 años después, aquel búnker tardofranquista parece reencarnado en el Palacio de la Marina, sede del Senado de España, donde la mayoría absoluta del PP, está protagonizando uno de los ejercicios más impresentables de utilización partidista de las instituciones.

Lo que la Constitución diseñó como una Cámara de representación territorial se ha convertido, bajo la batuta de Alberto Núñez Feijóo, en un anexo de la calle Génova; un búnker desde el cual el Partido Popular ejecuta una estrategia de tierra quemada institucional

El parlamentarismo español asiste, entre el estupor y el hartazgo, a la metamorfosis definitiva del Senado. Lo que la Constitución diseñó como una Cámara de representación territorial se ha convertido, bajo la batuta de Alberto Núñez Feijóo, en un anexo de la calle Génova; un búnker desde el cual el Partido Popular ejecuta una estrategia de tierra quemada institucional.

El último episodio de esta deriva es la anunciada creación de una comisión de investigación sobre la independencia y el servicio público de RTVE. Una iniciativa que no busca la transparencia, sino el castigo político a un ente que ha cometido el «pecado» de ser exitoso sin estar bajo su control y de paso convertirse en una competencia más que relevante para las cadenas “amigas” de Feijóo.

Resulta paradójico, por no decir cínico, que esta ofensiva se produzca precisamente cuando la Corporación atraviesa su mejor momento en décadas. RTVE ha logrado lo que parecía imposible en un ecosistema mediático fragmentado: recuperar el liderazgo de audiencias en las principales franjas horarias y, simultáneamente, sanear sus cuentas hasta arrojar un superávit cercano a los 60 millones de euros en el último ejercicio. El «sorpasso» de Televisión Española no es solo una cuestión de números; es un síntoma de que el servicio público vuelve a ser el punto de encuentro de una ciudadanía que busca rigor frente al ruido.

Sin embargo, es precisamente este éxito el que parece haber encendido las alarmas en la derecha. En un panorama donde las cadenas privadas mayoritarias llevan años abrazando líneas editoriales que lindan -cuando no se funden- con los postulados de la derecha y la ultraderecha, que RTVE se mantenga como un referente de pluralidad y eficacia resulta insoportable para Génova. El PP no quiere una televisión pública independiente; quiere una televisión sumisa, y cuando no la tiene, utiliza la maquinaria del Estado para desacreditarla.

La instrumentalización del Senado para este fin es torticera. Las comisiones de investigación, una herramienta noble de la democracia, se están utilizando aquí como tribunales inquisitoriales dirigidos por control remoto. Es una «investigación» con conclusiones redactadas de antemano. Mientras tanto, el PP aplica una ley del embudo que resulta vergonzosa: se rasgan las vestiduras por la gestión de RTVE, en cuyos órganos de control tienen una amplia representación, mientras «olvidan» deliberadamente el erial ultra en el que han convertido a las televisiones autonómicas allá donde gobiernan.

Es imposible hablar de independencia mediática sin mirar hacia Telemadrid, Canal Sur o la TVG. Lo que ocurre en estas plazas es, según denuncian colectivos profesionales y consejos de informativos, el mayor ejercicio de manipulación política de nuestra historia democrática reciente. Programas estrella que navegan en el «cero técnico» de audiencia, redacciones purgadas de voces críticas y una agenda informativa que parece dictada por los gabinetes de comunicación de Ayuso, Moreno Bonilla o Rueda. ¿Dónde está la comisión de investigación para el desastre económico de las autonómicas del PP? ¿Dónde está la preocupación por el pluralismo cuando se convierten los informativos regionales en boletines de partido?

La respuesta es sencilla: el PP no persigue la mala gestión del ente público, persigue la gestión que no se pliega a sus argumentarios. El señalamiento a RTVE y a sus profesionales es un aviso a navegantes. Es el intento de quebrar la moral de unos equipos de trabajo que han demostrado que se puede hacer televisión de calidad, competitiva, equilibrada y rentable. Este acoso sistemático, que dura ya meses, tiene como objetivo final erosionar la confianza ciudadana en la institución para, llegado el momento, justificar su desmantelamiento o su asalto definitivo.

En este escenario de hostilidad, hay un silencio que atrona: el de las organizaciones profesionales de periodistas

Pero en este escenario de hostilidad, hay un silencio que atrona: el de las organizaciones profesionales de periodistas. Es desolador observar cómo asociaciones que deberían ser el escudo de los trabajadores frente a las presiones del poder mantienen un perfil bajo, cuando no una equidistancia cobarde. Ante el linchamiento público de los profesionales de RTVE, muchas de estas entidades parecen más preocupadas por no incomodar a ciertos sectores que por defender la esencia del oficio. La libertad de prensa no se defiende con comunicados tibios cuando el ataque es una operación de demolición política perfectamente orquestada.

El Senado no puede seguir siendo la cámara de resonancia de un partido que ha decidido que, si las instituciones no le dan la razón, las instituciones no sirven. Convertir el Palacio de la Marina Española en un plató de propaganda para atacar al servicio público de todos es una degradación democrática que pagaremos cara.

La ciudadanía, que ha vuelto a confiar en RTVE sintonizando sus programas y valorando su rigor, merece algo más que una oposición instalada en la revancha permanente. El éxito de RTVE es el éxito de un modelo de país plural; el ataque del PP es el síntoma de una derecha que no tolera otra verdad que no sea la suya.

Agustin Martínez

FOTO: Prensa Senado Una de las fachadas del Senado.

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