«UN MUNDO CON PALABRAS» por Remedios Sánchez
Cuando la primavera empieza, en Granada las flores de azahar besan las últimas naranjas, con un fondo de nieve que se deshace en lo alto, iluminándolo todo. En ese instante preciso comienza la magia.
Los libros, que andaban ocultos en almacenes y anaqueles (salvo los más afortunados, que han dado la alarma desde los escaparates al advertir que los atardeceres se alargan más, plenos de sol y de alegría), se han vestido de domingo y se preparan para salir a la calle y llenarla de palabras útiles, necesarias, de esas que curan y dan paz, o abren horizontes inesperados de imaginación y pensamiento. Por eso, poemarios, novelas, relatos, teatro, cómics o ensayos son tan importantes; yo diría que casi tan imprescindibles como la comida o el agua clara. Son -podríamos decir- alimento del alma, que también necesita atención, aunque a veces lo olvidemos entre las prisas. Quien se aferra a un libro, que acaba siempre por enlazarse con otro, nunca volverá a estar solo y, poco a poco, irá comprendiendo algo más de la existencia y sus verdades eternas, las que permanecen incluso cuando cambian los rostros de los protagonistas o se mudan los ropajes de los hechos para que, siendo iguales, se antojen diferentes.
Es curioso cómo las obras literarias suscitan esa misteriosa lealtad de la que hablaba Borges. Ocurre cuando nos representan poniendo los vocablos exactos a eso que sentimos o pensamos casi sin haber sido conscientes antes. Ahí reside su valor inmarcesible, sereno y emocionante a la vez: en que convierte en cómplices de un secreto sólo para dos a quien escribe y a quien lee. Porque, a cada lector, si el texto que tiene entre las manos es valioso o perdurable (y únicamente la buena literatura lo es; el resto va cayendo y no resiste), le dirá algo distinto: complementario, seguramente, pero distinto, ajustado a su manera de entender la vida, de mirar aquello que tiene alrededor como fundamento para hacer su particular interpretación.
Y suceden tantas cosas a la vez… A todo hay que ponerle nombre para que nuestra mente pueda asumirlas, tantear sus bordes hasta definir sus contornos con la mayor precisión posible; aquello que no se nombra a veces existe, a pesar de no haberlo advertido hasta ese instante en que perdemos por el camino un no sé qué de inocencia y cae un velo más, que puede añadir claridad y también un deje de tristeza nostálgica: la certidumbre de que algo ha cambiado dentro y fuera de nosotros y no tiene marcha atrás. Somos lo que vivimos, lo que aprendemos, y eso nos identifica como personas normales; es decir, en permanente transformación. Y en ese proceso cumplen una función decisiva estos libros que comienzan ahora su fiesta: esta Feria de Granada que, un año más, han preparado con tanto cariño y cuidado Alfonso Salazar, Antonio Caba y todo su equipo.
En estos tiempos en que la CEGAL, el gremio del sector, ha constatado en un estudio que en España se leen demasiados textos solubles (de los que se disuelven como un azucarillo) pero menos literatura verdadera, hay que protegerla más que nunca acercándola a la gente. Por eso se necesitan escritores auténticos comprometidos y profesionales como los de la FLG. De ellos depende que se fortalezcan los cimientos de un mundo al que solo pueden salvar ya las palabras.
FOTO: Una selección de obras imprescindibles. https://psicologiaymente.com/cultura/libros-psicologia